Carlota Gurt, escritora y traductora
- ¿Cómo te definirías?
Depende del día o de la época. Soy muchas cosas a la vez, definirme es difícil, pero soy una buscadora. Me gusta buscar cosas que me satisfagan y voy probando.
- De pequeña querías saber muchas cosas. Empezaste estudiando Comunicación Audiovisual en la Universidad de Barcelona y continuaste con Empresariales, Humanidades y Estudios de Asia Oriental en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), y Traducción e Interpretación en la Universidad de Vic.
Tengo la sensación de que sé pocas cosas; cuanto más sabes menos sabes. No sabía qué quería saber, solo sabía que quería saber muchas cosas, aprender cosas nuevas y estudiar. La universidad es una manera de obligarte. Si no hubiera tenido hijos, habría seguido estudiando quizás matemáticas o astrofísica, pero tuve que dejarlo.
- ¿Cuál era el criterio para ir eligiendo las carreras?
Hice Comunicación Audiovisual con la idea de poder trabajar en la televisión, pero enseguida vi que quería mandar. Empecé siendo productora en La Fura dels Baus. Aquí fue cuando estudié Empresariales y tenía la idea de hacer ADE, pero ya estaba aburrida. Creía que tenía lagunas de cultura general y que podría cubrirlas haciendo Humanidades. Cuando hacía Comunicación Audiovisual, elegí de libre elección Introducción al pensamiento chino y flipé con lo asiático, incluso fui un verano a la Universidad de Pekín para estudiar la lengua. De aquí surge la elección de los Estudios de Asia Oriental. Y después hice Traducción.
- ¿Echas de menos seguir estudiando?
En cierto modo, sí. Si pudiera, haría Sociología o Filosofía. Cuando lees, aprendes, pero a mí me gusta el aprendizaje estructurado, es una manera de hacer el camino más corto. El material ya se ha procesado y condensado antes. No sigo estudiando porque no tengo tiempo ni dinero. Me gusta ser traductora. Una parte del trabajo es aprender, cada texto es diferente y siempre tienes que buscar cosas de las que no tienes ni idea. Es muy estimulante.
- ¿Qué hizo que eligieras tres veces la UOC?
Fue una cuestión práctica. Ya trabajaba y no podía ir a una universidad presencial. Trabajo desde los 22 años. La opción de la UOC era muy fácil, todo a distancia. Hacía un curso por año.
- ¿Llegaste a mandar?
En La Fura dels Baus era jefa de producción, con 22 años llegué a coordinar un equipo de 200 personas para la inauguración de la Bienal de Valencia. Me lo pasaba muy bien, tenía mucha responsabilidad y era estresante. Lo dejé, me fui a vivir fuera de Barcelona y fui jefa de producción del festival Temporada Alta. Era más relajado, tenía que organizar tiempo, dinero, recursos… Soy mucho de optimizar las cosas, cuando camino o conduzco, soy un poco obsesiva con la optimización. Soy de pensamiento lógico racional, tenerlo todo en su lugar va bien.
- ¿Por qué lo dejaste?
Al final era un poco aburrido hacer siempre el mismo. Cuando trabajaba en el Temporada Alta, ya traducía cosas para sacarme un sobresueldo. Siempre he sido autónoma, me permite tener más flexibilidad. Y las negociaciones cuando eres asalariada son más difíciles.
- ¿Te gusta ir por libre?
Las jerarquías me cuestan un poco, soy difícil de mandar. Si es una persona excepcional, no hay ningún problema, pero en general la gente es poco eficiente y, si es alguien poco capaz, tengo problemas con la autoridad. Cuando trabajas sola, todo es más soportable.
- ¿Ahora solo eres escritora o sigues traduciendo?
Ahora escribo novelas, cuentos y artículos; colaboro en medios; hago actividades que derivan del hecho de escribir, como los clubes de lectura, y traduzco. Intenté dejar de traducir, pero es una fuente de ingresos. Lo que hago es traducir menos.
- Este año has participado en un club de lectura de la UOC con personal de esta universidad. ¿Cómo es la relación con los lectores?
Soy la única autora que ha repetido, ya hice uno hace tres años. Los clubes de lectura me gustan, hay lectores que es un honor que te lean. En cierto modo, tener relación con los lectores es como tener una vida pública. Esto lo llevo un poco mal, está descompensado. Si te expones públicamente, con las incomodidades que esto supone, a cambio deberías tener una compensación económica y no es exactamente así.
- ¿Es más fácil ser escritora que traductora?
Traducir siempre da más miedo porque es muy minucioso. Hay cosas que quizás no entiendes o no estás segura de si has sabido encontrar el tono. Si haces una mala traducción, afectas a otra persona. Por eso, cuando traduzco tengo más sensación de responsabilidad, necesito sentir que lo hago bien.
