«El precio para ver cine en internet no es excesivo, sino que es insultantemente bajo»
Jaume Ripoll
21/09/2015
Ángela Plaza
Internet ha revolucionado muchas vertientes de nuestra vida y el mundo del cine no es una excepción. La industria cinematográfica busca cómo adaptarse a las nuevas formas de llegar y de conectar con su público. En este contexto, la plataforma Filmin destaca como referencia en la distribución de películas y series menos comerciales. Al frente de este proyecto, que vio oficialmente la luz en 2010, encontramos a Jaume Ripoll, socio fundador y director editorial de Filmin. Licenciado en Cine por la ESCAC y con una amplia experiencia en la industria cinematográfica como realizador, guionista y distribuidor, Ripoll también codirige el posgrado de Distribución audiovisual: VoD y nuevos modelos de negocios, que organizan la UOC y Filmin desde 2012.

Con Jaume Ripoll analizamos en qué momento se encuentra el consumo de vídeo bajo demanda (VoD) en nuestro país y cuáles son los retos de futuro de un sistema que se ha hecho un hueco en nuestros hogares.
Filmin se ha convertido en una referencia en nuestro país. Se trata de un proyecto innovador que nació en 2007, aunque no vio la luz hasta 2010. ¿Cómo ha evolucionado Filmin desde entonces?

La idea la tuvimos en 2007 y lanzamos una primera versión de la plataforma en 2008. Entonces ya éramos conscientes de que debían romperse ciertos tipos de esquemas tradicionales. En 2008, sin embargo, ni los que tenían los derechos, ni los propietarios de las películas, ni los clientes, ni los directores, ni el ancho de banda ni nosotros estábamos preparados para poder hacer que aquello funcionara de forma armónica. Trabajamos en ello durante dos años, viendo en qué nos habíamos equivocado y mejorándolo, convenciendo a los escépticos, y en 2010 lanzamos esta oferta con tarifa plana en España. Solo han pasado cinco años, pero parece que hayan pasado cincuenta. Yo recuerdo que, cuando empezamos, la primera vez que ofrecimos tarifa plana fue algo sorprendente, a pesar de que hoy en día es un sistema muy consolidado. La siguiente innovación, que ahora también es obvia, fue ofrecer series por internet.

Y tecnológicamente, también habéis evolucionado.

Después han llegado todas las innovaciones que pueden realizarse con las tabletas, los móviles, etc. Lo que es cierto es que el cine ha pasado de una situación en la que los mecanismos de distribución eran conocidos y prácticamente invariables, a unos sistemas de distribución que están en permanente cambio. Ahora tenemos un formato que es internet y que va mutando. Internet es el teléfono móvil, pero también es el ordenador, la televisión, el reloj...

Una situación que os obliga a estar al día y a adaptaros constantemente a los nuevos formatos, ¿verdad?

El reloj no significa que verás películas en el reloj, pero tal vez querrás que el reloj sirva de mando a distancia para la televisión. Eso quiere decir que una parte de tu equipo debe estar programando una aplicación para que el reloj sirva de mando. Este tipo de cosas son las que te obligan a poner mucha atención en la parte de innovación tecnológica y también en la parte de cómo innovamos a la hora de ofrecer los contenidos.

El público también ha ido evolucionando durante estos años. ¿Cómo se ha vivido esta evolución?

En este país, la gente se acostumbró muy rápidamente a ver cine y series en internet, aunque sin pagar para hacerlo. El proceso que ha habido ahora, de tres años a esta parte, más o menos, es el de acostumbrar a la gente a pagar por lo que está viendo. Se trata de un proceso al que todavía quedan unos cuantos otoños, pero vamos en esa dirección. Por ahora, sin embargo, el precio es muy bajo y la oferta es muy rica.

¿Y cómo podemos educar a los usuarios para que no consideren que el precio para ver cine en internet es excesivo?

