El algoritmo del morbo: cómo los 'realities' crean fenómenos virales y afectan a nuestra salud mental
Desde las técnicas psicológicas de las máquinas tragaperras para enganchar al espectador hasta la ingeniería social en redesPsicólogos y expertos en comunicación advierten sobre cómo estos formatos distorsionan la visión de las relaciones en los jóvenes y generan graves problemas de salud mental a los concursantes
La Isla de las Tentaciones cerraba este enero su novena temporada con casi 1,3 millones de espectadores enganchados a las historias de Darío y Almudena o Mayeli y su embarazo. La cadena ha confirmado el inicio de las grabaciones de la décima temporada para este mismo enero de 2026, con una distancia de tan solo seis meses entre una y otra, una estrategia para frenar la caída de las cifras de audiencia. "La madurez de la audiencia ha permitido llevar los límites un poco más allá, con escenas explícitas o situaciones que, probablemente, hace 20 años no se habrían visto en pantalla", detalla Elena Neira, profesora colaboradora de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) e investigadora del Grupo de Investigación en Aprendizajes, Medios y Entretenimiento (GAME).
“Existen numerosos estudios académicos que afirman que este tipo de formatos tienen un impacto en la imagen que el público tiene de las relaciones personales y amorosas.”
Han pasado 26 años desde aquel 23 de abril de 2000 en el que el primer Gran Hermano desembarcó en España, en Telecinco, con cuotas de pantalla superiores al 70 % y más de 9 millones de espectadores, cifras impensables hoy en día. Después llegaron El Bus, Supervivientes: Expedición Robinson u Operación Triunfo. "Cuanto más intenso es el conflicto que se presenta, más impacto emocional nos genera y más deseamos ver cómo se resuelve", apunta Aleix Comas, profesor colaborador de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC.
Lo que queda claro es que el formato funciona después de más de dos décadas. "La fórmula de los realities es bastante canónica: mantener la retransmisión lo menos adulterada por el montaje posible e introducir elementos que permitan generar situaciones impactantes", comenta Neira. ¿Pero qué factores psicológicos influyen a la hora de mantener a los espectadores enganchados? Según Comas, son tres grandes elementos: la estructura del programa, el morbo y la comparativa social.
En cuanto a la estructura del programa y de los capítulos, es importante el uso del cliffhanger, un recurso que corta la narración en el punto de máxima tensión dramática y que provoca que el espectador quiera ver el siguiente episodio. También destaca el uso de la anticipación de imágenes, que funciona como un señuelo para enganchar a la audiencia. "Son reforzadores psicológicos bastante similares a los que se utilizan en las máquinas tragaperras", advierte Comas.
El segundo elemento son el morbo y el voyerismo: "Nos dan la oportunidad de ver a personas reales —que, en principio, no son actores— en situaciones nuevas y de cierta intimidad que no podríamos presenciar de otras formas", comenta el psicólogo.
Finalmente, la comparativa social permite poner al espectador en la piel del concursante con el que se siente identificado (por problemas de pareja, vivencias de traición o duelos, entre otros). "Esto hace que queramos ver cómo resuelven su situación particular y si es útil o no para nosotros. Sería una especie de aprendizaje de cómo resolver conflictos, a pesar de no ser, en muchos casos, las fuentes más adecuadas de relaciones sanas y equilibradas", puntualiza Comas. Según el experto, la vivencia de problemas "reales" hace que los espectadores se vinculen con los participantes y tengan interés en el desenlace.
La trampa del amor tóxico
Esta vinculación puede crear falsas creencias. "Hay numerosos estudios académicos que afirman que formatos de este tipo tienen un impacto en la imagen que el público tiene de las relaciones personales y amorosas. En general, trasciende una versión algo contaminada de lo que son las relaciones y eso, para determinados grupos demográficos, puede acabar siendo un baremo que luego tomen como referencia en sus vidas", comenta Neira. De hecho, el público principal de algunos de estos realities se sitúa entre los 18 y los 34 años, incluyendo franjas de edad complejas en términos de salud mental.
