12/3/26 · Economía

"El término ‘turismo sostenible’ prácticamente se ha convertido en una expresión vacía"

Raoul Bianchi, profesor e investigador de la Universidad Metropolitana de Mánchester

Raoul Bianchi

El profesor Raoul Bianchi fue un ponente invitado en un seminario internacional de investigación en la UOC (foto cedida por Raoul Bianchi)

En esta entrevista, Raoul Bianchi, investigador de la Universidad Metropolitana de Mánchester, analiza el modelo actual de turismo de masas, que describe como un sistema vinculado intrínsecamente a la desigualdad social, la crisis climática y la financierización de los destinos, especialmente del Mediterráneo. Estos fueron los temas centrales de su contribución a un seminario internacional organizado por el grupo de investigación Nuevas Perspectivas en Turismo y Ocio (NOUTUR), que forma parte del Centro de Investigación en Transformación Digital y Gobernanza (UOC-DIGIT). Bajo el título La doble transición (verde+digital) en el turismo en la era de la policrisis, el evento proporcionó una plataforma en la que el investigador ofreció sus ideas sobre cómo reformular el sector turístico.

Según tu investigación, ¿cómo definirías la relación actual entre el turismo de masas, las comunidades locales y el desarrollo regional desigual?

La clasificación dentro de lo que a menudo denominamos industrias turísticas, que comprenden una multitud de empresas repartidas por diversos sectores económicos. Mi investigación se ha centrado principalmente en áreas de crecimiento turístico de alta intensidad y en grandes concentraciones de complejos turísticos a gran escala integrados en circuitos transnacionales de capital.

“El turismo se ha visto cada vez más envuelto en múltiples crisis e injusticias entrecruzadas”

¿Qué consecuencias sociales y medioambientales ha tenido este modelo de crecimiento turístico de alta intensidad?

El crecimiento continuo del turismo de masas en estas zonas ha generado tensiones insuperables, por un lado, entre los beneficios empresariales y la pobreza estructural y la desigualdad, y por otro, entre la dinámica del crecimiento turístico (que consume muchos recursos) y las condiciones ecológicas que sustentan el planeta. Datos recientes sugieren que las zonas con una alta especialización turística se caracterizan por altos niveles de pobreza y desigualdad, y que las emisiones relacionadas con el turismo y los niveles de consumo de energía y recursos siguen sin cesar. Tanto por su continuo ataque a la naturaleza como por su contribución al agravamiento de las desigualdades sociales relacionadas con el estancamiento salarial y la crisis de la vivienda, el turismo se ha visto cada vez más envuelto en múltiples crisis e injusticias entrecruzadas.

¿Cuáles consideras que son los principales retos estructurales a los que se enfrenta la gobernanza turística contemporánea, especialmente en los destinos que sufren la presión del turismo de masas?

Yo diría que el reto más acuciante de todos es la crisis climática, en particular la amenaza que suponen los fenómenos meteorológicos extremos y el colapso de los ecosistemas para la viabilidad económica de los destinos y medios de vida de las personas residentes. Y a eso le añadiría la captación de las rentas del turismo por parte del capital basado en plataformas, lo que a su vez ha agravado las crisis sociales relacionadas con el crecimiento del turismo. Las tensiones continuas entre turistas y residentes por la falta de viviendas asequibles plantean un reto importante para la política y la gobernanza del turismo. Fortalecer los derechos de los trabajadores y eliminar los abusos contra los derechos humanos, ya sea en las cadenas de suministro o en relación con la desposesión y el desplazamiento de los pueblos indígenas y las comunidades locales para dar paso al turismo, son cuestiones aún frecuentes y pendientes de resolver.

Has escrito sobre las economías de visitantes y la ingobernabilidad del turismo. ¿Podrías poner un ejemplo de un destino en el que esta tensión quede especialmente patente?

