La segregación escolar y sus efectos sobre el alumno, tema de reflexión en Debates de Educación

30/10/2009
Debates de Educación, el espacio de reflexión para profesionales de la enseñanza y representantes de la sociedad civil que organiza la UOC y la Fundación Jaume Bofill, inicia su séptima edición. Vincent Dupriez, psicólogo social y profesor de la Universidad Católica de Lovaina, ha sido el primer invitado del curso 2009-2010. El 27 de octubre, en el MACBA, presentó la conferencia «La segregación escolar: retos políticos y sociales».

Este foro de discusión y debate sobre los temas clave a los que debe dar respuestas el sector educativo ha acogido en anteriores ediciones a expertos y profesionales de reconocido prestigio, como Robert Castel, que habló sobre la crisis de la cohesión social, como David Hopkins, que trató el liderazgo en las organizaciones educativas innovadoras, o como Julio Carabaña, que disertó sobre inmigración y escuela, por citar a los tres últimos, y tal y como recordó, al principio del acto, el director de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC: Josep Maria Mominó.

Dupriez, miembro de un grupo de investigación interdisciplinario sobre socialización, educación y formación, «abre un nuevo ciclo de esta iniciativa, tratando un tema controvertido y complejo como es el de la segregación escolar», añadió Anna Jolonch, de la Fundación Jaume Bofill. Jolonch destacó el trabajo de este doctor en Ciencias de la Educación como investigador y docente en países tales como Colombia, Chile o Perú, y sus publicaciones en prestigiosas revistas internacionales del mundo educativo o sus «libros, como De la escuela al mercado de trabajo o La eficacia de la enseñanza: promesas y zonas de sombra». Jolonch destacó que «en el conjunto de su trabajo, Dupriez se ha centrado en el análisis de las políticas educativas —mirando los efectos reales en el alumno— o en el estudio de las organizaciones educativas, por ejemplo. Pero fuera cual fuera el tema, siempre ha prestado una atención particular a las nociones de igualdad y equidad».

Vincent Dupriez, que destacó que su trabajo es una labor de equipo, y de equipo multidisciplinar, afirmó que para adentrarse en un tema tan polémico como el de la segregación escolar y abordar su influencia sobre el aprendizaje y las trayectorias escolares del alumnado, «lo primero es definir qué entendemos por segregación y la relación con el término “desigualdad”. La segregación es la distribución diferente de los individuos en referencia con una característica específica –étnica, social…— con efectos negativos para ciertas categorías de individuos. En Europa, y si nos centramos en el tema escolar, se habla de tres tipos de segregación: escolar, académica (en referencia al nivel académico de los alumnos) y étnica (en Estados Unidos, esta es la principal)».

Según el experto belga, en nuestro continente, «la preocupación por la segregación escolar ha aparecido recientemente. Hasta la Segunda Guerra Mundial, existía una clara segregación en nuestros sistemas escolares. En aquella época, la mayoría de los sistemas educativos estaban construidos sobre una lógica de diferentes categorías claramente separadas. La primaria estaba destinada a los hijos de la clase popular; paralelamente, existían unos centros educativos de alto nivel destinados a la clase alta o medio alta, que preparaban a los estudiantes para ir a la universidad. Tras la Segunda Guerra Mundial, surge la pregunta de si tal situación es legítima en un país democrático. Si se considera, como pasa en la mayoría de nuestros países, que la escuela es la institución por excelencia que ha de preparar para la vida pública en una sociedad plural, entonces esta ha de ser el lugar donde cada niño aprenda a cohabitar con los otros, donde descubra aspectos culturales diferentes de los que conoce en su familia». En las décadas de los cincuenta y los sesenta fue cuando se empezó a dar importancia a la existencia de una escuela única, que ofreciera a todo el mundo las mismas opciones de estudiar; al mismo tiempo, se presentaba una propuesta social y política contraria al modelo anterior. Así, en algunos países, el nuevo modelo incluye a los niños que tengan hasta 10 años (Alemania), hasta 12 (Bélgica) o hasta 16 (la mayoría). La trayectoria ha sido muy diferente en Estados Unidos, donde, como señala Dupriez, «la segregación racial ha sido objeto de denuncia y conflicto social» prácticamente desde siempre.

Otra diferencia a ambos lados del Atlántico es la investigación llevada a cabo sobre el tema. En Estados Unidos, existe literatura científica sobre el tema; sin embargo, en Europa «pocos autores se han preocupado por los efectos de la segregación escolar. Desde mi punto de vista tiene consecuencias, probablemente, en términos de desigualdad de aprendizaje y desigualdad de oportunidades. La opinión pública y los políticos creen que el mayor problema que tenemos no es la segregación, sino los efectos de esta, que acabamos de comentar. Si consideramos que el problema es la segregación, nos enfrentaremos a él de manera diferente a como lo hacemos sí consideramos que los verdaderos problemas son la desigualdad de oportunidades y de aprendizaje». Pero más allá de los efectos de la segregación, Dupriez insiste en que «en sí misma, en una sociedad plural y democrática, la segregación es un problema. Los muchachos han de tener la opción de cruzarse con otros de medios culturales y económicos diferentes a los suyos». Además, considera necesario estudiar otras variables y ver de qué modo el efecto de composición del centro afecta al bienestar del alumno o a sus aspiraciones de estudio.

