«Los casos de cáncer se dispararán si el medioambiente está contaminado»

 Foto: UOC

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19/12/2019
Maria Subarroca
Ramon Gomis, endocrinólogo y director de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC

 

¿Cómo será la medicina los próximos años? Hablamos con Ramon Gomis,  director de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC y un experto en salud con una mirada puesta mucho más allá de su especialidad, que es la endocrinología. Actualmente es catedrático emérito del Departamento de Medicina de la Universidad de Barcelona e investigador emérito del Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer (IDIBAPS), centro que ha dirigido desde 2008. Pero además de médico con numerosas distinciones, es dramaturgo y escritor, y nos cuenta, entre otras tendencias, por qué oiremos hablar mucho de salud planetaria en los próximos años.

 

¿Cuáles serán las tendencias en medicina más relevantes en 2020?

La prevención de la aparición de las enfermedades. Ya hemos aprendido que es más importante prevenir que esperar a que las enfermedades aparezcan y poner esfuerzos en el tratamiento. Por ejemplo, es más relevante eliminar el tabaquismo y reducir el cáncer de pulmón y el infarto de miocardio que poner muchos esfuerzos en tratar cánceres de pulmón causados por conductas individuales y colectivas.

Y en segundo lugar, el concepto de salud planetaria y bienestar global. Ahora sabemos que nuestros gestos, actitudes y conductas tienen un impacto que puede afectar a la salud de personas que viven en zonas muy alejadas del planeta. Y no solo ponen en crisis a nuestra generación, sino también a las generaciones futuras. Recientemente ha tenido lugar la Cumbre Social por el Clima en Madrid, y ya hay mucha conciencia de que nuestras acciones amenazan incluso a la supervivencia de la especie humana. Por lo tanto, creo que la prevención de las enfermedades no incluirá solo lo que hacemos individualmente y nuestra comunidad, sino que tendrá en cuenta las actitudes globales que afectan el equilibrio de nuestros ecosistemas.

¿Qué conductas influyen en la salud planetaria?

Por un lado, tienen que ver con el uso de la energía, porque si continuamos obteniendo energía del petróleo o del carbón se producen cambios en el clima que también afectarán a nuestros nietos y bisnietos. El cambio climático afecta a nuestra salud porque, por ejemplo, si la temperatura sube de media dos grados, hay más mortalidad entre las personas mayores. También aumentan las infecciones, y los cuadros de deshidratación y enfermedades intestinales son más potentes.

Además, en las tormentas e inundaciones como las que se han producido este año en el río Francolí, en Tarragona, mueren personas y es un riesgo evidente para la salud. En otras zonas la desertización lleva al hambre, y hay que recordar que aún mueren personas por malnutrición.

Por otra parte, el impacto de la contaminación ambiental en las personas que ahora somos mayores es reducido, pero en generaciones como la de mis nietos será muy importante, habrá muchos problemas de salud. Si el medioambiente está contaminado, los casos de cáncer se dispararán y también crecerán las enfermedades relacionadas con la inmunidad, como la esclerosis múltiple o la diabetes de tipo 1. Además, los niveles altos de contaminación ambiental afectan la fertilidad de las personas debido a los disruptores endocrinos.

Además de evitar la contaminación del aire, también hay que preservar los suelos y las aguas. Si tiramos plásticos al Mediterráneo, los peces acaban por contener microplásticos que son nocivos para los humanos que los consumen. En el mismo sentido, si se vierte mercurio en el río Nilo, llega a los peces consumidos en la costa de Valencia o Barcelona, y este mercurio tiene un impacto en el desarrollo cerebral de los niños y las personas jóvenes.

Nuestra alimentación también tiene un efecto: si aumentamos el consumo de carne, se hace necesaria una ganadería intensiva, y la contaminación de los nitratos de los purines está vinculada con las enfermedades coronarias.

Estas actividades están vinculadas a nuestro modelo económico y trascienden la medicina. ¿Cómo se pueden transformar desde el ámbito de la salud planetaria?

Debemos mostrar que no es suficiente reciclar residuos, sino que tenemos que reducir el consumo. No estamos hablando de llegar a una era preindustrial. La salud planetaria no implica eliminar lo que tenemos entendido como «progreso», sino que nuestra prioridad sea conseguir un equilibrio global para garantizar la salud de todas las personas que vivimos en el mundo y de las que vivirán en él dentro de cien años.

Para conseguirlo, no solo se necesitan médicos. Es necesario que se formen en salud planetaria economistas, abogados que puedan formular leyes para proteger la salud de las personas, tecnólogos que sean capaces de ofrecer soluciones... Por ejemplo, cuando se limita la circulación de coches en una ciudad para disminuir la contaminación, todos estos profesionales deben intervenir en ello.