- ¿Escribes algún diario personal, como cuando eras pequeña?
Lo intento, pero fracaso. Hace casi dos años que tengo un archivo en el ordenador que es como un diario. La idea es escribir al menos una vez a la semana, pero la vida diaria se me come. El mundo iría mejor si todos lo hiciéramos porque escribir un diario o ficción es una manera de hablar contigo misma, de tener un diálogo interno.
- ¿Qué hace que lleves adelante una idea para escribir sobre ella?
Que haya algo que me toque. Solo puedo escribir sobre cosas que, de alguna manera, me preocupan, con las que estoy encallada en la vida o para las que no tengo respuestas.
- ¿Le enseñas a alguien lo que vas escribiendo?
Los artículos, normalmente no, salvo que piense que podrían ser conflictivos y quiera asegurarme de que se entienden. Los textos de ficción, cuanto más ojos se los miren, mejor. Siempre hay cosas que tú no puedes ver. Cuando escribes, tienes tan claro lo que quieres decir que puede ser que descuides algo. Hay detalles que solo los puede ver alguien que se lo mira sin saber.
- ¿Cómo es traducirte a ti misma?
Está bien, te da un conocimiento más profundo y más control sobre el texto final. Cuando traduces, conoces mejor el texto que cuando lo escribes, es una manera de diseccionarlo. Biografía del fuego salió a la vez en catalán y español. Lo escribí en catalán y, mientras lo iba traduciendo, iba cambiando las dos versiones.
- ¿Tienes rituales a la hora de traducir o de escribir? ¿Una hora, un lugar?
No, no tengo muchas manías. Como vivo en dos lugares diferentes, voy con el ordenador encima. Intento estar bien sentada; si no, me duelen la espalda o las manos. En mi casa me siento en una pelota en lugar de en una silla. No tengo unas horas pautadas. Para traducir, intento ser regular. Tengo plazo de entrega y cada día hago tantas palabras. Y después hago el resto de las cosas.
“«El problema es que muchas veces las ficciones plantean más respuestas que preguntas, y a mí me interesan más las preguntas»”
- Al catalán le falta glamur. ¿Qué crees que tendríamos que hacer para que sea sexy?
El problema del catalán es que tiene un aura como si fuera una tortura. Creo en el catalán correcto, pero estamos corrigiéndolo tanto que parece imposible hablarlo bien. Hace falta una cierta flexibilización. Hay que hacer entender a la gente que el catalán no es algo rancio y que es funcional para todos los registros, de los más vulgares a los más científicos. Tenemos que trabajar y comunicarnos con un catalán vivo, que nos toque emocionalmente y no ponga distancia.
- ¿Ahora estás escribiendo? ¿Sabes cuándo volverás a publicar?
En noviembre saldrá con Barcanova la novela infantil La teoria dels forats, con la que gané el premio de Narrativa Infantil y Juvenil Guillem Cifre de Colonya. Es mi primera novela infantil. Y después estoy pendiente de si consigo una subvención de creación literaria para una novela breve que tengo empezada. Tengo el planteamiento y las treinta primeras páginas. No he cogido ninguna traducción grande para el segundo semestre con la idea de hacer artículos y dedicarme a escribir.
- Sueñas mucho cuando duermes. ¿También sueñas despierta?
No mucho, soy bastante realista y poco soñadora. Tengo un funcionamiento casi empresarial, me planteo objetivos: escribir, publicar, etc.
- ¿Cómo desconectas?
Con mis hijos. Hablando, sobre todo hablando con gente. También leo. Comer me desconecta mucho, me hace muy feliz, es infalible, así de banal. Con el sexo, un buen vino, yendo a lugares y saliendo de la rutina. Salir fuera de casa y estar en otro entorno es un estímulo nuevo, y todo lo que tienes en la mente se queda algo más abajo.
- ¿Algún descubrimiento que hayas hecho últimamente?
Las fascinaciones me duran poco, suelo encontrar las pegas. Cărtărescuco me gustó mucho, pero después está tan metido dentro de su yo… No estoy muy enganchada a la ficción audiovisual. Me gustaría mirar más ficción, pero muchas veces creo que es una pérdida de tiempo. Me cuesta encontrar algo que me guste mucho, es un poco decepcionante. La ficción americana me carga. Los americanos son unos extraterrestres, como cultura son muy diferentes, tienen otra manera de mirar a la vida. Europa conecta más conmigo. El problema es que muchas veces las ficciones plantean más respuestas que preguntas, y a mí me interesan más las preguntas.