20/5/26 · Institucional

"La educación es un espacio para construir preguntas visionarias que abran otros horizontes posibles de existencia"

val flores, investigadora independiente, escritora, docente, activista y performer de Argentina

Escribe su nombre en minúsculas como una forma de minorizar el nombre propio, una intervención visual y política en la gramática normativa y de andar entre las palabras (y no sobre ellas).

La UOC ha celebrado este 19 de mayo la IV Jornada LGBITQA+: Cuestionar la norma, habitar la disidencia, organizada por el grupo UOCuir, con la colaboración de la Unidad de Igualdad, Diversidad e Inclusión y el centro de investigación UOC-TRÀNSIC. El espacio, diseñado para promover la reflexión en el marco del Día Internacional contra la Homofobia, la Lesbofobia, la Bifobia y la Transfobia, ha contado con la presencia de val flores, investigadora independiente, escritora, docente y activista de la disidencia sexual y performer. flores, autora del libro Romper el corazón del mundo. Modos fugitivos de hacer teoría (Continta Me Tienes, 2021), profundiza en esta entrevista en las ideas sobre las que se sustenta su obra. Advierte sobre las dificultades que atraviesan actualmente en su país, Argentina, los colectivos LGTBIQNB+, migrantes, indígenas, comunidad afro, pobres, discapacitadxs, mujeres y niñxs, y defiende los espacios de encuentro: "Me parece fundamental, en contextos que buscan el aislamiento y la instauración del terror, insistir en los espacios de encuentro, donde circule el pensamiento y la afectividad, como antídoto contra el autoritarismo".

¿Qué ha conducido a val flores a tener la visión del mundo que tiene?

Mis modos torcidos, queer, oblicuos de pensar el mundo se vinculan con las experiencias vitales que he vivido y con las intensas conversaciones en las que estuve involucrada. Experiencias que tienen que ver con la práctica pedagógica dentro de la escuela primaria durante quince años en la ciudad de Neuquén, con el activismo lésbico feminista en el colectivo Fugitivas del Desierto, también en la ciudad de Neuquén, con las lecturas heteróclitas que realizo y sus modos no logocéntricos de entrar en contacto con la palabra, con las protestas sociales y sexuales en las que participé, con las escrituras barrocas con las que fui experimentando, con las complicidades políticas y afectivas que se fueron armando y desarmando a través del tiempo, con los amores que fui (des)habitando, con los diferentes territorios y geografías por los que transité, con las precariedades materiales con las que vivo, con las preguntas como artesanía erótica y como brújula de los haceres del cuerpo.

¿Cuáles son tus principios básicos en los que se fundamenta tu producción artística?

No los pienso como principios básicos, sino como orientadores poéticos de la acción. Podría enunciarlos como la escucha, la interrupción y la figuración. La escucha como modo torcido de la atención, estar atenta a las entrelíneas y las sombras de lo que (no) se dice. La interrupción como gesto provocador que interrumpe el orden habitual de las cosas, el hábito de la costumbre, la normalización de la vida. Y la figuración, que es el montaje poético de imágenes habitables y abiertas a lo inesperado, como mapas condensados de mundos discutibles.

¿Qué batallas has librado o libras todavía desde tu posición como escritora, maestra lesbiana y activista LGBTI argentina?

Vengo de Argentina, donde desde hace dos años y medio tenemos un gobierno fascista que, en alianza con una internacional de la ultraderecha, está destruyendo un modo de vida conocido. Entre esas políticas de exterminio que puso en marcha, se encuentra la promoción de un odio de Estado hacia las personas LGTBIQNB+, migrantes, indígenas, comunidad afro, pobres, discapacitadxs, mujeres y niñxs. Han crecido los crímenes de odio hacia personas no cisheteronormativas, también la persecución, el hostigamiento y la criminalización. Justamente, este 18 de mayo comienza el juicio por el lesbicidio de Barracas, en el cual fueron asesinadas tres lesbianas. Así que las batallas que se libran en este momento son por nuestra vida como disidentes sexuales, que tiene múltiples modos de expresión. En mi caso, la escritura es un modo de acción directa desde el cual poder experimentar otros mundos, ensayar el fin de este mundo tal como lo conocemos, como dice Denise Ferreira da Silva. 

“Los espacios de encuentro, donde circule el pensamiento y la afectividad, son un antídoto contra el autoritarismo”

Para ti, ¿cuál es la función ideal que debería ocupar la educación en cuanto a la formación de la identidad de las personas?

Mi trabajo pedagógico, desde los transfeminismos y el activismo queer, se orienta más a desarmar el lenguaje del deber y ensayar una lengua del deseo. Pienso que la educación es un espacio sensible para (des)aprender a estar juntxs y para construir preguntas visionarias que abran otros horizontes posibles de existencia.

