"La psicología aeronáutica es clave para desarrollar las habilidades del piloto y evitar errores"
Ricardo Carrano, piloto de Iberia, psicólogo aeronáutico y graduado por la UOC
Ricardo Carrano es piloto de Iberia, instructor de aviación y psicólogo aeronáutico, miembro del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid. Graduado en Psicología por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) en el curso 2024-2025, comparte en esta entrevista los beneficios que aporta la psicología a la actividad a la que se dedica, como piloto e instructor de aviación. El piloto explica cómo la psicología contribuye a la evaluación y la selección de personal en su sector y avanza algunas de las aplicaciones que tiene actualmente la inteligencia artificial en el campo de la psicología aeronáutica.
¿Qué te llevó a estudiar Psicología y cómo ha influido esta formación en tu manera de entender la aviación?
Mi interés por la psicología nació de manera temprana —y lo formalicé eligiendo una optativa durante el bachillerato, para después continuar en la UOC— a raíz de mi curiosidad por comprender qué hay detrás del comportamiento humano en contextos complejos. A lo largo de mi carrera como piloto e instructor, he comprobado que muchas situaciones no se resuelven solo con conocimientos técnicos, sino también con la capacidad de comunicarse, liderar un equipo, tomar decisiones bajo presión y gestionar el estrés. Estudiar psicología me ha permitido profundizar en estos aspectos y entender la aviación desde una perspectiva más humana, donde la seguridad y el rendimiento dependen tanto de la mente como de la máquina.
Desde tu experiencia, ¿cuál dirías que es el papel más importante que desempeña la psicología en la seguridad aérea?
La psicología es esencial para comprender, predecir y mejorar el comportamiento humano dentro del sistema aeronáutico. Es la base de la gestión del error, la toma de decisiones, el liderazgo en equipo y la comunicación efectiva entre los miembros de la tripulación y otros equipos multidisciplinares. Trabajamos en entornos muy cambiantes y con un gran desafío tecnológico, y en ellos la psicología convierte el "factor humano" en un recurso gestionable, ayudando a reducir incidentes y a reforzar la cultura de seguridad que caracteriza al medio de transporte más seguro del mundo… con permiso de las escaleras mecánicas.
En el proceso de selección y evaluación del personal aeronáutico, ¿qué aspectos psicológicos son más determinantes para garantizar un buen desempeño?
Más allá de la capacidad cognitiva, se valoran la estabilidad emocional, la autoconciencia, la tolerancia al estrés y la capacidad de trabajar en equipo. También la adaptabilidad y la comunicación son fundamentales, especialmente en un entorno multicultural y altamente reglamentado. Un tripulante debe ser capaz de mantener la calma, evaluar opciones, adherirse a procedimientos estrictos y colaborar eficazmente incluso en situaciones imprevistas, de reacción inmediata o de alta carga emocional.
Sin olvidar que, si algo caracteriza al personal aeronáutico, es la pasión y el alma que ponemos en lo que hacemos.
¿En qué ámbitos concretos se está aplicando la IA y qué beneficios aporta, por ejemplo, en la gestión de la fatiga de los tripulantes?
La inteligencia artificial está comenzando a desempeñar un papel importante en el análisis de datos operativos y fisiológicos. En el ámbito de la fatiga —y dado el enorme volumen de datos que se manejan—, permite crear modelos predictivos basados en horarios, tiempos de descanso y patrones de sueño, identificando riesgos de manera anticipada. Esto complementa los sistemas de gestión de la fatiga (FRMS) ya implementados en muchos operadores y ayuda a personalizar estrategias de descanso y rotación, mejorando la seguridad, el bienestar y la productividad de las tripulaciones.
Como instructor de aviación, ¿cómo aplicas la psicología en tu día a día con los alumnos? ¿De qué manera influye en la formación y el rendimiento de los futuros pilotos?