Es que no es un precio excesivo, sino que es insultantemente bajo. Quienes lo creen es porque ahora lo tienen gratis. ¿Por qué pagar un euro por un diario si lo puedo tener gratis en internet? Creo que cada vez se lo plantea menos gente, porque lo que haces es ganar comodidad, lo tienes allí, no cuesta demasiado dinero y contribuyes a seguir viéndolo. Sin embargo, hay gente a la que no la tendrás nunca. Cuanta más oferta autorizada haya, más motivos habrá para apostar por una de ellas. Como cinéfilo, tener una oferta como la de Filmin es un privilegio. Ya me hubiera gustado a mí con 14 o 15 años tener una oferta como la que tengo ahora a mi alcance. Esto era impensable.

¿En qué punto está España como país en cuanto al consumo de cine y de series por internet a través de plataformas?

En nuestro país tenemos una oferta de cine y de series de internet mucho mejor de lo que la gente cree, y mucho mejor que la mayoría de nuestros vecinos europeos. Y no hablo solo de Portugal e Italia, también de Alemania, Austria, Bélgica o incluso Francia. Creo que en esto tenemos una cantidad y una calidad de portales y de títulos envidiables. Cuando vas por Europa y ves proyectos que han fallado -incluso en países muy potentes- y que nosotros seguimos adelante, que seguimos siendo un referente para países como Francia, Bélgica o Austria, esto nos demuestra que aquí las cosas se están haciendo bien. Esto funciona solo por la confianza de nuestros socios y de nuestros clientes. Nosotros no recibimos ninguna ayuda del Gobierno catalán, ni tampoco del Gobierno español, sino que solo tenemos a nuestros socios, la aportación de la Unión Europa y, sobre todo, la ayuda de nuestros clientes.

¿Crees que la ley conseguirá cambiar estos hábitos entre la gente y que acaben viendo con normalidad pagar por los contenidos en la red?

No sé cuáles son las soluciones para que la gente se acostumbre. A golpe de ley, la gente dejó de beber alcohol mientras conducía; a golpe de ley, la gente dejó de aparcar en doble fila. Estoy convencido de que está bien que, a golpe de ley, la gente que se está lucrando por derechos que no son suyos -y hablo de los portales de difusión de contenidos-, de alguna forma paguen por esos contenidos.

¿Cuál es el perfil tipo del usuario de Filmin?

Desde Filmin, ponemos mucho énfasis en que no somos un portal de cine solo para «ultracinéfilos», sino que tenemos un perfil de usuarios muy amplio. Son personas a quienes interesa el cine y la televisión. Son gente con inquietudes culturales. Algunos siguen la actualidad en cine y televisión y lo complementan con nuestra oferta. Tenemos al cinéfilo que, de algún modo, ve Filmin para recuperar esos clásicos que no veía; al «seriéfilo», que nos descubre porque aquí tenemos series que no tienen otras plataformas, o a personas del ámbito rural que no tienen acceso a cine en versión original y, por tanto, Filmin es una plataforma para hacerlo. En cuanto a la franja de edades, hay tres bloques muy claros: el universitario y el postuniversitario, con inquietudes cinéfilas y culturales y que vive en el ámbito urbano; la persona de 40-55 años, que tiene una televisión inteligente o una tableta donde ve los últimos estrenos y las series, y la gente mayor, que tiene mucho tiempo libre y se dedica a recuperar películas de nuestro catálogo.

¿Consideras que el usuario actual está sobreexpuesto a demasiados dispositivos que le impiden focalizarse en los contenidos?

Sí, creo que todos estamos sobreexpuestos. El tema es qué grado de conciencia tenemos de ello y qué grado de esfuerzo estamos haciendo para limitarlo. Todo esto está generando una cierta incapacidad de concentración y que ni siquiera las conversaciones sean centrales, sino que todo esté disperso en diferentes subtramas. Es un problema como sociedad y es un problema para un tipo de cine, el que ves en tu casa, que exige una mayor atención.

¿Y con tantos estímulos y otras plataformas, qué hacéis para fidelizar a vuestros usuarios?

