"Hay que potenciar el espíritu crítico para escapar de los silos de conocimiento y la polarización creciente"
Ignasi Beltran de Heredia, director de los Estudios de Derecho y Ciencia Política de la UOC
Ignasi Beltran es director y profesor de los Estudios de Derecho y Ciencia Política de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y especialista reconocido en derecho del trabajo, ámbito en el que es una de las voces más referentes del Estado. Con una trayectoria marcada por la investigación (en el grupo TAXBUSINESS, adscrito al centro UOC-DIGIT), la divulgación y el análisis crítico, combina la dirección de los Estudios con una mirada constante a la evolución del mercado laboral, la tecnología y las necesidades de los futuros profesionales del derecho y la política. Repasamos los principales retos del sector y las prioridades estratégicas de la formación jurídica, criminológica y de la ciencia política en un contexto global cada vez más complejo.
Los Estudios de Derecho y Ciencia Política operan en un contexto marcado por conflictos, cambios sociales y retos tecnológicos. ¿Qué tipo de profesionales necesitamos formar para afrontar este escenario?
Si tuviera que destacar sus principales habilidades, diría que tienen que ser curiosos, con capacidad crítica y, muy especialmente, respetuosos con la diversidad. Interiorizar el valor del humanismo y el respeto por todas las personas es absolutamente clave. También lo es asumir el carácter finito de nuestro saber y la humildad intelectual. Este es el principal motor que impulsa la curiosidad; cuando esta se activa, empezamos a hacernos preguntas y, por lo tanto, estamos en disposición de cuestionar el statu quo.
Es en este estado cuando puede emerger la capacidad crítica, precipitando y alimentando una espiral "virtuosa" de conocimiento, crecimiento personal y aprendizaje continuo. Con estos tres compañeros de viaje, la caja de herramientas para afrontar el futuro debería mejorar sustancialmente.
¿Cómo se trasladan los grandes cambios globales —geopolíticos, climáticos, demográficos— a las prioridades actuales de los Estudios?
Una particularidad de todas las generaciones que nos han precedido es que han tenido que afrontar el futuro con mucha incertidumbre, y, muy probablemente, cada una ha tenido la sensación de que nunca los tiempos habían sido tan convulsos. Obviamente la nuestra no es una excepción. Además, como dice el profesor Daniel Innerarity: "No todos los problemas que tenemos tienen el carácter de problemas que puedan o deban resolverse; algunos, tal vez los más decisivos, solo pueden ser aplazados, reformulados o soportados".
Este contexto, en que la complejidad y el alcance de los retos son enormes, y en que el futuro deja de ser una incógnita para convertirse en presente, nos obliga a adoptar un posicionamiento atento, dinámico y transformador respecto de las necesidades cambiantes de nuestros estudiantes.
La tecnología es un eje transversal de los Estudios. ¿Qué ámbitos emergentes requieren una respuesta regulatoria más inmediata: la IA, la neurotecnología, las criptomonedas, el cibercrimen…?
En el fondo, todos estos fenómenos describen posibles amenazas para las personas. Por lo tanto, si no ando errado en el diagnóstico, habría que hacer esfuerzos para poner a las personas al frente y priorizar absolutamente su protección.
“Las universidades deben permanecer en la frontera de lo desconocido, asumir riesgos y adoptar una constante postura tentativa”
¿Cómo se incorpora esta dimensión tecnológica en la formación para que los estudiantes entiendan los nuevos riesgos y las oportunidades del mundo digital?
Esto depende mucho de cada disciplina (que, en el caso de nuestros Estudios, son muy heterogéneas). En términos generales, diría que, en la medida en que la tecnología está plenamente integrada en nuestra cotidianidad, esta aproximación solo puede ser transversal.
A la vez, dado que los cambios son constantes y el presente es fugaz, hay que elevar la mirada y anclar el conocimiento en aspectos algo más conceptuales y abstractos, y, por lo tanto, probablemente, algo más resistentes al paso del tiempo.
El panorama político muestra una polarización creciente. ¿Cómo preparáis en los Estudios a los futuros analistas y profesionales de las políticas públicas para interpretar y actuar en este contexto?
La respuesta a la pregunta está, probablemente, muy relacionada con la primera: hay que potenciar el espíritu crítico y asumir que no lo sabemos todo. Solo de este modo seremos capaces de escapar de los silos de conocimiento, las cajas de resonancia y las infecciones ideológicas. No es una tarea fácil, puesto que las personas tendemos a gravitar alrededor de aquello que nos resulta más familiar y con lo que nos sentimos más identificados. Por lo tanto, es relativamente fácil que seamos refractarios a todo aquello que queda fuera de esta órbita de conocimiento. Animar a los estudiantes a traspasar esta frontera es clave para despertar su espíritu cívico y transformador.
Hace poco has sido nombrado miembro del Consejo para la Productividad y el Liderazgo Económico de Cataluña. ¿Qué significa para ti esta incorporación y qué contribución crees que puedes aportar desde el derecho del trabajo?
Me siento muy afortunado por haber sido seleccionado, y es un reconocimiento personal muy bienvenido que también comparto con la rectora Àngels Fitó. Lo asumo con ilusión y, obviamente, con un gran sentido de la responsabilidad. El grupo de expertos que conforma el Consejo es muy diverso y, sin ningún tipo de duda, las aproximaciones, muy enriquecedoras y absolutamente necesarias.
El papel del derecho en general en este contexto es muy importante (y diría que clave), porque las normas jurídicas, en el fondo, son una forma muy sofisticada de hacer política, es decir, son una herramienta —imperfecta— para conseguir que las personas logren un determinado propósito.
Por lo tanto, en un contexto de gobierno creciente de los algoritmos, de transformación radical, de hipercompetitividad extrema, de redefinición del paradigma de la relación comercial entre los estados, de tensión geoestratégica ascendente y de un neoimperialismo brutal, los juristas, a través del mandato de las normas, podemos contribuir a encontrar la fórmula para que las cosas ocurran. La perspectiva del derecho del trabajo, obviamente, contribuye a mejorar el diagnóstico y, claramente, enriquecer la aproximación y las soluciones al alcance.
¿Cuáles son las prioridades estratégicas de los Estudios de Derecho y Ciencia Política para los próximos años?
Diría que, básicamente, son dos: con nuestros estudiantes, contribuir a su crecimiento personal y dotarlos de los conocimientos y las habilidades necesarias para aspirar a mejorar su espíritu cívico y la vida personal y en sociedad; y, en el ámbito interno, hacer lo posible para conseguir que todas las personas que integran los Estudios logren la máxima progresión profesional y, a la vez, contribuyan activamente a lograr los retos que la UOC tiene como institución.
¿Qué papel tiene la investigación —especialmente en temas tecnológicos, laborales o políticos— en la misión de los Estudios, y cómo puede contribuir en el debate público y en la toma de decisiones?
Es absolutamente clave. El conocimiento es medular en la conformación del espíritu cívico de las personas y su vida en sociedad. Las universidades tenemos la responsabilidad de ser puntas de lanza en este sentido. Esto implica estar permanentemente en la frontera de lo que es desconocido, asumir riesgos y adoptar una constante postura tentativa. Personalmente, me siento muy privilegiado de poder dirigir un equipo tan comprometido, generoso en el esfuerzo y que mira constantemente por encima del muro de la ignorancia.
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Núria Bigas Formatjé