1/4/26

Tres de cada cuatro niños presentan síntomas de trauma: un estudio alerta sobre una crisis silenciosa en la preadolescencia

El 74 % de los niños evaluados supera el corte clínico de síntomas de trastorno de estrés postraumático (TEPT)

Las niñas reportan mayores niveles de estrés y TEPT que los niños, quienes mostraron mayor autocompasión

Expertos proponen integrar la autocompasión y el mindfulness en el currículo escolar como herramientas de resiliencia ante un entorno de alta presión social y vulnerabilidad.

Un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y de instituciones argentinas ha arrojado luz sobre la crítica situación de salud mental que enfrentan los niños de once años en una zona desfavorecida de Buenos Aires (Argentina). La investigación subraya una necesidad urgente de implementar programas de prevención con perspectiva de género y enfoque de trauma dentro del sistema educativo.

El estudio Protecting young minds:insights on pre-adolescents' mental health from a school-based study in Argentina revela que el 74 % de los niños superan el umbral clínico de trastorno de estrés postraumático (TEPT), es decir, tres de cada cuatro niños crecen con síntomas de trauma no tratados. Para la Dra. Perla Kaliman, profesora colaboradora de la UOC, investigadora honoraria del Center for Healthy Minds de la Universidad de Wisconsin (en Madison) y líder de este estudio, "esta situación se asocia con mayor riesgo, en la adolescencia y edad adulta, de depresión, ansiedad, trastornos de comportamiento, enfermedades crónicas, conducta suicida y oportunidades limitadas para llevar una vida plena. En términos comunitarios, esto implica mayor carga para el sistema de salud, menor capital humano futuro y riesgo de transmisión intergeneracional de trauma si no se interviene tempranamente".

Además, los hallazgos sobre el estrés percibido son similares a estudios previos realizados en diversos países, incluidos Canadá, Australia, Suecia, Bulgaria, China y Polonia, indicando que las niñas tienden a experimentar niveles más altos de estrés percibido y exhiben peores resultados psicológicos que los niños. Ante esto, la investigadora comenta que "globalmente, las niñas muestran una salud mental más afectada que los niños. Esto no es un fenómeno exclusivo de Buenos Aires. Entre los factores relevantes están la mayor presión sobre las niñas por la imagen corporal y aprobación social, un mayor riesgo de sufrir violencia sexual o acoso, que aumenta desde la preadolescencia. También existen patrones culturales que penalizan la expresión abierta de enojo o límites por parte de las niñas, algo que puede amplificar la sintomatología traumática. Los niños suelen externalizar más el trauma a través de conductas violentas o de riesgo. Estos comportamientos en las niñas son socialmente percibidos como más disfuncionales que en los niños".

 

El mindfulness y la autocompasión como antídotos

A pesar del panorama adverso, la investigación también identificó factores protectores clave. Los rasgos de personalidad asociados a la atención plena (mindfulness) y de autocompasión mostraron una correlación negativa significativa con el estrés y los síntomas de TEPT. Es decir, que el cultivo intencional de estas cualidades podría representar una estrategia eficaz para prevenir o disminuir los altos niveles de trauma y de ansiedad que atraviesa la infancia actualmente.

El equipo investigador propone que estas estrategias no sean consideradas complementos, sino parte integral del currículo escolar. Sin embargo, ¿cómo podemos enseñar a las preadolescentes a ser más amables consigo mismas para que esta herramienta realmente actúe como un factor protector contra el estrés? Para la Dra. Kaliman, "existen intervenciones efectivas en contextos escolares a través de programas que incluyen un entrenamiento explícito para desarrollar un lenguaje interno amable hacia uno mismo, disminuir la autocrítica, regular las emociones a través de la conciencia corporal, identificar las cualidades y fortalezas propias y desarrollar un sentido de conexión con los demás. Desde la organización sin fines de lucro que dirijo,Generation Alpha Minds, hemos desarrollado un programa que incluye dichas estrategias, entre otras, para promover la salud mental en preadolescentes, tanto niñas como niños. En realidad, aunque se observen diferencias de género significativas en lo que respecta a la salud mental en preadolescentes, tanto niños como niñas están atravesando una grave crisis de salud mental". 

