«Es fundamental que en la ciencia y la tecnología haya referentes de mujeres normales, no sólo de mucho éxito»

 Foto: UOC

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04/02/2020
Leyre Artiz
Milagros Sáinz, investigadora principal del grupo Género y TIC: Investigando el Género en la Sociedad Red (GenTIC)

 

Milagros Sáinz conoce de primera mano los motivos que alejan a las niñas de la vocación científica. Como investigadora principal del grupo Género y TIC: Investigando el Género en la Sociedad Red (GenTIC), del Internet Interdisciplinary Institute (IN3), trabaja para que la brecha de género sea cada vez menor. Y para conseguirlo, cree fundamental visibilizar a las científicas, reconocer su talento y revertir la idea de que ciertos oficios no son “de chicas”. Hablamos con ella con motivo del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, que se celebra el 11 de febrero, porque reconocer el talento femenino y su aportación a los distintos ámbitos científicos y tecnológicos “es una cuestión de justicia social”.

 

Un estudio publicado en la revista Science revela que, con tan solo seis años, las niñas se consideran menos brillantes que sus compañeros. Asimismo, a medida que crecen, pierden interés por las asignaturas científicas y técnicas (solo un 7 % de las chicas de quince años quiere dedicarse a profesiones técnicas, mientras que este porcentaje se triplica en el caso de los chicos). ¿Opinas que estos datos están relacionados? ¿Las carreras de ciencias se perciben como más difíciles y eso provoca una falta de vocación femenina?

Desde edades tempranas, se inculca a las niñas que las tareas ligadas con ser brillantes intelectualmente las hacen solo los hombres. Aprenden que tener competencias altas en matemáticas es un requisito indispensable para dedicarse a algunas profesiones, como la ingeniería o la física, y que solo las personas brillantes pueden dedicarse a estas carreras. Dado que estos ámbitos están dominados por hombres, las personas más jóvenes terminan creyéndose el estereotipo de que los hombres son los que poseen más competencias en matemáticas.

De igual modo, no es cierta la creencia de que a las mujeres no les atrae la ciencia. Hay muchas mujeres científicas. Por ejemplo, Medicina es la carrera científica que atrae más a las mujeres, junto con Biología, Química y Farmacia. Además, Medicina tiene una de las notas de corte más elevadas para acceder a la universidad. En los últimos años, la matriculación en este grado roza el 70 % de presencia femenina; eso se debe a que muchas chicas con expedientes brillantes en ciencia eligen estos estudios, entre otros aspectos, alentadas por sus familias y el equipo docente de secundaria. Medicina, igual que el resto de carreras vinculadas a la salud y la vida, es congruente con vincular el género femenino a los cuidados de las personas. Esto explica que muchas chicas interesadas en la ciencia y la tecnología terminen decantándose por una carrera tan exigente.

A pesar de que se ha avanzado considerablemente, sigue existiendo la creencia de que las ciencias son más difíciles que las letras. Parece que el hecho de que los currículos de primaria y secundaria se articulen a partir de las materias de Lengua y Matemáticas tiene alguna vinculación con el estereotipo de que los hombres tienen mejores competencias en los ámbitos ligados a las ciencias. Que las chicas suelan tener mejores notas que sus compañeros en primaria y secundaria es un indicador importante de que tienen talento de sobra para elegir cualquier itinerario académico. Además, detrás de todo esto hay otra cuestión: las profesiones con mayor presencia femenina están peor remuneradas y, por lo general, tienen menos prestigio social. Esto explica por qué tradicionalmente se ha valorado mejor lo masculino.

¿Cómo se puede involucrar a las chicas y fomentar el talento STEM femenino?

Hay muchas chicas que poseen el talento y las cualidades necesarias para tener una trayectoria exitosa en la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (STEM, por la sigla en inglés), que son ámbitos que tradicionalmente han estado dominados por los hombres. Sin embargo, estas chicas no se animan a elegirlos por los prejuicios y los estereotipos que existen, como la idea de que las ingenierías no son un terreno para las chicas o que las chicas carecen de las competencias matemáticas o técnicas necesarias para desempeñarse profesionalmente en ámbitos STEM.

