Decálogo para estudiar en línea en tiempos de coronavirus

  Foto: Freepik

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13/03/2020
Leyre Artiz
El grupo de investigación Edul@b elabora un documento para que los centros educativos presenciales puedan seguir formando a su alumnado

9,5 millones de estudiantes se han visto afectados por el cierre de las aulas en toda España. Pasarán al menos quince días sin poder ir a clase, pero eso no significa que deban interrumpir su formación. En opinión de los expertos, la tecnología es una de las herramientas clave para que la imposibilidad de desplazarse a los centros de estudio no afecte a la educación de los alumnos. «La COVID-19 aparece como un reto al que la educación en línea deberá enfrentarse. Es probable que no sea la única, pero es una solución, y la que tenemos más a nuestro alcance», señala Albert Sangrà, catedrático de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC.

En los centros dedicados a la educación en línea con décadas de experiencia, el modelo pedagógico en el que se basa el sistema se trabaja con bastante anticipación para poder profundizar en la calidad todo lo que sea necesario antes del inicio del curso. Sin embargo, ante la situación de emergencia que ha creado la crisis del coronavirus, el profesor de la UOC afirma que es factible acelerar el proceso si quienes diseñan la alternativa digital se apoyan en expertos y expertas en el área. «En estos primeros momentos, la respuesta de los centros sin experiencia en línea será incompleta. Pero la colaboración con entidades educativas especializadas en la enseñanza a través de las nuevas tecnologías puede solventar los problemas», afirma el profesor y miembro del grupo de investigación en Educación y TIC Edul@b de la UOC.

En ese marco de colaboración, el grupo de investigación Edul@b ha elaborado un documento con las orientaciones necesarias para lograr un aprendizaje efectivo, ya que trasladar el aula a casa no es cuestión únicamente de encender el ordenador y ver un vídeo del profesor. Estas orientaciones pueden servir de ayuda en la transición de emergencia a la educación en línea:

  1. Selección del sistema y las herramientas de trabajo más adecuadas. Deben estar dirigidas a las edades del alumnado y poder usarse en los dispositivos que ya utilizan habitualmente. Es buena idea facilitar tutoriales para que a todos, familias incluidas, les resulte fácil su aplicación.
  2. Organización del alumnado. Los profesores y profesoras deben ayudar a sus alumnos a autoorganizarse con consejos sobre el espacio de trabajo en casa, imponerse una rutina que los ayude o establecer mecanismos para que identifiquen el inicio y el final de cada una de las actividades.
  3. Rediseñar el curso. Es aconsejable generar secuencias de trabajo claras que tengan una duración específica y que los estudiantes perciban el acompañamiento docente; por ejemplo, con un vídeo de inicio, una videoconferencia al final y un par de mensajes durante la semana. Los espacios de comunicación permanente (canal en Telegram, foro en el espacio digital, grupo de Gmail…) también son de ayuda, al igual que asegurarse de dar siempre respuesta a cada alumno, y hacerlo por su nombre.
  4. Elaborar un conjunto de actividades con recursos didácticos que ayuden a los estudiantes a resolverlas. Usar, en lo posible, imágenes, esquemas o mapas para captar la atención de los estudiantes y sorprenderlos. Procurar que las actividades se dividan en subactividades cortas (de entre 10 y 15 minutos) y animarlos a participar.
  5. Asociar un conjunto de recursos a las actividades. Hay recursos abiertos que están disponibles en los diferentes repositorios que las Administraciones y otros organismos ponen a disposición de docentes y otros usuarios.
  6. Crear dinámicas de interacción activa en el entorno virtual para mantener a los estudiantes conectados y motivados. Para ello pueden ofrecerse herramientas que faciliten el trabajo colaborativo, como por ejemplo las aplicaciones de Google. También es buena idea diseñar algunas situaciones síncronas, las imprescindibles, si son cortas y con objetivos muy claros.
  7. Explicar el modelo de evaluación que se llevará a cabo, así como los criterios de evaluación. La evaluación continua facilita el seguimiento de los estudiantes y da información valiosa.
  8. Generar presencia social. Para que el alumnado no se sienta solo, hay que hacerle sentir que forma parte de una comunidad. Se pueden crear espacios de intercambio de mensajes entre los propios alumnos e incluso entre las familias.
  9. Desarrollar el espíritu crítico de los estudiantes respecto a la tecnología. Es importante que se den cuenta de los beneficios del uso de las tecnologías, pero también de los riesgos. Analizar fake news, por ejemplo, puede ayudarlos en ese sentido.
  10. Aprovechar para trabajar de forma colaborativa con los docentes más cercanos. Intercambiar las prácticas docentes en línea, los recursos o crear un espacio compartido al que todo el mundo tenga acceso ayudará a que la enseñanza en línea sea más efectiva.

 

El futuro del e-learning

La educación en línea como sistema alternativo o complementario al presencial ante situaciones complicadas no es una novedad. Albert Sangrà, también director de la Cátedra UNESCO de Educación y Tecnología para el Cambio Social, recuerda que en Canadá, la Universidad de la Columbia Británica decidió migrar una serie de asignaturas a la enseñanza en línea para poder resolver los problemas de tráfico de Vancouver en horas punta de entrada en la universidad, situada en un istmo que conecta directamente con la mayor arteria circulatoria de la ciudad. Otro ejemplo es el de la Universidad Johns Hopkins, en Estados Unidos, gracias a la cual los materiales digitales dieron un salto cualitativo: la universidad resolvió con simulaciones multimedia el problema de que sus alumnos no pudieran realizar autopsias formativas por la escasez de cuerpos.

La calidad de la educación en línea anima cada vez a más estudiantes a optar por este sistema. Según las últimas cifras que maneja el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, en el curso 2018-2019 había más de un millón y medio de universitarios, de los que el 16 % (239.669) estudiaban en línea (más de 73.000 desde la UOC). En cuanto a bachillerato y formación profesional, son algo más de 122.000 los alumnos y alumnas que estudian desde sus casas. En otros países, las posibilidades que han abierto las nuevas tecnologías han incitado aún a más estudiantes a decantarse por el aula virtual: en Estados Unidos, un tercio de los universitarios recibe al menos un curso en línea, según un informe del Departamento de Educación.

En opinión de los expertos, esta tendencia crecerá en los próximos años en parte gracias a la tecnología, que va a seguir avanzando en todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana, y la educación no es una excepción. «La inteligencia artificial está aportando ya muchas ideas a la formación en línea, al igual que la realidad virtual, que nos permite simular espacios. Los avances tecnológicos nos van a seguir prodigando soluciones que ahora ni siquiera podemos imaginar», advierte Albert Sangrà.

#expertosUOC

Foto del profesor Albert Sangrà Morer

Albert Sangrà Morer

Profesor de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación
Director académico de la Cátedra UNESCO

Experto/a en: Aprendizaje virtual(e-learning), educación y TIC, organización educativa, docencia universitaria virtual, metodología docente, políticas educativas y planificación estratégica de las TIC en educación.

Ámbito de conocimiento: Pedagogía.

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