20/2/26 · Cultura

"Desconocer nuestra historia es desconocer quiénes somos"

La investigadora y profesora colaboradora de la UOC ha sido galardonada con el Premio Ciudad de Barcelona 2025 por 'L'espoli general, una recerca sobre la requisa franquista del patrimoni associatiu i obrer dels territoris de parla catalana'
Neus Moran

(Foto: Enrique Marco)

Neus Moran Gimeno (Valencia, 1979) es doctora en Historia Contemporánea por la Universidad de Barcelona y licenciada en Bellas Artes por la Universitat Politècnica de València, donde también desarrolló su investigación doctoral en el ámbito del arte público. Actualmente es investigadora del grupo de investigación SEC-History (Sociedad, Estado y Cultura), vinculado al Centro de Investigación Interdisciplinario en Transformaciones Sociales y Culturales (UOC-TRÀNSIC), y a partir de marzo empezará a ejercer de profesora colaboradora de los Estudios de Artes y Humanidades de la UOC.

Su trayectoria investigadora se ha centrado en la represión franquista y, especialmente, en el uso sistemático de la requisa patrimonial como mecanismo represivo. Su tesis doctoral, dedicada al CADCI (Centro Autonomista de Dependientes del Comercio y de la Industria), abrió una línea de investigación que ha seguido ampliando en varios libros. El más reciente, L'espoli general. La requisa franquista del patrimoni del moviment associatiu i obrer dels territoris de parla catalana (L'Avenç, 2025), ha sido reconocido con el Premio Sàpiens a la mejor investigación del año y con el Premio Ciudad de Barcelona 2025 Agustí Duran i Sanpere, en la categoría de Ensayo, Humanidades e Historia. En esta entrevista reflexiona sobre la dimensión económica de la represión, sus consecuencias intergeneracionales y el papel que pueden desempeñar hoy las humanidades.

¿Cómo recibiste la noticia del Premio Ciudad de Barcelona 2025 y qué significa para ti que se reconozca una investigación como esta?

Fue una gran sorpresa recibir el premio. No me lo esperaba para nada, porque no es algo a lo que te presentas, sino que te eligen el libro. Yo no tenía ni idea de que entraba dentro de la lista. Es muy gratificante ver que se reconoce un trabajo así, con las implicaciones que tiene. Se reconoce la importancia o la validez de los trabajos que hacemos de la historia y las implicaciones que tienen en la actualidad, la relevancia que tiene la investigación histórica en momentos como los actuales.

En este trabajo en concreto, las implicaciones son actuales porque estudio un delito que está considerado de lesa humanidad y, por lo tanto, no prescribe. Era importante identificar el máximo número de asociaciones de víctimas posible. Y ahora, por fin, tenemos datos y documentos con los que pueden corroborar aquel crimen e iniciar las medidas que consideren oportunas. Es de muchísima relevancia e impacto actual. Más si pensamos que la requisa la sufrieron todas aquellas personas naturales y jurídicas (asociaciones, instituciones, empresas, ayuntamientos…) que el Movimiento Nacional calificó de enemigas. A estas alturas, muchas víctimas no saben ni que lo fueran, y el delito continúa sin reparación, amparado en la máxima impunidad.

Tu investigación sobre la requisa franquista empieza con la tesis dedicada al CADCI (Centro Autonomista de Dependientes del Comercio y de la Industria). ¿En qué momento te das cuenta de que el fenómeno va mucho más allá de un caso concreto?

Empiezo a investigar el tema a través de la tesis. Hice la tesis sobre el CADCI. Durante la tesis vi que la morada social del CADCI, que actualmente continúa adscrito al Ministerio de Trabajo, no era la única que había sido confiscada y transferida a organismos estatales. La pregunta era obvia: si no solo es el CADCI, vamos a ver cuántas más víctimas hay. Nadie lo había investigado antes. No teníamos datos de cómo había sido esa requisa. A medida que profundizas, vas viendo que no solo son los edificios, sino que todo el patrimonio que podían tener las víctimas (muebles, obras de arte, cuentas corrientes, documentación, lo que conocemos como papeles de Salamanca) es confiscado de forma indiscriminada y sistemática, y es inmediatamente declarado propiedad del nuevo Estado. La sorpresa también fue que todo eso se empieza a articular desde el mismo inicio de la guerra. Desde septiembre de 1936, el gobierno de Burgos dictó una normativa específica para poder requisar esos bienes, apropiárselos y sacar el máximo beneficio.