La psicología está siempre presente, y la interacción entre personas ha de estar también. En el marco que propone la Agencia Europea de Seguridad Aérea (EASA) con el enfoque EBT (evidence-based training), la psicología es una herramienta esencial para desarrollar el conocimiento, las habilidades y las actitudes que determinan el rendimiento del piloto y evitar errores.
Aplicarla significa entender cómo aprende cada alumno, cómo gestiona la presión y cómo reacciona ante el error. La psicología también influye en la manera en que doy un retorno y en cómo promuevo la reflexión para detectar oportunidades de mejora. No se trata solo de enseñar maniobras o procedimientos, sino de cultivar actitudes seguras, pensamiento crítico y autoconciencia situacional. Mi objetivo es formar pilotos técnicamente competentes y con habilidades blandas equilibradas, capaces de tomar decisiones seguras dentro de la operación comercial.
¿Qué desafíos psicológicos consideras más frecuentes entre los pilotos y tripulantes actualmente, y cómo se pueden abordar desde una perspectiva profesional?
El estrés operativo, los entornos aeroportuarios congestionados, la fatiga acumulada y la dificultad para conciliar la vida personal y laboral son desafíos muy presentes en un entorno que exige lo mejor de uno mismo en todo momento. Estos retos deben abordarse desde la prevención: programas de peer support, cultura no punitiva, formación en gestión emocional y acceso a apoyo psicológico especializado dentro de las compañías aéreas.
¿Cómo ha evolucionado la psicología aeronáutica en los últimos años y hacia dónde crees que se dirige, especialmente con los avances tecnológicos y la IA?
La psicología aeronáutica ha pasado de centrarse en el error humano a analizar la interacción entre la persona y el ecosistema operativo. Hoy se estudian más las dinámicas de equipo, el liderazgo, la carga cognitiva y la resiliencia. Con la IA y el análisis de datos, el futuro apunta hacia una psicología más predictiva y preventiva, capaz de identificar patrones de riesgo antes de que afecten a la seguridad o, en el peor de los casos, pudieran desembocar en un accidente. No obstante, creo que el gran reto será mantener siempre el componente ético y humano en ese proceso, algo esencial para el aprendizaje y la mejora continua de todos.
¿Cómo fue tu experiencia como estudiante de Psicología en la UOC?
Muy positiva. La UOC ofrece una formación rigurosa y flexible que me permitió compatibilizar una profesión exigente —pese a los cambios de trabajo e incluso de lugar— con los estudios. Los contenidos están actualizados y la metodología fomenta el trabajo constante, la reflexión y la disciplina individual. Además, el contacto con docentes y compañeros de perfiles muy diversos enriqueció enormemente mi experiencia y me permitió aplicar lo aprendido directamente en el ámbito aeronáutico, además de servirme como una valiosa oportunidad de crecimiento personal.
¿Qué ventajas destacarías del modelo en línea de la UOC frente a la enseñanza presencial?
Destacaría tres: flexibilidad, autonomía y aplicabilidad. El modelo en línea permite organizar el tiempo de estudio sin renunciar a la profundidad académica. Además, promueve un aprendizaje más reflexivo y autónomo, donde el estudiante se convierte en protagonista de su proceso. Para quienes trabajamos en sectores con horarios variables, es una opción que facilita continuar creciendo sin interrumpir la carrera profesional.
¿Qué consejo darías a otros profesionales que estén pensando en estudiar Psicología o en aplicar el conocimiento psicológico en su trabajo?
Que lo hagan. La psicología no solo cambia lo que sabes, sino cómo interpretas las situaciones y las personas. En cualquier ámbito —y especialmente en la aviación—, comprender el comportamiento humano mejora la comunicación, el liderazgo, la toma de decisiones y la seguridad. Es una disciplina que amplía la mirada y permite trabajar con mayor empatía, equilibrio y eficacia. Más aún si tenemos en cuenta que avanzamos hacia una sociedad donde las personas están en el centro y donde las competencias emocionales y relacionales serán cada vez más determinantes para el éxito profesional y organizacional.
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Anna Sánchez-Juárez