Es importante que se reconozca el talento de las mujeres en las asignaturas y los ámbitos de la ciencia y la tecnología. De igual manera, y dada la tendencia de las chicas a infravalorar sus capacidades en estos ámbitos (incluso teniendo notas superiores a sus compañeros), es crucial trabajar para que las niñas y las chicas valoren sus competencias de manera realista. Para conseguirlo, las familias y el equipo docente han de hacer un gran esfuerzo y tienen que evitar la tendencia a infravalorar los logros académicos y profesionales de las chicas en dichos ámbitos. Es decir, por una parte, hay que evitar vincular los buenos resultados académicos de las chicas en la ciencia y la tecnología con su constancia y esfuerzo y, por otra, hay que asociar los buenos resultados académicos de los chicos con sus buenas aptitudes intelectuales.

¿Te parece que iniciativas como Inspira STEAM, Niñas STEAM y STEM Talent Girl, la mayoría de las cuales son privadas, están consiguiendo su objetivo de revertir esta realidad?

Este tipo de iniciativas son necesarias, pero no son suficientes para promover los cambios que se necesitan. Algunas me parece que están mejor diseñadas que otras y que ofrecen un proceso de intervención integral. Es preciso que las iniciativas estén bien organizadas y diseñadas conforme a las distintas etapas de la trayectoria vital de las mujeres. Por eso es crucial que se desarrollen de manera longitudinal y a lo largo del tiempo en nuestro sistema educativo. También es fundamental que sean sostenibles a largo plazo y que permitan una evaluación correcta de su impacto.

Además es imprescindible que todas estas iniciativas sean complementarias entre sí y que se coordinen bien, porque se hacen muchos esfuerzos sin una buena planificación detrás. Pienso que las administraciones deberían diseñar un plan estratégico que coordine varias acciones a lo largo de las diferentes etapas del sistema educativo y, si se pudiera, en el transcurso de la vida laboral de las mujeres.

Precisamente, el papel de la ciencia y la igualdad de género son vitales para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030. Así pues, ¿la administración debería emprender más medidas y más globales para alcanzar estos objetivos?

Estoy totalmente convencida de que las administraciones deben liderar el cambio e impulsar las acciones necesarias para propiciarlo. Los ODS son un punto de referencia excelente para inspirarse y diseñar planes a largo plazo que favorezcan la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. Asimismo, las decisiones que tomen las administraciones han de estar correctamente fundamentadas en evidencias científicas y datos fiables que visibilicen el problema y orienten la evaluación del impacto de las distintas acciones que se desarrollen.

¿A qué renuncian las niñas con este rechazo mayoritario a las asignaturas STEM? ¿Qué consecuencias puede tener?

El hecho de que las chicas renuncien a elegir estudios y profesiones vinculados a algunos ámbitos STEM tiene unas consecuencias importantes, porque las mujeres no están presentes en muchas de las creaciones y las innovaciones científicas y tecnológicas. Esto significa que estas creaciones e innovaciones no representan correctamente ni sus necesidades ni su talento. Asimismo, las mujeres no están presentes en los puestos de decisión y en la consiguiente toma de decisiones vinculadas al diseño y la producción de tecnologías. En una sociedad avanzada como la nuestra, no es razonable que los roles de los cuidados a las personas sigan asociándose con la feminidad, y los vinculados a la consecución de logros profesionales, con la masculinidad.

¿Qué papel tienen o deberían tener las redes sociales, las universidades, las editoriales, las marcas de juguetes, etc., en perpetuar o revertir estos estereotipos?

Los medios de comunicación, la publicidad —en general y la vinculada a los juguetes—, los juguetes en sí y las redes sociales contribuyen a perpetuar los roles y los estereotipos de género tradicionales. Se ofrecen programas y series de televisión, películas, juguetes y juegos, canales de YouTube y diferentes tipos de recursos audiovisuales y noticias en Instagram, Twitter y Facebook que refuerzan las convenciones sociales de feminidad y masculinidad, así como el rol que se supone que han de tener los hombres y las mujeres en nuestra sociedad. 

De igual modo, las universidades pueden contribuir a revertir la situación mediante diferentes mecanismos, como la manera de publicitar el programa de estudios y sus posibles salidas, el nombre de las asignaturas e incluso los programas de formación. Hay universidades tecnológicas, por ejemplo, la Universidad de Tecnología de Eindhoven (Países Bajos), que han publicado plazas vacantes de docentes de diversas categorías en las que se ha priorizado las candidaturas de mujeres.