 

Estudios sobre la segregación

Existen diferentes tendencias y metodologías para estudiar estos temas. Hay investigadores que centran su trabajo «en estudios internacionales, en bases de datos..., gracias a los cuales pueden establecer un índice de segregación entre centros académicos, al cruzar datos como la eficacia promedio o la intensidad de relación entre los padres con diploma y los resultados escolares del alumno». Estos investigadores observan que, en los países con mucha segregación en los centros, se produce un alto nivel de desigualdad social. Otra tendencia que obtienen es que el índice de segregación y el nivel de eficacia están relacionados, aunque no es tan evidente: cuanto mayor es la segregación, menor es el nivel de eficacia.

Sin embargo, otra corriente de investigación considera que «si se quiere medir, hay que hacerlo trabajando con investigaciones específicas llevadas a cabo en cada país. Hay diferentes formas. Una de ellas consiste en medir el nivel de aprendizaje de los alumnos a principio del año y hacer una segunda medición a finales, comparando a los que lo tienen similar. Los resultados muestran que la composición del centro sí tiene un efecto. Este sistema se utiliza en los países con mucha segregación, como Inglaterra, Holanda o Bélgica».

 

Influencias en el aprendizaje


El profesor Dupriez matizó que «hay que diferenciar dos vías de influencia de la composición de un centro sobre el alumno. Por un lado, está la influencia directa de los otros alumnos –conocida como peer effect. Es decir, si la mayoría de mis compañeros tienen un apoyo familiar bajo o carecen de ganas de estudiar…, influirán sobre mis ganas de aprender. Sin embargo, otra parte importante de la influencia de la composición escolar es indirecta. Cuando los docentes tienen en el aula alumnos con problemas de comportamiento, bajo rendimiento, etc., en lugar de trabajar 45 minutos, acaban trabajando 35 minutos. Han de parar la clase varias veces o acabarlas antes, por ejemplo. Lo que se enseña en esa aula no es exactamente igual porque el docente tiene que adaptarse al público que tiene delante. También la escuela y el docente, inconsciente o conscientemente, se adaptan al alumno. Está claro: los alumnos de un centro de nivel académico y económico alto tienen más oportunidades de aprender, y eso acaba teniendo impacto sobre el nivel de aprendizaje final».

En su opinión, también resulta muy interesante analizar por qué hay más o menos segregación: «por un lado, existe relación entre la segregación de residencia y la escolar. Por tanto, influirá en la forma de regular el reparto de alumnos. Por otro, es importante destacar que los sistemas educativos que manejan la diferenciación precoz por itinerarios, por definición, producen segregación académica. Tal cosa sucede en países del centro de Europa. Un tercer punto que se debe tener en cuenta es el del reparto del alumnado. Donde las familias pueden escoger el centro (free choice) hay mecanismos de segregación acentuada. Quienes se parecen, tratan de agruparse». Pero Dupriez insiste en destacar que, este tercer punto, se agudiza sobre todo «en un contexto de autonomía pedagógica de los centros. La familia puede elegir. El centro que tiene autonomía en evaluación, selección o elaboración del currículo lucha por diferenciarse del resto para ser elegido. Y acaban produciéndose procesos de adaptación recíproca entre los centros y su público». La ley del mercado entra en juego en el sistema educativo.

 

Luchar contra la segregación escolar

Dupriez aseguró en su intervención que luchar contra los efectos negativos de la segregación «es un proceso complejo porque se tendría que intervenir en áreas que no son educativas». Además, propuso diferentes medidas, como «primero, trabajar sobre la regulación de las inscripciones en las escuelas públicas y privadas. Pero también regular el currículo y la evaluación externa común de los aprendizajes, para que se recuerde a todos los maestros que hay un proyecto nacional de educación. Existen metas y objetivos comunes para el sistema», aunque reconoció que este tipo de políticas aborda aspectos delicados de defender frente a la familia, los maestros y la opinión pública. Una tercera vía para luchar podría ser la de «impulsar recursos para garantizar la igualdad de oportunidades y la calidad de la educación en los centros con población menos favorecida, lo que conllevaría una influencia directa sobre el posible efecto de desigualdad de la segregación».

La autonomía de los centros y los docentes, uno de los puntos analizados, suscitó el interés de varios de los asistentes, que, al finalizar la exposición del profesor Dupriez, aprovecharon el turno de preguntas para manifestárselo. Dupriez quiso matizar y afirmó que «el tema de la autonomía es complejo. De hecho, es casi una cuestión política. En los últimos años se observa un cuestionamiento del rol del Estado en la educación, como se ha observado en otros sectores como en el de correos o en la sanidad. Se habla de una organización centralizada, de su falta de eficacia… y aparecen nuevos modelos».

Dupriez presentó dos de ellos, con diferentes resultados: «Por ejemplo, en Inglaterra, el Estado no tiene que ser el principal educador del país y debe evolucionar hacia un papel de evaluador (definir objetivos, distribuir dinero, evaluar resultados). En este sistema, los centros requieren cierta libertad, y el Estado dice: “Les doy más autonomía, pero voy a controlar resultados”. Se precisa prudencia al optar por un modelo. En Inglaterra, se ha convertido en un problema: los profesores están sometidos a una fuerte presión cuando el alumno no logra el estándar y el Estado ejerce un control absoluto sobre lo que maneja el alumno. Esta situación genera tal problema sobre los docentes que no creo que haya una mejora de la calidad. Es interesante ver cómo trabajan en Suecia. Desde hace años, el Gobierno mide de manera externa el sistema educativo. Para el alumno, no hay notas hasta los 12 ó 14 años, pero el sistema toma nota para el centro. Esta les sirve al docente y a la escuela como una información para cuestionarse, para reflexionar sobre qué se hace bien y qué no. No hay sanción ni presión».

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