«Los movimientos sociales no siempre tienen razón, pero siempre tienen razones»

Autor foto: CC by-nd-nc Carmen Secanella
21/07/2017
Germán Sierra / Foto: Carme Secanella
Jordi Borja, urbanista y profesor emérito de la UOC

Jordi Borja fue teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona entre 1983 y 1995, en una época intensa y fundamental para la ciudad. Barcelona preparó los Juegos Olímpicos, los celebró con un éxito abrumador y acometió algunas de las operaciones urbanísticas más importantes de su historia. Veintidós años después, este urbanista, geógrafo y sociólogo se mantiene plenamente activo en el debate sobre la ciudad. Es profesor emérito y preside el comité académico del programa Ciudad y Urbanismo de la UOC y acaba de publicar Ciudades resistentes, ciudades posibles (Editorial UOC), un libro colaborativo que analiza los desafíos del urbanismo actual y cómo afrontar-los. Borja ha sido uno de los fundadores y referentes ideológicos del movimiento de los comunes y se muestra muy crítico con el momento político actual.

Este año celebramos el vigésimo quinto aniversario de la celebración de los Juegos Olímpicos. ¿Cómo valora ese momento?

Nuestro lema era «Estamos trabajando por la ciudad del 93, no solo por la del 92». Esto quiere decir que en ese momento ya éramos conscientes de que los Juegos significaban una gran oportunidad. Todas las propuestas se habían cohesionado mucho a partir de los movimientos sociales, los intelectuales, los movimientos asociativos, los vecinos..., fue muy transversal. También me gustaría destacar que muchos de los proyectos venían de reflexiones de décadas anteriores: regenerar el centro histórico, recuperar el frente marítimo, construir las rondas, no eran novedades. La única crítica que puedo hacer en ese momento es que no se tuvieron en cuenta los efectos perversos de todo aquello.

Un cuarto de siglo después, dos de los grandes problemas de Barcelona son el acceso a la vivienda y la gestión del turismo masivo. La ciudad está expulsando a mucha gente a la periferia porque los alquileres son inaccesibles. ¿Barcelona debería buscar alguna fórmula, como ya hacen otras ciudades europeas, para poner un techo a los precios de los alquileres?

El problema es que el Ayuntamiento e, incluso, la Generalitat no tienen suficientes competencias sobre el suelo o las que tienen son muy parciales. La vivienda es una deuda pendiente en las políticas de Barcelona, incluso en la época de Maragall se dejó de lado. También es verdad que en aquella época no existía este desfase entre ingresos y precio de la vivienda. Ahora la situación es muy grave.

Fenómenos como Airbnb tampoco ayudan.

No, la presión turística y los sueldos bajos son un cóctel complejo. Si Airbnb no garantiza la legalidad de los pisos, hay que sancionarla. Debemos partir de la base de que Barcelona necesita el turismo. Yo reivindico una gestión turística desde un gobierno metropolitano que ahora no existe. No me refiero a eliminar los municipios, me refiero a una estructura como el Greater London Council. Es decir, realizar una redistribución del turismo y valorar todos los municipios metropolitanos. También soy partidario de imponer una tasa turística tanto a los hoteleros como a los pisos turísticos legales. Las grandes ciudades deben tener capacidad de gestionar el suelo y la vivienda. La vivienda es como el agua o como la energía, es un bien y un servicio que todo el mundo necesita. ¿Verdad que hay un precio político para el metro?, pues habría que estudiar lo mismo para la vivienda.

En cuanto a las grandes operaciones urbanísticas de la ciudad, hay dos temas muy candentes: la plaza de les Glòries y el tranvía por la Diagonal. En un caso, parece una obra infinita, y en el otro, una disputa eterna. ¿Cómo lo analiza?

El coste de la operación del túnel de les Glòries es excesivo y es una herencia para el equipo de gobierno actual. Yo entiendo a los vecinos, pero en el fondo el plan actual facilitará aún más la presencia del coche, porque solo hace que esconderlo. No pienso que les Glòries sea un lugar para hacer túneles y también veo difícil instalar allí un parque, porque será un nudo de circulación, como una isla. Si quieres que sea un espacio público, debe haber continuidad. Me viene a la cabeza el nudo de la Trinidad. Es una buena obra desde el punto de vista del diseño, pero ¿cuánta gente va allí? Los espacios públicos deben tener dos funciones: para estar en ellos y para atravesarlos.