Históricamente, el turismo se ha considerado un ámbito de gobernanza relativamente tecnocrático, que requiere poco más que la aplicación de las herramientas de gestión "correctas" para garantizar un "equilibrio" adecuado entre la actividad turística, las comunidades locales y la naturaleza. Esto ha reforzado la idea generalizada, cuestionada por el aumento reciente de las protestas contra el turismo en muchas ciudades europeas y otros destinos de todo el mundo, de que el turismo es un ámbito despolitizado de la política.

Mientras tanto, la política turística rara vez se ha aventurado más allá de los imperativos de marketing y crecimiento, con la salvedad de referencias a la calidad y la sostenibilidad, y sin apenas mencionar la justicia, la equidad y los derechos por miedo a ahuyentar a los turistas y, lo que es peor, a los inversores. Estos patrones se observan claramente en las Islas Canarias, donde comencé mi carrera investigadora a principios de la década de 1990 con un estudio etnográfico sobre el turismo y el cambio socioeconómico en un pequeño pueblo pesquero de Gran Canaria. En aquella época, comenzaron a circular en las políticas públicas nociones vagas y, en gran medida, retóricas sobre el turismo sostenible. Sin duda, este hecho estuvo influenciado en parte por los primeros intentos de frenar el desarrollo ilimitado de complejos turísticos, encabezados por movimientos ecologistas como El Guincho de Lanzarote, así como por el difunto artista lanzaroteño César Manrique, cuyos esfuerzos fueron fundamentales para las primeras restricciones impuestas al desarrollo turístico por el Consejo Insular de Lanzarote en 1991.

¿Cómo se ha enmarcado tradicionalmente la gobernanza del turismo y cómo ha influido en las prioridades políticas?

Si bien organizaciones influyentes han reconocido muchas de las tensiones y los desafíos a los que se enfrenta actualmente el turismo, al menos de forma retórica, en su mayor parte, las instituciones de gobernanza no han podido gobernar eficazmente el turismo, o no han estado dispuestas a hacerlo, en beneficio del interés público ni de la protección a largo plazo de los ecosistemas.

Has estudiado las contradicciones del turismo sostenible de forma crítica. ¿Qué características estructurales de la economía turística limitan la viabilidad de la sostenibilidad en la práctica?

El término turismo sostenible prácticamente se ha convertido en una expresión vacía. Si se leen entre líneas las estrategias turísticas nacionales y de las Naciones Unidas, a menudo es difícil distinguir entre sostener el turismo y un modelo de desarrollo sostenible centrado en los principios de justicia social y ecológica, que podría implicar una reducción sostenida del volumen de turistas y una redistribución de la riqueza y los recursos. Si aclaramos lo que entendemos por sostenibilidad —por ejemplo, diseñar modelos de negocio y desarrollo turístico en torno a nociones revisadas de prosperidad que promuevan el bienestar humano colectivo y apoyen un mundo natural próspero dentro de los límites biofísicos del planeta—, entonces quizás podamos empezar a pensar seriamente en lo que se necesitaría para lograr ese objetivo.

¿Cómo afectan las características estructurales del sector turístico a los esfuerzos por promover modelos de desarrollo más equitativos y ecológicamente equilibrados?

La proliferación de prefijos —nicho, eco, cultural, patrimonio, etc.— ha servido para ensombrecer, en lugar de iluminar, los caminos hacia modelos de negocio turísticos socializados, ecológicamente equilibrados y equitativos. Es importante tener en cuenta que el turismo no es un sector industrial claramente delimitado o coherente, tal y como podríamos entender, por ejemplo, la industria automovilística. Comprende componentes económicos y no económicos diversos e interrelacionados, de diferente escala e intensidad de capital, a múltiples escalas. Esto hace que las cadenas de suministro sean muy complejas y que rastrear las estructuras precisas de la propiedad corporativa sea bastante difícil, sobre todo si se tiene en cuenta la presencia creciente de plataformas digitales como productoras y agregadoras de experiencias turísticas. Además, el éxito del turismo suele depender de la capacidad de beneficiarse de los bienes comunes y el ámbito público, o incluso de acapararlos. Esto fomenta la búsqueda improductiva de rentas y el comportamiento financiero especulativo que, como hemos visto en el sur de Europa, ha sido un factor importante en la llamada crisis del exceso de turismo.