La investigadora de la UOC comenta que "actualmente, estamos implementando este programa para preadolescentes en contextos vulnerables en Ucrania, Francia, El Salvador y Argentina. El programa que hemos desarrollado para preadolescentes se basa en el entrenamiento en estrategias de regulación atencional y emocional, a la vez que provee herramientas lúdicas y sencillas para reforzar la conexión con uno mismo y con los demás a través de la compasión, la gratitud y otros valores positivos. Nuestro programa también ayuda a los niños a identificar el propósito en sus acciones tanto cotidianas como más a largo plazo, con el objetivo de orientar de manera constructiva sus motivaciones y actividades. Todo esto se basa en evidencias neurocientíficas recientes sobre el impacto de estos aspectos en el bienestar psicológico".

 

Limitaciones y llamados a la acción

Según indica Kaliman, el mayor obstáculo no es la falta de evidencia, sino el subfinanciamiento estructural en salud mental en América Latina, que recibe un gasto promedio del 2 % del presupuesto sanitario, según la Organización Panamericana de la Salud, y la prevención no es la prioridad. Por otra parte, además del estigma que puede acompañar a temas relacionados con salud mental, hay una formación docente insuficiente en temas relacionados con la crisis de salud mental en la infancia y estrategias preventivas. En general, los sistemas educativos suelen centrarse exclusivamente en métricas académicas estandarizadas que no incluyen aspectos preventivos relacionados con el bienestar psicosocial y emocional. Aunque organismos como la UNESCO promueven el aprendizaje socioemocional, la implementación depende de la voluntad política y de recursos sostenidos.

De acuerdo con las conclusiones y recomendaciones del estudio, se identifican algunas acciones clave que pueden favorecer la salud mental en niños y adolescentes, entre las que encontramos:

  1. Implementar programas escolares basados en evidencia científica

Incorporar currículos estructurados y protocolizados de bienestar psicológico en las escuelas, con el mismo nivel de prioridad que las materias académicas tradicionales. Estos programas deben estar respaldados por investigación rigurosa y alineados con los objetivos educativos. Estas iniciativas también pueden presentarse como herramientas para mejorar la convivencia, prevenir la violencia y fortalecer el aprendizaje, reconociendo la salud mental como base del éxito académico y del desarrollo social.

  1. Diseñar intervenciones sensibles al género

Desarrollar enfoques específicos que consideren las diferencias de género observadas en el estrés percibido, la autocompasión y los síntomas relacionados con el trauma. Las intervenciones deben adaptarse a las trayectorias emocionales y sociales diferenciadas de niños y niñas.

  1. Integrar entrenamiento en mindfulness y autocompasión

Incluir prácticas de conciencia plena y autocompasión como componentes centrales de los programas escolares. Estas estrategias se presentan como herramientas protectoras frente al estrés y los síntomas asociados al trauma, favoreciendo la regulación emocional y la resiliencia.

  1. Fomentar intervenciones multimodales

Combinar distintas prácticas como el movimiento, el juego, las artes expresivas y actividades en la naturaleza, para aumentar la probabilidad de que cada estudiante conecte con alguna modalidad acorde a sus necesidades emocionales y preferencias personales.

  1. Capacitar a docentes y profesionales clave

Garantizar que maestros, orientadores, psicólogos educativos y trabajadores sociales reciban formación específica y puedan encarnar los principios que promueven los programas, fortaleciendo su propio bienestar psicológico (empatía, regulación emocional, autocompasión).

  1. Promover enfoques colaborativos con familias y comunidad educativa

Impulsar objetivos compartidos, comunicación transparente y participación activa de educadores y familias para mejorar la aceptación de los programas y reducir el estigma asociado a la salud mental.

Los resultados de esta investigación no solo evidencian una crisis silenciosa de salud mental en la preadolescencia, sino que también señalan un camino claro de acción, subrayando que la promoción de la salud mental infantil no debe entenderse como un complemento opcional, sino como un pilar estructural de los sistemas educativos contemporáneos, especialmente en un contexto marcado por la digitalización, la presión social y los desafíos globales. Esto puede marcar la diferencia entre perpetuar el trauma o construir generaciones más resilientes, con mayores oportunidades de bienestar y desarrollo pleno.

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