El big data quiere mejorar la educación

Foto: Markus Spiske / Flickr (CC)
07/12/2016
Nereida Carrillo

Los dispositivos electrónicos incrementan de forma exponencial los datos de los que disponemos. Según la Unión Europea, cada minuto se generan en el mundo 1.700 billones de bytes de datos, una cifra equivalente a 360.000 DVD. Con esta gran cantidad de información creada diariamente, son muchos quienes se lanzan a sacarle rendimiento. La Unión Europea afirma que las empresas que basan sus decisiones en conocimiento procedente de los datos aumentan su productividad entre un 5 y un 6 %. Ante esto, diferentes sectores están incorporando y explorando cómo usar los datos para mejorar. Y la educación no queda al margen de esta revolución.

«Los macrodatos permiten conocer mejor a nuestros estudiantes, sus hábitos de estudio y lo que les funciona mejor a la hora de afrontar los procesos de aprendizaje para poder ofrecer unos itinerarios más personalizados y adaptados a cada estudiante», afirma Julià Minguillón, profesor de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación y experto en macrodatos y analíticas de aprendizaje. El estudio de los datos por parte de los profesionales y las instituciones educativas puede hacer contribuciones importantes a la hora de apostar por ciertas titulaciones o de organizar el trabajo en el aula. «Tan importantes son los datos en el ámbito macro de una institución o de un conjunto de instituciones ‒para conocer datos de matrícula, rematrícula, éxito y fracaso en una titulación concreta o un conjunto de titulaciones‒ como los datos en el ámbito micro de la actividad del estudiante en las aulas», afirma Teresa Sancho, también profesora de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación.


Personalizar el aprendizaje

Los datos aportan a los docentes mucha información sobre sus alumnos y el seguimiento que están haciendo del curso. Su análisis permite andar hacia una personalización del proceso de aprendizaje. «Un profesor ‒explica Minguillón‒ podría saber cuáles son los estudiantes que no están progresando adecuadamente según el plan previsto y están en riesgo de abandonar la asignatura o el curso. También podría identificar cuáles son los puntos débiles del proceso de aprendizaje».

Sancho resalta que los datos aportan a los docentes más indicadores para detectar qué alumnos necesitan contenidos adicionales, porque han trabajado bien y rápido los contenidos previstos, y cuáles requieren material de refuerzo para ponerse al día y progresar adecuadamente en la asignatura. «Está muy bien poder reaccionar al instante, no solo cuando ha terminado el curso, y dar a cada cual lo que necesita. Para poderlo hacer, necesitamos unos indicadores adecuados que nos permitan tomar el pulso al aula y tomar decisiones», comenta Sancho.

A pesar de las ingentes posibilidades del estudio de los datos en los entornos educativos, esta situación todavía no está generalizada. «Es necesario incorporar una cultura de datos en las instituciones educativas para tomar decisiones basadas en evidencias, no solo en suposiciones, formas de hacer o experiencias que no hayan sido validadas formalmente», reclama Minguillón. Sancho asegura que tanto en el ámbito educativo como en otros sectores hay bastante interés y expectativa por el gran volumen de datos que tenemos a disposición, pero todavía no un aprovechamiento real. «Hay mucho entusiasmo inicial, pero poca reflexión y poca gente preparada para hacer análisis finos e interpretaciones adecuadas», asegura Sancho.


Velar por la privacidad

La educación es un ámbito sensible donde hace falta que los datos se recojan, se almacenen y se usen de forma segura y ética. Los expertos apuntan que habrá que trabajar en la seguridad y la privacidad de los datos si su estudio quiere generalizarse en las aulas de los diferentes niveles educativos. Minguillón apunta que la tendencia actual es utilizar «mecanismos de anonimización y codificación, de forma que es posible hacer el seguimiento de un estudiante en particular, pero sin saber quién es exactamente». Sobre este aspecto, el profesor de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la UOC añade: «Es uno de los temas clave, el equilibrio entre privacidad y personalización, puesto que son, en cierto modo, contradictorios. Debemos conocer al estudiante para ayudarlo a progresar, pero por otro lado tenemos que construir modelos y tomar decisiones sin tener a un estudiante en concreto en el foco».

Otra cuestión que puede suscitar controversia es la propiedad de los datos, puesto que si la institución educativa utiliza sistemas de información proporcionados por alguna empresa, podría ser que esta explotara los datos de los estudiantes. «La escuela debería tener acceso a todos los datos y cada estudiante tendría que poder ejercer el mismo derecho sobre sus datos», asegura Minguillón. Además de velar por la privacidad y la propiedad de esta información, los expertos también alertan que habrá que sumar profesionales especializados al ámbito educativo. «Los datos son un tesoro cuando hay conocimiento. Son oro en potencia y dependerá mucho de las preguntas que nos hagamos, de cuán imaginativos seamos y de nuestra destreza al tratarlos que sean efectivamente oro», concluye Sancho.

 

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Foto del profesor Julià Minguillón Alfonso

Julià Minguillón Alfonso

Experto/a en: Análisis de redes sociales, análisis del proceso de aprendizaje, análisis del comportamiento de los usuarios, plataformas de aprendizaje, repositorios de objetos de aprendizaje, recursos educativos abiertos, datos abiertos (open data), macrodatos (big data) y Wikipedia.

Ámbito de conocimiento: Aprendizaje virtual (e-learning) y recursos educativos abiertos.

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Foto de la profesora Teresa Sancho Vinuesa

Teresa Sancho Vinuesa

Experto/a en: Aprendizaje de las matemáticas en línea y recursos interactivos de aprendizaje en educación superior.

Ámbito de conocimiento: Educación matemática.

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