Asimismo, diseñar correctamente los materiales didácticos desde una perspectiva de género a lo largo de todo el sistema educativo formal e informal contribuiría, sin lugar a dudas, a visibilizar las contribuciones de muchas mujeres en distintos ámbitos. En ese sentido, y a pesar de que las mujeres son más numerosas en las humanidades, no debemos olvidar que, igual que los materiales didácticos de las asignaturas y los programas de ámbitos STEM, los campos con una presencia femenina alta, como las lenguas y la literatura, por defecto muestran muy pocos ejemplos de aportaciones de mujeres.

¿Qué se puede hacer desde el ámbito familiar?

Las familias, y en particular los padres y las madres, han de ser conscientes de que existe este problema y deberían hacer un esfuerzo para fomentar desde edades tempranas que las niñas y los niños jueguen con juguetes y juegos no sexistas y exponerlos a actividades lúdicas en las que desarrollen diferentes roles, no solo los tradicionalmente ligados a su género. Es importante que las actividades extraescolares y de ocio (incluyendo las deportivas) que hagan no promuevan roles sexistas. Hay que formarse e informarse con especialistas sobre cómo educar en igualdad de oportunidades. Los estereotipos de género y los prejuicios sexistas perjudican principalmente a las mujeres, pero también a muchos hombres que no cumplen con los cánones establecidos. Hay que enseñar a las niñas y los niños a ser críticos y a reaccionar de manera asertiva y activa ante conductas y ejemplos sexistas o discriminatorios de cualquier tipo y en cualquier situación de la vida.

¿Te parece que tener referentes de mujeres científicas y con puestos tecnológicos puede ayudar?

Es fundamental que haya referentes de mujeres científicas y tecnólogas. Pero también es importante que las referentes sean ejemplos de mujeres «normales», no solo mujeres de mucho éxito o muy buenas que den la impresión de que las chicas normales no podrán alcanzar sus objetivos. Pienso que, hoy en día, tener la suerte de poder elegir una carrera que te guste y que te motive ya es un gran logro. Que la carrera elegida sea del ámbito STEM o no no es lo importante.

¿Y ayuda que se celebre un día como el 11 de febrero?

También es crucial que se organicen actividades y acciones como las del 11 de febrero, que están orientadas a concienciar a la sociedad, en concreto a las personas más jóvenes (niños, niñas, chicos y chicas). Esto también ayuda a visibilizar tanto a mujeres que han despuntado en ciencia o tecnología por sus contribuciones como a mujeres normales que trabajan, estudian o investigan en ámbitos STEM. Es decir, ejemplos de mujeres más «terrenales», con las que los jóvenes (no solo las chicas) puedan identificarse y que contribuyan a cambiar las creencias falsas que giran en torno a la idea de que las mujeres no valen o no muestran interés por la ciencia y la tecnología.

Así pues, ¿piensas que, además de haber pocas mujeres científicas, su trabajo es más invisible?

Efectivamente: las contribuciones de las mujeres a los avances y las innovaciones en las distintas disciplinas apenas se han hecho visibles a lo largo de la historia. El caso de la ciencia y la tecnología no es una excepción. No olvidemos que hasta hace bien poco las mujeres tenían que adoptar seudónimos masculinos para poder desarrollar su talento en diferentes ámbitos o, por el contrario, sus maridos se apropiaban de sus patentes porque ellas no podían constar como autoras o creadoras de las invenciones que desarrollaban.

¿La diversidad de perfiles enriquece la ciencia?

La palabra diversidad no me gusta mucho, porque se ha malinterpretado y utilizado de manera incorrecta para promocionar políticas de igualdad de género. Las mujeres no somos una minoría, representamos algo más de la mitad de la población mundial y merecemos ser tratadas en igualdad de oportunidades que los hombres. Por lo tanto, yo hablaría de heterogeneidad de perfiles y de personas, lo cual, sin lugar a dudas, enriquece cualquier grupo e interacción social. La ciencia no es una excepción.

De todos modos, ¿te parece que poco a poco, generación tras generación, se están desterrando mitos y que cada vez más niñas sueñan con ser científicas?

