Las mujeres en la televisión: más visibles, pero menos escuchadas
Expertas de la UOC alertan de que los estereotipos persisten a pesar del aumento de la presencia femeninaLas mujeres tienen menos tiempo de palabra y menos centralidad narrativa en televisión, según un estudio
Henar Álvarez es la primera mujer que lidera un programa nocturno (late night) en horario de máxima audiencia en la televisión pública española. Llega tras pasar por RTVE Play, más tarde por La 2 y, finalmente, este abril ha llegado al canal principal. No es una anécdota: hasta ahora, los programas de este tipo —históricamente liderados por hombres (Andreu Buenafuente, David Broncano y Pablo Motos)— han sido un espacio casi exclusivo de figuras masculinas, especialmente en franjas de máxima audiencia y en formatos de humor vinculados a la actualidad política.
Su programa, con un equipo mayoritariamente femenino y una mirada feminista, debutó con más de un millón de espectadores. Podría parecer un paso hacia una televisión que deja atrás a la mujer como objeto decorativo —la conocida como mujer "florero"— para convertirla en sujeto discursivo. Pero, según las expertas, este cambio aún es reciente, incompleto y desigual.
"No hemos dejado atrás la figura de la mujer "florero"—decorativa, silenciosa y sin poder real. Hoy es menos frecuente, pero ha mutado hacia formas más sofisticadas: con más presencia, pero no siempre con mayor relevancia", apunta Elena Neira, profesora colaboradora de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) e investigadora del Grupo de Investigación en Aprendizajes, Medios de Comunicación y Entretenimiento (GAME).
La mujer "florero" no desaparece, se transforma
Los datos avalan esta percepción. Un estudio masivo del 2024 que analiza más de 32.000 horas de televisión y radio concluye que las mujeres continúan infrarrepresentadas: tienen menos tiempo de palabra, menos presencia y, sobre todo, menos centralidad narrativa y poder discursivo. Otras investigaciones recientes (2025) apuntan en la misma dirección: pese al aumento de personajes femeninos, los estereotipos persisten y la representación no siempre implica una transformación real del relato. En muchos casos, son más vistas que escuchadas.
Esta desigualdad, según Sonia Herrera, profesora de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la UOC y también investigadora del grupo GAME, debe entenderse como una forma de violencia simbólica: "Reduce a las mujeres a presencia decorativa, a cuerpo, y las despoja de autoridad, de voz, de historia y de complejidad". En algunos formatos, la presencia de las mujeres es simplemente decorativa. En otros formatos están, pero no consiguen tener un papel destacado ni protagonista. "No es una violencia espectacular ni explícita, pero precisamente por eso es tan efectiva: naturaliza la idea de que las mujeres están en pantalla para adornar o validar", añade Herrera.
“A menudo el estereotipo no desaparece, sino que se renueva y maquilla de modernidad o, incluso, de empoderamiento y subversión”
De la televisión de los noventa a la actualidad
La evolución del rol femenino en televisión muestra un recorrido claro, aunque no lineal. En los años ochenta y noventa, figuras como las Mama Chicho simbolizaban una televisión en la que la mujer era esencialmente decorativa, utilizada como reclamo visual en un contexto de competencia por la audiencia y lógicas de producción marcadamente masculinas. "Fueron figuras que surgieron especialmente en las cadenas privadas, en un contexto marcado por la competencia por la audiencia y la dependencia de la publicidad", apunta Neira.
A partir de los años 2000, las mujeres ganan presencia como presentadoras, pero a menudo en formatos considerados "seguros", es decir, ejerciendo como presentadoras pero sin liderar los programas importantes ni el mismo tipo de contenidos que los hombres: programas del corazón, magacines de tarde o concursos "amables". En la década de 2010, se introducen nuevas voces a través del entorno digital —pódcast, redes sociales o nuevos formatos de humor— que cuestionan los roles tradicionales. Es en este contexto que, a partir de 2020, se produce un acceso progresivo de las mujeres a espacios de mayor visibilidad y poder mediático, con casos como el de Henar Álvarez.
Aun así, su presencia en el horario de máxima audiencia de entretenimiento continúa siendo minoritaria y a menudo condicionada por estructuras de poder que aún no se han transformado del todo. "El sistema audiovisual tiene una gran capacidad para reciclar sus propios esquemas y apuntalar el statu quo. A menudo el estereotipo no desaparece, sino que se renueva y se maquilla de modernidad o incluso de empoderamiento y subversión", advierte Herrera.
La televisión como constructora de imaginarios sociales
"Una función clave del audiovisual no es representar realidades, sino construirlas y ofrecer otras formas de ver, ser y estar en el mundo. La televisión no solo refleja la sociedad, sino que construye imaginarios colectivos sobre qué es ser mujer y qué se espera de ella", recuerda Herrera. En este sentido, el reto ya no es solo aumentar la presencia femenina en pantalla, sino garantizar su voz, su complejidad y su protagonismo real dentro de los relatos audiovisuales. "En formatos comerciales como los programas de telerrealidad (realities), concursos y programas de entretenimiento, todavía se detectan patrones heredados de la televisión más generalista. El cuerpo, la edad o la apariencia continúan condicionando el rol de las mujeres", apunta Neira.
Según las expertas, el ámbito de las plataformas de contenidos ha ayudado a ampliar las fronteras. "En cuanto a la ficción, han introducido diversidad en los relatos, los géneros y los perfiles femeninos, lo que supone un avance", detalla Neira. En esta línea, Herrera apunta que se han diversificado las pantallas y podemos encontrar personajes femeninos más contradictorios, más autónomos y más complejos que hace unos años. Como motor para impulsar el cambio también está la audiencia, que desde casa ha cuestionado la persistencia de ciertos roles. "La industria ha tenido su papel, pero casi siempre a remolque de la sociedad. El paso del tiempo y la creación de nuevos códigos sociales han llevado a las audiencias a señalar prácticas problemáticas. Esto, al final, ha dado lugar a una revisión de los contenidos por la presión de los espectadores y el riesgo reputacional", señala Neira.
Más presencia no es igual a más poder
A pesar de los avances, las expertas insisten en que el reto ya no es solo cuantitativo. "Es importante no quedarnos únicamente con la presencia de más mujeres en pantalla, sino preguntarnos cómo están construidos sus personajes, qué función narrativa tienen y si realmente desplazan la mirada patriarcal o solo la actualizan", apunta Sonia Herrera. En este sentido, también subraya la importancia de quién ocupa los espacios de decisión: la presencia de mujeres —y de perfiles diversos— detrás de la pantalla influye directamente en los contenidos, los temas y el lenguaje audiovisual.
Herrera recuerda que la televisión puede ser una herramienta poderosa de transformación social y de apertura de imaginarios más amplios y justos, pero advierte de que sigue reproduciendo desigualdades estructurales mientras la voz dominante siga siendo mayoritariamente masculina -y blanca- y las mujeres continúen infrarepresentadas en los espacios de decisión.
En la misma línea, Elena Neira señala que, pese a los progresos, la igualdad real aún no se ha alcanzado: "Hay más mujeres, más diversidad y más protagonismo, pero también desigualdades estructurales: en quién crea los contenidos, en qué historias se cuentan y en cómo se representan. Por ahora, la igualdad es un proceso en marcha más que un objetivo plenamente alcanzado".
Expertos UOC
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Núria Bigas Formatjé