¿Qué función tenía la requisa dentro del sistema represivo franquista? ¿Era solo una cuestión económica o formaba parte de una estrategia más amplia?

La requisa es un mecanismo de represión en que confluyen dos lógicas. Una es puramente económica, mercantil, para conseguir fondos de forma muy rápida. Primero dicen que se destina a los gastos de la guerra y después a la reconstrucción. Y también para recompensar la fidelidad de todas aquellas personas que han sido fieles al levantamiento. Y, por otro lado, está la lógica represiva, que es la de castigar a todos los que se consideran enemigos políticos. Lo que se pretende es ahogar económicamente a todo un sector de la población que se considera hostil y desarticular cualquier posible disidencia. Si los dejas sin recursos, nunca podrán levantar cabeza. Es una manera más de inocular el terror de forma intergeneracional.

¿Qué impacto tuvo esta política sobre el tejido asociativo republicano, especialmente en los territorios de habla catalana?

El tejido asociativo republicano era muy diverso. El número de asociaciones que había formadas en los Países Catalanes, y en especial en Cataluña, es incomparable con el que había en el resto del Estado. Eran entidades que se formaron por iniciativa de la sociedad civil, de las clases más populares y obreras, para dar asistencia a todas las necesidades que el Estado no cubría: salud, trabajo, educación, cultura… Con unos valores muy claros, sobre la base de la solidaridad. Los convierten en un enemigo interior por abatir desde el comienzo. La destrucción es total. El tejido asociativo se redujo a cero. Y la forma de volver a darse de alta como entidad era hacer una limpieza interna, que toda la directiva fuera falangista y entrar dentro de una de las ramas del Sindicato Vertical.

Has trabajado con casos concretos y con familias afectadas. ¿Qué implica poner nombres y apellidos a esa represión económica?

Creo que para las familias es muy gratificante ver, por fin, que el relato que se ha mantenido y transmitido entre generaciones está sostenido por una documentación que lo corrobora. Pero a la vez es muy delicado. La confiscación funciona en paralelo con las otras vías de represión. Hubo gente que fue fusilada y, después de muerta, fue procesada por responsabilidades políticas, lo cual comportaba el embargo precautorio de sus bienes. Esto tiene una intención clara: afectar a las familias. Y el estigma queda. Un procedimiento judicial de estas características genera una marca que se arrastra durante varias generaciones. Sobre todo en los municipios más pequeños, donde todo el mundo puede intuir o saber quién se ha quedado con qué o quién ha denunciado a aquel otro y por qué. Como decía, son crímenes contra la humanidad pensados desde el Estado porque afectan a muy largo plazo.

En un momento en que el debate público a menudo simplifica o instrumentaliza el pasado, ¿qué perdemos como sociedad cuando se debilita el pensamiento histórico y crítico?

Perdemos parte de nuestra identidad. Desconocer nuestra historia es desconocer quiénes somos. Si desconocemos lo que fuimos y no ponemos medidas, una vez que conozcamos lo que fuimos para poder salir adelante, el camino seguirá torcido. Siempre tenemos la posibilidad de cometer los mismos errores.

Inicias ahora una nueva etapa como profesora colaboradora en la UOC. ¿Cómo afrontas esta experiencia docente?

Todavía no he hecho de profe. Empiezo ahora en marzo y no sé con qué me encontraré. Lo que espero es que me aporte a mí también, que no sea solo yo la que aporte, sino poder ver otras formas de enfocar la investigación. Los alumnos vienen de formaciones diversas, con niveles diversos, y esto es interesante. Yo vengo de Bellas Artes, que es un campo totalmente distinto, y me ha aportado mucho, como por ejemplo hacerte preguntas y no tener miedo de hacértelas. Trabajas en una hoja en blanco. A mí lo que me gusta es entrar y abrir cajas. Soy una rata de archivo.

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