El tranvía, ¿por la Diagonal?

Lo que no hay que hacer con el tranvía es una consulta. Es una tumba política. Una vez hablé con Jordi Hereu antes de que realizara la consulta y se lo desaconsejé. No puedes dejar en manos de la ciudadanía una decisión técnica. En mi opinión, hay que hacerlo, y hay que hacerlo por la Diagonal. Se ganará espacio público y se arrinconará aún más el coche. Yo creo que el coche privado tiene los días contados en el modelo de ciudad compacta.

Usted ha sido consultor de muchas ciudades del planeta y cada ciudad es un mundo diferente, con sus problemáticas. No obstante, ¿hay algunas medidas transversales que deberían afrontar todas?

A mí me irrita mucho cuando se habla del modelo de ciudad, como si se pudiera transportar de un lugar a otro. Cada ciudad es diferente y para intervenir en ella debes basarte siempre en la historia de esta ciudad y en los diferentes marcos: legal, económico, social e, incluso, de conflicto. El urbanismo parte de la política, porque es una disciplina que condiciona la vida de la gente. Sí hay modelos: Estocolmo o las ciudades holandesas limitaron mucho la especulación inmobiliaria, o la política de vivienda social en Inglaterra. Se pueden estudiar, pero es difícil exportar a contextos diferentes. Las ciudades deben ser fieles a su historia, priorizar la calidad de vida de la mayoría de su población y trabajar por su sostenibilidad.

¿Quién hace la ciudad: los gobiernos, los ciudadanos o los developers?

Los developers la hacen en la medida que les dejan hacerla. Las ciudades a lo largo de la historia han sido hechas por la gente. Sí hay una característica común en la ciudad: su carácter contradictorio y de conflicto. Cuando yo trabajaba en el Ayuntamiento de Barcelona, gestioné un presupuesto para dar apoyo político-técnico a los colectivos sociales para que presionaran al Ayuntamiento. Si desde el Ayuntamiento solo recibes presiones del poder político o financiero, mal. Necesitas también este contrapoder popular.

Su último libro, Ciudades resistentes, ciudades posibles, nace como respuesta a la conferencia de las Naciones Unidas Hábitat III, que consideráis inoperante...

Las Naciones Unidas, que es la organización impulsora de Hábitat, están legitimando las prácticas más negativas de los procesos urbanos. Hacen declaraciones genéricas que no generan ningún compromiso, no hablan de la especulación del suelo, no hablan de la negatividad de la ciudad difusa. Todo es pura retórica. Yo y otros autores del libro ya venimos de Hábitat II, celebrado veinte años antes, y vemos que no se ha avanzado en nada. El libro es una denuncia, pero aportando múltiples ideas para intervenir en las contradicciones del sistema.

Estamos en un momento en el que se producen muchos procesos participativos urbanos que intentan ser transparentes, pero la gran crítica que reciben es que ya vienen pensados y organizados desde el poder político. ¿Qué opina de los procesos que ha puesto en marcha el Ayuntamiento de Barcelona?

Yo no soy un fan del concepto de participación, porque en los ayuntamientos progresistas se ha institucionalizado y ha acabado siendo un instrumento de crear consensos pasivos. Las instituciones deben estar atentas a las demandas, los conflictos y las reivindicaciones de los colectivos sociales y ofrecer un escenario de debate y negociación sin paternalismo. La participación en sí no tiene interés, lo más interesante es crear escenarios para negociar y pactar entre las demandas sociales y las decisiones políticas. Los movimientos sociales no siempre tienen razón, pero siempre tienen razones.

Recientemente hacías pública tu decisión de desvincularte del órgano de coordinación de Cataluña en Común. Es inevitable pedirte por el proceso político que vive Cataluña...

Nunca he sido independentista, pero sí he sido partidario de la autodeterminación. Con el modelo de estado actual y el gobierno actual no es que tengamos que independizarnos, es que los propios españoles deberían marcharse de este estado. De todas formas, creo que existen alternativas a la independencia. Los comunes deberían haber intervenido de forma más activa en el proceso, en la movilización social, y luego se habrían visto distintas alternativas, una de las cuales es la independentista, pero no la única. Las izquierdas han carecido de iniciativa política y ahora hay que estar con el 1-O. Espero que será un paso adelante. Si hay dudas mirad a quien tenemos en contra.