Tu trabajo menciona la "metamorfosis del capitalismo turístico". ¿Qué implicaciones tiene esta transformación para los destinos maduros del Mediterráneo?

A medida que el turismo ha ido reemplazando a otras vías de inversión rentables, su crecimiento se ha consolidado como sustituto de la innovación productiva. Naturalmente, esto agrava el estancamiento salarial también en momentos en los que el crecimiento del turismo es fuerte y el empleo incluso puede estar aumentando. Relacionado con esto, ha aumentado el papel de los fondos de inversión y otras financieras como grandes inversores en destinos turísticos. Este fenómeno ha adquirido mayor importancia desde la pandemia y la desaparición de muchas pequeñas empresas y microempresas turísticas, que tradicionalmente han sido la base de muchas economías de visitantes del Mediterráneo, especialmente en las islas y las zonas periféricas.

¿Cómo ha influido la participación creciente de los actores financieros en la gobernanza y las estrategias de desarrollo a largo plazo de los destinos mediterráneos?

Si bien las autoridades turísticas se han centrado en mejorar la competitividad de los destinos mediante la innovación y el desarrollo, por ejemplo, del turismo de lujo como medio para fomentar la resiliencia, lo que no se aborda son los procesos y las estructuras cambiantes de acumulación, por los que las financieras extraterritoriales, los fondos de inversión privados y, de hecho, los fondos soberanos se han ido introduciendo cada vez más en este espacio para monopolizar los activos turísticos urbanos y vacacionales y otros activos turísticos estratégicos. Cuando se está lidiando con intereses corporativos y financieros tan poderosos, motivados principalmente por la extracción de rentas y no por el deseo de crear capacidad productiva y bienestar económico a largo plazo, la tarea de desarrollar estrategias eficaces para la transición hacia modelos de negocio turísticos equitativos y ecológicamente equilibrados resulta aún más difícil de lo que ya era cuando se trataba de hoteles y operadores turísticos tradicionales.

Basándonos en tu investigación en España, el Mediterráneo y Oriente Medio, ¿cómo entiendes las conexiones entre el turismo, la migración laboral y el trabajo precario?

Como ha demostrado claramente la investigación realizada por Ernest Cañada (Alba Sud) sobre las camareras de piso en España, la crisis de 2008 provocó un deterioro notable de las condiciones laborales, un aumento de la precariedad y una intensificación del trabajo en todos los ámbitos de empleo relacionados con el turismo. Pese al aumento del empleo turístico en general, la situación solo ha empeorado, ya que las plataformas digitales han transformado significativamente las relaciones laborales y han dificultado la negociación colectiva y la resistencia de los trabajadores. A su vez, las jerarquías de gestión se vuelven cada vez más invisibles tras las plataformas digitales, y el trabajo en sí mismo se integra y controla mediante procesos algorítmicos punitivos.

¿Qué papel desempeña la mano de obra migrante en las economías turísticas contemporáneas, especialmente en el sur de Europa y el Mediterráneo?

Aunque quizá los trabajadores migrantes y las personas inmigrantes sean más habituales en la agricultura, la construcción, el trabajo doméstico, el comercio informal y la distribución de alimentos, han desempeñado sin duda un papel importante en muchos ámbitos del mercado laboral de las economías de visitantes y del turismo en el sur de Europa y, de hecho, en todo el mundo (en la industria de los cruceros, en las grandes conurbaciones turísticas y en la economía urbana informal). La mano de obra migrante también puede servir para garantizar una fuerza laboral flexible como "solución" a corto plazo destinada a compensar la escasez de mano de obra que estamos presenciando actualmente en los destinos del sur de Europa. El turismo refleja — e incluso mantiene — las jerarquías étnicas y de género y la división del trabajo, y los trabajadores inmigrantes ocupan los puestos más inseguros y precarios.

¿Qué recomendaciones clave harías a los responsables políticos y a los investigadores que desean diseñar estrategias turísticas más equitativas en España o Europa?