¿Crees que la escuela continúa siendo hoy un espacio que ejerce violencia sobre la identidad de las personas LGBTI?

Creo que la institución escuela es un espacio de violencia porque está estructurada a partir de un conocimiento y un currículo hegemónicos que buscan la normalización de las identidades sexuales, de género, raciales, de clase, etc. Pero lo cierto es que esto lo podríamos decir de todas las instituciones de la modernidad, que hoy se ven tambaleando frente a las diversas transformaciones contemporáneas. Sin embargo, es fundamental recuperar una perspectiva situada y contingente, y pensar que hay formas diferentes de habitar la escuela, de desobedecer el ethos institucional, modos deseantes y apasionados desde los cuales lxs docentes buscan transformar las prácticas educativas más disciplinadoras, con propuestas críticas, creativas y emancipatorias. Muchxs de estxs docentes son lesbianas, maricas, trans, no binarixs, pero también compañerxs heteros que están comprometidxs con la justicia erótica y social.

¿Qué sucede en la Argentina de Milei con el activismo LGBTI?

Creo que ya lo dije anteriormente: estamos viviendo una situación crítica de persecución y odio, que se suma a las condiciones de intensificación de la precarización de la vida. No obstante, se sigue resistiendo al sostener los espacios de encuentro, las ollas populares, las fiestas, las microsolidaridades, los acompañamientos, las performances, entre muchas otras acciones, y un pensamiento vivo que sigue produciendo teóricamente dentro y fuera de la academia. Desde la disidencia sexual han surgido iniciativas como la marcha del 1F en el año 2025, la marcha del orgullo antifascista y antirracista, que buscaba articular las diferentes luchas (de los hospitales, las universidades, lxs trabajadorxs, lxs migrantes, etc.) contra las políticas de ajuste y destrucción de este gobierno.

Una ola de conservadurismo se ha alzado en todo el mundo; avanzan las fuerzas políticas con visiones restrictivas en cuanto al colectivo LGBTI. En países como España, la juventud vira hacia posiciones conservadoras. ¿Cómo crees que debe actuar el activismo LGBTI ante un contexto como el actual?

Creo que siempre se trata de insistir y escuchar. Pondría en suspenso que solo la juventud vira hacia posiciones conservadoras; prefiero pensarlo más como un clima de época que buscar y señalar la responsabilidad en un sujeto en particular. Me parece fundamental, en contextos que buscan el aislamiento y la instauración del terror, insistir en los espacios de encuentro, donde circule el pensamiento y la afectividad, como antídoto contra el autoritarismo, en alianza con una escucha expandida que nos pueda sostener en nuestros malestares, roturas, dolores y precariedades, así como mantener pulsante nuestro deseo desbocado de disidencia.

¿Cuál es tu experiencia en el desarrollo de talleres sexuales en escuelas? ¿Qué función debe cumplir un taller sexual?

Podría decir que mi experiencia con los talleres de sexualidad tiene dos momentos. Uno, cuando era maestra de grado en nivel primario y trabajaba en los talleres con lxs niñxs, en que se abrió un abanico de experiencias muy disruptivas, conflictivas y a la vez muy movilizantes y placenteras. Porque lxs niñxs son investigadorxs del sexo y construyen preguntas y teorías muy curiosas, provocadoras y móviles, a la vez que también conservadoras. A su vez, cuando salí de la escuela y empecé a dedicarme a dar talleres de formación con adultxs sobre sexualidades, comencé a experimentar con metodologías queer, es decir, con prácticas que buscaran alterar la relación entre cuerpo, saber y espacio, introduciendo otros modos de poner el cuerpo. De algún modo, me guía la hipótesis de que, cuando los cuerpos se mueven de otro modo, las palabras y el pensamiento también lo hacen. Salir de la silla como lugar de comodidad y seguridad ontoepistémica de lxs docentes y atreverse a experimentar prácticas corporales, de lectura, de escritura, performáticas, como composición creativa de la práctica educativa. Se trata de crear otras condiciones para el conocimiento y el surgimiento de preguntas, y aparecen cosas maravillosas, que dan lugar a lo inesperado y al no saber.

¿Qué importancia consideras que tienen las jornadas como la que se celebra este 19 de mayo en la UOC?

Me parece que esta jornada en el marco universitario de la UOC vitaliza preguntas en relación con cómo la universidad y los contextos educativos son cómplices de la lesbohomotransbifobia en sus prácticas institucionales naturalizadas, y se abren posibilidades de que puedan ser transformadas, creando gestos y espacios que hagan más habitables nuestras existencias. 

Excepcionalmente, en esta entrevista se utiliza la x como recurso de lenguaje inclusivo por voluntad expresa de la persona entrevistada.

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