Como he comentado, no es cierta la creencia de que a las mujeres no les atrae la ciencia. A las mujeres sí les atrae la ciencia, y el método científico es el denominador común que aúna e integra muchas disciplinas. La ciencia no se circunscribe solo a los ámbitos de las ciencias puras o de la tecnología, sino que está presente en las humanidades, las ciencias sociales y jurídicas y las artes. En todas estas disciplinas hay muchas mujeres que están haciendo avances importantes en diferentes aspectos de la sociedad. Reconocer el talento femenino y las aportaciones de las mujeres a los distintos ámbitos científicos es una cuestión de justicia social. En la actualidad, se utiliza la sigla STEAM, que incluye la a de arts ('arte' en inglés), para reivindicar las aportaciones de las humanidades, las artes y las ciencias sociales en el diseño y la producción de tecnologías. Estos ámbitos son fundamentales hoy en día, puesto que se necesitan equipos interdisciplinares que trabajen para garantizar que las creaciones tecnológicas y el análisis de los datos que se acumulan a partir de estas creaciones (lo que se conoce como macrodatos o big data) sigan unos principios éticos y no contribuyan a fomentar ningún tipo de desigualdad.

¿Existen diferencias según el país? ¿Hay más niñas con vocación tecnológica en los países del norte de Europa, donde se supone que hay una mayor igualdad de género, que en los del sur del continente?

Curiosamente, en los países nórdicos, que es donde se ha avanzado más en políticas de igualdad, no hay más mujeres en ámbitos tecnológicos que en los países del sur de Europa. La presencia de mujeres en las carreras de ingeniería es ligeramente superior en España y Portugal que en los países nórdicos. Esto demuestra que los roles de género todavía están muy enraizados en los países con mejores políticas de igualdad y nos avisa de que no debemos bajar la guardia y dejar de buscar la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres en los diferentes ámbitos de la vida.

¿En estos momentos, en qué proyectos trabajáis en GenTIC?

Actualmente trabajamos en diferentes proyectos de investigación ligados a la falta de vocaciones científicas y tecnológicas en las niñas, pero también trabajamos en otros ámbitos, como la evaluación y la promoción de políticas de igualdad en la educación superior y la ciencia. Acabamos de terminar una revisión de la investigación que se ha hecho para examinar los retos y las oportunidades que implica la digitalización para las mujeres. Algunos de estos proyectos tienen financiación europea y otros cuentan con financiación estatal.

En concreto, GESTEMI es un proyecto de I+D+I de cuatro años financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Investigamos qué se está haciendo para fomentar las vocaciones científicas y tecnológicas en las jóvenes que cursan educación secundaria. Para ello, analizamos las intervenciones que se han hecho en los últimos años para fomentar las vocaciones científicas. También reproducimos algunas intervenciones que se han hecho en Estados Unidos para analizar cómo funcionan en nuestro contexto. Además, entre otras numerosas acciones vinculadas a esta línea de investigación, también colaboramos en un proyecto de investigación con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) para analizar, desde la perspectiva de género, el impacto que ha tenido el programa de alfabetización científica «El CSIC en la escuela» entre el equipo docente y el alumnado de infantil y primaria.

¿Por qué decidiste dedicarte a la investigación?

Siempre me ha gustado mucho leer y he tenido la suerte de desarrollar una curiosidad enorme por conocer más sobre muchos de los problemas de los que he sido consciente a lo largo de los años. Al estudiar Psicología, en Salamanca, participé en diferentes investigaciones y experimentos y empecé a interesarme mucho por lo que hay detrás del método con el que se desarrolla la investigación. De igual modo, algunas asignaturas, como Psicología social, despertaron mi interés por profundizar en los procesos psicosociales que explican la conducta de las personas. El máster que hice al terminar la carrera me impulsó a hacer un curso de psicología social en la cuna de este campo, la Universidad de Stanford (California), y allí realicé el proyecto final de máster. Tuve la oportunidad de matricularme en un doctorado, pero me dio vértigo la idea de desarrollarme profesionalmente allí y no poder volver a España. Sabía que aquí la universidad es muy cerrada a las personas que se han formado fuera y no quise asumir ese riesgo.

Al regresar a España, trabajé durante un año fuera del ámbito académico y después me matriculé en la UNED para cursar un doctorado de Psicología Social, que disfruté mucho haciendo. Siempre me habían interesado mucho el prejuicio, los estereotipos y la discriminación con perspectiva de género. De la mano de Mercedes López-Sáez, mi directora de tesis, me introduje en la investigación sobre la brecha de género en la elección de los estudios. Desde entonces no he dejado de investigar sobre este tema.