Además de eliminar el gasto publicitario excesivo en marketing y promoción turística innecesarios, imponer límites e incluso reducir la construcción incesante de nuevas infraestructuras turísticas (por ejemplo, puertos deportivos, megacomplejos turísticos, autopistas y aeropuertos) y las inversiones inmobiliarias especulativas, así como reforzar los derechos de los trabajadores del turismo. El desafío a largo plazo para las autoridades de los destinos turísticos es promover un cambio para dejar de dar prioridad al crecimiento turístico interanual y a la ilimitada reinvención de la marca del destino como sustituto de la innovación productiva, y dirigirse hacia economías turísticas que podríamos denominar en estado estacionario o en poscrecimiento, en consonancia con la justicia social y ecológica.

¿Cómo valoras los debates actuales sobre el decrecimiento turístico y su relevancia práctica para los responsables políticos?

El decrecimiento turístico es una idea que está en sus inicios y aún no ha llegado a la categoría de programa económico alternativo plenamente desarrollado. Si bien implica algo más que solo reducir o localizar el consumo turístico —es decir, reducir el consumo de materiales y energía a la vez que se garantiza que el turismo contribuya al bienestar económico y social equitativo —, imaginar cómo traducir esto en un marco político eficaz a diferentes escalas sigue siendo un reto. No obstante, no debemos obsesionarnos con cuestiones específicas como el crecimiento o el decrecimiento ni limitarnos a idear métricas alternativas de bienestar económico, sino desarrollar estrategias más amplias para desvincular el turismo de las fuerzas políticas y económicas dominantes, organizadas de forma capitalista.

¿El cambio hacia un turismo de mayor gasto o "de calidad" es una alternativa viable al crecimiento del turismo de masas?

En una palabra, no. Es fundamental que los responsables políticos de los destinos eviten soluciones simplistas y elitistas, como sustituir el crecimiento del turismo de masas por un turismo de alto nivel y alto gasto, con la esperanza de que esto limite la necesidad de aumentar continuamente las llegadas y proporcione ingresos para inversiones medioambientales regenerativas. Ninguna de las dos afirmaciones es cierta y, como mínimo, implican sacrificios inaceptables de los derechos democráticos de movilidad y acceso a la naturaleza. Las infraestructuras turísticas de lujo consumen más energía (especialmente si se tiene en cuenta el uso de superyates y jets privados) y son igual de degradantes para el medio ambiente, si no más, que los complejos turísticos de masas.

¿Qué mecanismos de gobernanza alternativos podrían ayudar a garantizar que los ingresos del turismo contribuyan de forma más directa a las comunidades locales?

Esto podría implicar, por ejemplo, lo que he denominado en otros lugares un dividendo de destino, una especie de mecanismo de puesta en común de ingresos o renta básica universal para los destinos turísticos, dado el grado en que los ingresos del turismo dependen de los bienes comunes. Sin embargo, el reto es cómo ampliar las medidas para democratizar las economías de visitantes mediante formas más sólidas de participación ciudadana y gobernanza turística participativa que vayan más allá de las instituciones formales de planificación turística y las nociones ortodoxas de participación comunitaria.

¿Cómo interpretas la idea del derecho a viajar en el contexto de las crecientes desigualdades globales y los regímenes de movilidad cada vez más restrictivos?

Hasta que el derecho a viajar (no existe un derecho legal al turismo como tal) sea equiparable al derecho al desarrollo, y el turismo pueda desvincularse de las innumerables formas de expropiación y explotación en las que está inmerso, dichos derechos seguirán siendo incompletos o irrealizables para la gran mayoría de la población mundial. Basta con pensar por un momento en el entorno cada vez más hostil hacia las personas migrantes y, más aún, hacia los turistas del sur global, junto con las restricciones cada vez más draconianas a los viajes transfronterizos y la inmigración impuestas por la UE y los Estados Unidos. La situación actual es mucho peor de lo que Marcus Stephenson y yo podríamos haber imaginado cuando publicamos por primera vez nuestro libro, Tourism and Citizenship, en 2014.

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