«Como enfermera, nunca hubiera imaginado trabajar en informática de salud»

 Janine Sommer

Janine Sommer

11/05/2022
Jesús Mendez
Janine Sommer, enfermera y coordinadora de proyectos de telemedicina y portal para pacientes del Departamento de Informática de Salud del Hospital Italiano de Buenos Aires

 

Janine Sommer es enfermera de formación y de profesión. Trabajó en servicios como neonatología o pediatría, pero desde hace unos años cambió de escenario y se dedica en exclusiva a la informática de salud en el Hospital Italiano de Buenos Aires.

Participante del eHealth What If Forum, organizado por el eHealth Center de la UOC hace unos meses, aprovechamos el Día Internacional de la Enfermería para hablar con ella y conocer el papel de la salud digital en su labor, sus beneficios y sus retos.

La imagen que se tiene de la telemedicina y de la salud digital suele estar asociada al papel de un profesional médico, pero hay otras profesiones y tareas donde es también muy relevante. ¿Qué piensa de ello? ¿Qué importancia tienen para la enfermería en el día a día?

Sí, lo primero que uno imagina al oír esas palabras es siempre una relación médico-paciente, no piensas en otro profesional, incluso sabiendo que donde hay más evidencia de uso de la telemedicina es en la psicología. Sin embargo, todos los profesionales de la salud podemos de una forma u otra trabajar con ellas, desde diferentes puntos de vista, porque no todos tenemos la misma mirada sobre el paciente. 

En concreto, en la enfermería es importante en la prevención, en la educación para el paciente o en el control de la medicación, aunque hay mucho aún para trabajar. Con la pandemia se evidenció que la enfermería puede realizar otras tareas que no tienen que ver estrictamente con lo asistencial presencial.

¿Cuáles diría que son sus principales ventajas y sus limitaciones?

Una de las principales ventajas es que permite hacer seguimiento de pacientes sin necesidad de traslado cuando este no es necesario. También, por ejemplo, en nuestro hospital las enfermeras usan tabletas con una aplicación que desarrollamos y que permiten el registro de signos vitales y de medicación. Así se ahorra tiempo y se evitan errores que pueden surgir por sobrecarga de trabajo, porque son pocas para los pacientes que suele haber ingresados. Y es muy útil en la educación al paciente y en informar sobre los cuidados que precisa.

Por el contrario, la mayor limitación es la brecha tecnológica: no solo por parte de los pacientes, que muchas veces tienen problemas de accesibilidad (y generalmente los tienen quienes más se podrían beneficiar, los que viven en zonas más alejadas y con menos recursos), también por los profesionales. A muchos aún les cuesta adoptar las nuevas tecnologías.

Usted es enfermera, pero trabaja en informática. ¿Cómo decidió dar ese paso?

Sí, yo fui enfermera neonatal y pediátrica, y amo mi profesión, pero el sistema de salud puede ser muy agotador para el profesional y necesitaba cambiar. Entonces encontré que había una especialidad que se llamaba informática de salud y decidí hacer la residencia durante dos años. Ahora me permite trabajar en enfermería pero detrás de la escena, aportar un grano de arena que facilite el trabajo en el día a día. Tienes la mirada asistencial, pero también la mirada informática que te permite saber qué tecnología puede ayudar a mejorar el trabajo de los profesionales de la salud y el cuidado de los pacientes. Estoy muy contenta, pero reconozco que es algo que nunca me hubiera imaginado.

No en todos los lugares existe la posibilidad de esa residencia. ¿Qué papel tienen las universidades y los centros de investigación en la formación?

Realmente hay poca oferta en español. En Buenos Aires lo que se está haciendo es incorporar la informática de salud dentro de la formación de grado. Hasta ahora la formación que tenían en las facultades de medicina o enfermería era de ofimática —conocimientos de Word o Excel—, pero desde luego eso no es suficiente hoy en día. Se trabaja pensando que esos estudiantes van a trabajar posiblemente en un hospital informatizado. Y, si no es ahora, lo harán en un futuro. Eso hace también que conozcan esta especialidad y que cada vez haya más gente que la escoja.

En el eHealth What If Forum —en el que participó— se habló mucho de las ventajas de la salud digital, pero también del miedo de algunas personas a que supusiera una deshumanización. ¿Qué opina?

Primero, creo que debe quedar claro que la salud digital y la telemedicina no son un sustituto de la presencialidad, sino un complemento. Pero además es que creo que la humanización no depende de si estás usando un ordenador o si estás sentado en un escritorio delante de un paciente, la humanización depende de la persona. La deshumanización puede ocurrir presencialmente. Es decir, no depende de la tecnología, sino de las habilidades interpersonales. Y hay maneras estudiadas de cómo debemos comunicarnos a través de una pantalla, cómo mirar a la cámara, mostrar las manos, etc.

También se dice que el reto de la salud digital no es tecnológico, sino cultural y organizativo. 

Sí, el reto tiene mucho que ver con cómo se quiere organizar. Hay mucha gente que lo está estudiando, porque las tecnologías por sí mismas no solucionan los procesos, y al menos aquí en Argentina no hay una ley que nos diga cómo tenemos que hacerlo. Y también lo cultural es importante: cuando introdujimos las tabletas para el registro de datos en el servicio de enfermería, muchos pacientes se quejaban porque pensaban que estaban jugando. Eso es algo que irá cambiando con el tiempo.

Hace unos meses se publicó un estudio de la UOC e impulsado por el Banco Interamericano de Desarrollo sobre telemedicina en América Latina. Sus conclusiones eran que la telemedicina internacional podía ser muy beneficiosa, pero que su uso era aún escaso. ¿Está de acuerdo?

Sí, está claro que beneficios va a haber, pero creo que hay aún mucho por hablar entre países. Hay un dilema muy grande, y es el de la jurisdicción. ¿Quién puede atender a quién? ¿Cómo se va a pagar? La telemedicina no tiene un lugar físico y esas son cuestiones no resueltas donde entran incluso intereses políticos.

¿Cómo ha cambiado la pandemia la visión de estos recursos?

Creo que la cambió, absolutamente. Ya se estaban introduciendo, pero la pandemia catalizó los cambios y ahora han llegado para quedarse. Una prueba es que el uso de la telemedicina, aunque es lógicamente menor que en los comienzos de la pandemia, lleva tiempo estable y muy por encima de los niveles que tenía antes. Los profesionales han aprendido a discriminar los casos en que es suficiente, y los pacientes están más acostumbrados e incluso la prefieren en algunas ocasiones.

Por último: ¿un deseo en el Día Internacional de la Enfermería?

Que se valore mucho más el trabajo de las enfermeras en el mundo, teniendo en cuenta además que hay un déficit mundial y que se estima que faltarán aún más en el año 2030. E incentivar que la enfermería pueda trabajar en otras áreas, que no se vea solo como un recurso asistencial, sino que puede aportar mucho valor en otros ámbitos como educación, informática o investigación.