El futuro del clima: ¿salvar el planeta con más capitalismo o con menos crecimiento?
Las grandes narrativas climáticas condicionan quién paga los costes de la transición ecológica y qué papel desempeñan las democracias frente a las tentaciones autoritariasExpertos de la UOC exploran cómo se disputan el capitalismo verde y el decrecimiento el relato del cambio climático y qué desafíos plantea la emergencia climática a la gobernanza democrática
El cambio climático ya no es solo una cuestión de ciencia o tecnología; es también un campo de batalla discursivo y político en el que se decide quién es responsable, qué soluciones se consideran legítimas y qué modelo de sociedad se normaliza. Mientras tanto, los datos de la Unión Europea confirman que 2024 fue el primer año completo por encima de 1,5 °C de calentamiento global respecto a la era preindustrial, y la trayectoria actual indica un mundo que claramente superará los objetivos establecidos en el Acuerdo de París. Sin embargo, la brecha entre lo que se debería hacer y lo que realmente se lleva a cabo sigue ampliándose, según afirman expertos de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).
Zarina Kulaeva, investigadora posdoctoral del Centro de Investigación Interdisciplinario en Transformaciones Sociales y Culturales (UOC-TRÀNSIC) y miembro del grupo TURBA Lab (Laboratorio de Transformación Urbana y Cambio Global), e Iván Serrano Balaguer, profesor de los Estudios de Derecho y Ciencia Política de la UOC e investigador también del TURBA Lab, analizan cómo se construyen los grandes relatos climáticos y qué implicaciones tienen para la gobernanza democrática del clima.
La esfera pública a escala nacional e internacional resuena con el debate sobre cómo actuar a partir del consenso del cien por cien sobre el calentamiento global antropogénico que afecta al cambio climático y sus consecuencias devastadoras, sobre cómo mitigarlo y sobre cómo adaptarnos a él. Incluso al inicio de los años 2000 se acuñó un nuevo término, el Antropoceno, que hace referencia a los impactos de la actividad antropogénica en el planeta, entre ellos, el cambio climático.
En las últimas décadas han cristalizado tres grandes narrativas sobre el cambio climático: el ecologismo apocalíptico, el capitalismo verde y el decrecimiento. Estas narrativas funcionan como marcos interpretativos que definen las causas, responsabilidades y soluciones relacionadas con el cambio climático. Tanto el capitalismo verde como el decrecimiento están emergiendo gradualmente como respuestas binarias al impacto humano en el cambio climático.
"El ecologismo apocalíptico vaticina un colapso inminente, ya prácticamente irreversible después de décadas alertando sobre la necesidad urgente de políticas radicales para afrontar el cambio climático y sus efectos", señala Serrano Balaguer. Frente a esta visión, el texto sitúa el capitalismo verde como una narrativa que busca compatibilizar el crecimiento económico continuo y la sostenibilidad: "El capitalismo verde, surgido en la década de 1980, se ha vinculado con metanarrativas como el desarrollo sostenible y la economía verde", añade Kulaeva.
Entre el ecologismo apocalíptico y el capitalismo verde, el decrecimiento interpela a la obsesión por el crecimiento económico ilimitado y establece una fuerte conexión entre la crisis climática y el modelo económico dominante. No es solo una discusión teórica; de todas estas narrativas surgen políticas notablemente divergentes que fomentan actitudes que priorizan la inacción, como el ecologismo apocalíptico, que invoca un futuro destructivo. O narrativas cuya máxima es la confianza en soluciones tecnológicas, como el capitalismo verde y de mercado. Y hasta propuestas enfocadas en reducir considerablemente el consumo material e implementar una profunda redistribución de la riqueza, como el decrecimiento.
Los autores subrayan que "se trata de narrativas dicotómicas y binarias por la predominancia y la influencia del capitalismo verde y el decrecimiento". Esta polarización puede simplificar excesivamente un problema complejo, pero también ayuda a entender por qué muchas políticas climáticas lanzadas desde la perspectiva del capitalismo verde se mueven dentro de unos marcos que apenas discuten la lógica inherente del capitalismo global.
El artículo insiste en que las narrativas no pueden entenderse al margen de las desigualdades globales y de la responsabilidad histórica en las emisiones. En este punto, Serrano Balaguer advierte que "sin duda, las desigualdades globales y la responsabilidad histórica en las emisiones añaden un nivel de complejidad que la narrativa del capitalismo verde no aborda".