"Estos formatos refuerzan los estereotipos, ya que los perfiles y los comportamientos que resultan de la edición del programa se seleccionan no en función de lo que es más real o más sano, sino en función de lo que creen que va a generar más audiencia, que justamente suelen ser comportamientos muy polarizados y relaciones muy tóxicas", advierte Comas.
El peligro de todo ello es que, de tanto presentarlo, se acaba normalizando: "Podemos dar por hecho que los conflictos intensos son inevitables y esperables, y que las estrategias que vemos por televisión para gestionarlos son las adecuadas. Esto daría por válidas estrategias evitativas y agresivas que son un gran problema de cara a mantener relaciones interpersonales sanas", añade el psicólogo.
Un consumo excesivo de este tipo de programas puede acarrear una serie de problemas: "Una pérdida de referencias y de criterios para establecer relaciones interpersonales sanas; una comparativa constante con los personajes que facilite una sensación de ser menos, con la consecuente bajada de autoestima, o una dificultad para afrontar y gestionar los problemas personales propios al evadirnos con este contenido constantemente", enumera Comas. De hecho, un informe de Mental Health Foundation (Reino Unido) con YouGov indica que casi 1 de cada 4 personas jóvenes (de entre 18 y 24 años) afirma que ver reality TV le provoca preocupación por su imagen corporal.
Sufrir la fama
Pero el formato no solo tiene consecuencias para quien lo consume, también para quien lo protagoniza. Cuando se vive en una realidad nueva, fuera del entorno habitual, y se crea un grupo de convivencia nuevo con el que relacionarse 24x7, puede que "estos cambios empujen a los participantes a actuar no tanto según quienes son, sino según el contexto que los rodea. Y esto los lleva a tomar decisiones y realizar acciones que muy posiblemente no harían fuera", comenta Comas.
Después del programa puede haber muchos cambios emocionales que sean desagradables: "En primer lugar, les sacan de esa realidad paralela, por lo que tienen que hacer un duelo de la vida que llevan allí y volver a integrarse en la rutina que tenían anteriormente, si es que todavía pueden recuperarla", advierte el psicólogo.
El impacto viene sobre todo cuando el reality se emite por televisión, que es cuando el concursante se enfrenta al juicio público basado en un personaje construido en la sala de montaje, a menudo negativo, y no en quien es realmente. Y después llega el difícil proceso de asimilar el luto cuando esa fama efímera se evapora y la audiencia pasa a la siguiente novedad. "Todo ello facilita sentir sintomatología ansiosa y depresiva que puede derivar en un trastorno si no se gestiona bien", añade Comas.
El meme como motor socializador
En gran parte, esa fama se genera en la conversación social en redes, un espacio fundamental para el desarrollo y éxito de este tipo de formatos. "La apuesta de los realities por parte de las cadenas de televisión se basa precisamente en su capacidad de generar conversación en paralelo a la retransmisión, lo que permite no solo crear comunidad, sino también amplificar el alcance del programa y atraer a nuevas audiencias, seducidas por ese runrún que provocan determinadas situaciones", explica Neira.
Por otro lado, según la experta, "la polémica se alimenta de forma deliberada; hay que servir en bandeja temas que permitan generar no solo conversación, sino también memes". Por ejemplo, el famoso "Montoya, por favor" de la pasada edición de La Isla de las Tentaciones se convirtió en un fenómeno viral internacional. El audio de desolación del concursante viendo como su pareja le era infiel trascendió la barrera del idioma porque el tono de desesperación es universal. Lo usaron KFC Francia en una campaña de colaboración con Burger King; clubes de fútbol como el Atlético de Madrid, el PSG y el Borussia Dortmund, y también en la Fórmula 1, y lo analizaron medios internacionales como The Guardian. "Los memes son el termómetro de la popularidad de un formato", añade Neira, que afirma que este fue un "momento cocinado".
Precisamente, conocer los memes o las bromas vinculadas al programa permite socializar a través del reality, lo que los expertos consideran una herramienta para fidelizar al espectador. "En el momento en el que un gran número de personas habla del reality, se genera una presión grupal para que tú también lo veas: o lo ves y formas parte del grupo en la conversación o estás fuera", concluye Comas.
Expertos UOC
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Núria Bigas Formatjé