Y no podemos olvidar la investigación, que es muy importante. Necesitamos encontrar fórmulas para reutilizar el CO2 y reducir el que hay en la atmósfera. Y si por ejemplo disminuimos el consumo de carne, sería interesante obtener proteínas en el laboratorio, ya que puede ser un camino muy eficiente para conseguir nutrición para las personas.

Otra tendencia de 2020 es el auge de la inteligencia artificial. ¿Cuáles son las aplicaciones principales en medicina?

La inteligencia artificial en medicina puede aportar muchísimo. Por un lado, porque nos permite estudiar la salud de grandes grupos de población. Por ejemplo, cuando analizamos el efecto de un medicamento observamos qué ocurre en dos grupos de personas que reciben tratamientos diferentes y hacemos un análisis comparativo estadístico. Pero hay situaciones que no se pueden reproducir, como los efectos de vivir con una temperatura media de 33 grados comparado con una de 30 grados. En este sentido, los macrodatos (big data) y la inteligencia artificial nos permiten un análisis holístico, de grandes poblaciones, que hace posible una visión global.

También puede ser muy útil en el análisis de pruebas diagnósticas. Es muy difícil que en cada centro de salud haya un buen especialista en radiología para analizar tomografías computarizadas (TC), pero se puede conseguir que haya una máquina que las analice. O incluso que lea toda la historia clínica del paciente y transmita los datos condensados a otro médico que participa en el diagnóstico.

Otra aplicación es la robótica, ya que permite operaciones a distancia. Pero siempre tiene que haber una supervisión, también cuando los algoritmos puedan ayudar a la toma de decisiones con referencia a un tratamiento. Aunque la máquina haga una sugerencia, el médico tiene que decidir, la inteligencia artificial puede haber extraído conclusiones de datos sin considerar todas las circunstancias. Y también tenemos que definir qué debe pensar la máquina.

La secuenciación del genoma ha impulsado la genética nutricional y la farmacogenómica. En los próximos años, ¿veremos una personalización de la medicina ligada al genoma?

La medicina personalizada ya está llegando. De hecho, cuando tienes una infección de orina ya te hacen una analítica y un antibiograma determina qué antibiótico es más efectivo para aquel germen concreto. Es un proceso simple, pero personalizado. Esta personalización irá aumentando: por ejemplo, si un medicamento es muy eficiente pero para el 70 % de las personas tiene un efecto secundario, como pérdida de pelo o vómitos, analizando el genoma se podrá identificar a qué pacientes no les causará ningún problema y se usará solo con esas personas. De hecho, en algunos tratamientos de cáncer, cuando se analiza el tumor ya se utilizan marcadores para ver si es necesario hacer quimioterapia. Y ante un posible diagnóstico por esclerosis múltiple, el médico podrá ver si tu genoma predispone a la enfermedad o bien lo descartará. El nutrigenoma también tiene grandes aplicaciones: si en el momento de nacer podemos pinchar al bebé en el pie y analizar su genoma, podremos ver si será intolerante a algún nutriente y diseñar un plan nutricional a su medida.

El cerebro sigue siendo el gran desconocido. ¿Cuáles son las grandes barreras que tenemos para combatir enfermedades como el Alzheimer?

Curamos las enfermedades siempre que sabemos lo que las provoca. Cuando solo conocemos los síntomas, los podemos aliviar, como ocurre con la diabetes, pero no curamos la enfermedad. Seguramente si pudiéramos detectar el Alzheimer treinta años antes de que se manifieste, lo podríamos, al menos, retrasar.

El problema con muchas de estas enfermedades es que cuando se expresan hace muchos años que el problema existe. Este concepto pone en discusión qué significa estar enfermo y no estarlo. Es decir, ¿cuándo comienza una enfermedad, cuando tengo una célula maligna o cuando ya tengo un tumor que tiene efectos? ¿Cuándo se considera que tengo Alzheimer, cuando comienza a haber las alteraciones que provocan que se deposite amiloide en el cerebro, pero todavía estoy bien, o cuando tengo los síntomas?

Ahora lo tratamos cuando aparecen los síntomas, ya que una enfermedad generalmente la reconocemos por los síntomas. Por otra parte, no siempre los síntomas implican que haya enfermedad. Un dolor de cabeza puede no implicar ninguna enfermedad, o bien ser un signo de meningitis, por ejemplo. El síntoma es el mismo, pero no siempre un síntoma implica una enfermedad. Por eso siempre digo que la medicina de internet es nefasta, ya que se basa en decir que un conjunto de síntomas son una determinada enfermedad, y no es así. Puedes tener síntomas y que no haya ninguna enfermedad o que sea algo muy grave.

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