Aquí se enlaza con el principio de "responsabilidades comunes, pero diferenciadas", consagrado en la Cumbre de la Tierra de 1992 y en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que reconoce la mayor responsabilidad de los países industrializados y la necesidad de integrar una justicia climática global y la reparación histórica en cualquier estrategia de transición ecológica o de decrecimiento.
En síntesis, centrar el debate únicamente en soluciones técnicas —eficiencia energética, captura de carbono, mercados de emisiones— puede despolitizar el cambio climático y ocultar las relaciones de poder, los patrones de explotación de recursos y la distribución desigual de la huella de carbono entre territorios y grupos sociales.
“No existe ninguna solución técnica al cambio climático que no implique también una decisión política”
Democracia, autoritarismo y la gobernanza del clima
Existen tensiones entre democracia y autoritarismo ambiental en la gestión de la emergencia climática. Ciertamente, las instituciones democráticas tienen que lidiar con una pluralidad de intereses contrapuestos.
A pesar de las evidencias científicas, la movilización social y el despliegue de políticas climáticas, las emisiones de gases de efecto invernadero siguen siendo incompatibles con los objetivos de 1,5 °C o 2 °C.
En este escenario se abre una pregunta incómoda: ¿son las democracias liberales lo bastante rápidas y eficaces para aplicar las medidas drásticas que exige la ciencia? "En este contexto, a pesar del consenso en la comunidad científica sobre la funcionabilidad de la democracia y sus mecanismos, la creciente concienciación y movilización ciudadana y las acciones de la sociedad civil y de los gobiernos democráticos parecen responder todavía a un paradigma incapaz de abordar los cambios necesarios para combatir el cambio climático", asegura el profesor de la UOC.
Ambos expertos analizan el debate sobre el llamado autoritarismo medioambiental, que presenta ciertos regímenes no democráticos como supuestamente más eficaces a la hora de imponer restricciones severas al uso de combustibles fósiles o al consumo de determinados bienes. El riesgo, advierten, es que este tipo de argumentos justifique recortes en derechos y libertades en nombre de la urgencia climática.
"Se construye, así, un argumento según el cual ejecutar las políticas necesarias para combatir el cambio climático puede llegar a justificar la suspensión e incluso la erosión de los fundamentos de las democracias, como el Estado de derecho, la justicia social o derechos y libertades básicos", explica Kulaeva.
Este debate se produce en un contexto de fortalecimiento de tendencias iliberales y de cuestionamiento abierto de los fundamentos democráticos tradicionales en distintas partes del mundo. En este sentido, los expertos de la UOC piden reforzar y adaptar la democracia al reto climático: con evidencia y transparencia debemos desmontar la falsa eficacia del autoritarismo como mal menor, sin eludir debates complejos ni vender atajos técnicos inexistentes. Esas soluciones son frágiles e injustas para el clima y para los derechos a medio y largo plazo.
De hecho, la revisión de la literatura apunta, además, a que los regímenes democráticos, con todos sus defectos y ritmos más lentos, tienden a asociarse con mejores resultados ambientales que los autoritarios, precisamente porque son más inclusivos y permiten la participación, la deliberación y la rendición de cuentas.
Repensar el relato climático desde la justicia y la democracia
Kulaeva y Serrano coinciden en una idea fundamental: no hay solución técnica al cambio climático que no implique también una decisión política. La elección entre capitalismo verde, decrecimiento u otros marcos emergentes conlleva determinar quién asume los costes, qué sectores se priorizan y qué modelo de bienestar se promueve.
En un momento en el que la comunidad científica alerta de que el objetivo de 1,5 °C está en riesgo de convertirse en un objetivo superado y que las políticas actuales aún nos sitúan fuera de los escenarios compatibles con el Acuerdo de París, repensar el discurso sobre cambio climático es tan importante como desplegar nuevas tecnologías o aprobar nuevas leyes para la justicia climática.
El reto que plantean estos expertos es doble. Por un lado, abrir el debate más allá de la dicotomía entre capitalismo verde y decrecimiento incorporando las voces de los territorios más afectados y de las geografías habitualmente invisibilizadas; por ejemplo, las islas del Pacífico u otros territorios no occidentales que quedan ofuscados por la narrativa del capitalismo verde. Por el otro, fortalecer las instituciones democráticas para que puedan tomar decisiones a la altura de la emergencia sin caer en la tentación del autoritarismo ambiental. En esa intersección entre relato, justicia y democracia es donde se juega, en gran medida, el futuro de la gobernanza climática.
Expertos UOC
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Núria Bigas Formatjé