Fuimos de los primeros, no hemos tenido miedo y siempre hemos sido supertransparentes. Hemos sido cercanos a los usuarios; cuando nos hemos equivocado, también. Por lo tanto, siempre hemos contestado y hemos gastado mucha energía -y también dinero- en redes sociales. No dinero en anuncios, sino en recursos y esfuerzos invertidos. Hemos hecho caso de los clientes cuando hemos creído que teníamos que hacerles caso, y les hemos sorprendido con cosas que quizás les interesaban. A todo ello, debemos sumar la parte más importante, que es la materia prima de Filmin, las películas. Por otro lado, también hay que tener en cuenta que Filmin es una compañía, no es una multinacional, que es de aquí y con sede aquí.

Sin duda estos nuevos modelos de negocio ponen en evidencia cómo está cambiando el mercado y también los usuarios. Desde el 2012, la UOC y Filmin imparten el posgrado de Distribución audiovisual. ¿Cómo se adapta, la formación, a estos tiempos cambiantes?

El posgrado sirve como radiografía de lo que ha sucedido, y eso se evidencia cuando miramos qué es lo que enseñábamos a los alumnos en 2012 y qué es lo que tenemos que enseñarles en 2015. Y está muy bien, porque nos permite ver en momentos precisos de la historia cómo pensábamos que sería el futuro. Solo han pasado tres años, pero tres años en internet pueden ser como treinta. Sin embargo, hay aspectos que son más o menos los mismos: los derechos son más o menos los mismos, pero las herramientas para dar a conocer una película han cambiado. El tipo de producción que pueden hacer Movistar o Netflix no es tan distinta de las que TV3 o Telecinco produjeron en su día. Antes era revolucionario, pero las televisiones americanas producían hace sesenta años. Son procesos naturales. Con la incorporación de nuevos proveedores que están al tanto de lo que está sucediendo, el curso se ha renovado y creo que es una herramienta perfecta para saber qué está sucediendo, para poder sacar provecho de ello y para poder entrar en este mundo.

¿Cuál es el perfil del estudiante que se interesa por este nuevo modelo de negocio?

Hay mucha gente que trabajaba en el mundo del cine y que ha visto que las cosas están cambiando y necesita un poco de orientación: le va bien tener un mapa que la ubique un poco para saber dónde está todo. Creo que los estudiantes del posgrado son personas inquietas, que aceptan que las cosas ya no volverán a ser como antes y que son conscientes de que, para estar preparados para lo que vendrá, es importante tener información. Del mismo modo que los médicos o los científicos se forman constantemente, creo que la gente del cine también debe hacerlo. Parte de la industria del cine trabajaba sobre el contenido, pero no se iba renovando sobre cómo ofrecerlo. Actualmente es necesario, porque la tecnología ha puesto un pie dentro de la industria cinematográfica y no solo en cómo se hace, sino en cómo se distribuye y en cómo se da a conocer. Hay que tener conocimientos sobre esta situación para, básicamente, poder hacerlo mejor que los demás. Estamos en un mundo donde hay saturación de títulos y solo los que sepan dar en la tecla serán capaces de crear una armonía que les permita atraer al público.

Los dispositivos con conexión cada vez están más integrados en nuestra vida. ¿Cómo ves el futuro de una revolución de este alcance? ¿Cuáles son los retos que se presentan?

Depende del día, si es un día optimista o pesimista. Los retos los tienen las películas pequeñas, que antes tenían un cierto recorrido en el cine y que luego recuperaban la inversión con el DVD o la televisión. Ahora estos proyectos lo tienen cada vez más difícil y solo les queda la distribución en línea. En el mundo en línea, cada vez aparecen más plataformas con tarifa plana y les resulta muy complicado recuperar la inversión. Como aquí, donde ahora mismo hay una ecuación que da negativo. ¿Cómo seremos capaces de revertir esta cuestión? La gente debe entender que la tarifa plana es una de las soluciones, pero no la única, porque no es sostenible económicamente. Por otra parte, otro reto es llegar a un punto de estabilidad tecnológica: que haya un formato estándar de vídeo, que haya un codec muy claro donde todos los reproductores funcionen. Todo ello nos permitirá mejorar cómo ofrecemos los contenidos. Finalmente, el otro reto es saber si somos capaces de hacer que el espectador impaciente sea un espectador también inquieto, que quiera conocer nuevas propuestas, pero a la vez sea capaz de permanecer el tiempo suficiente para poderlas interpretar.

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