Clases de español por WhatsApp y videollamadas de refuerzo escolar son muestras de voluntariado durante la pandemia

  La UOC trabaja para que los estudiantes adquieran las competencias necesarias para formar parte de una ciudadanía global socialmente responsable

Foto: Paul Hanaoka / Unsplash

05/08/2020
Àngels Doñate
La UOC trabaja para que los estudiantes adquieran las competencias necesarias para formar parte de una ciudadanía global socialmente responsable

La UOC tiene un compromiso con la sociedad en general y con sus estudiantes en particular. Este compromiso, en tiempos como los que vivimos, se refuerza tanto institucionalmente como individualmente. Su programa de voluntariado universitario, una propuesta profesional y profesionalizadora, responde a una apuesta de la universidad y, sin duda, a la respuesta de sus estudiantes, que, en tiempos de pandemia, siguen haciendo todo cuanto está en sus manos para aportar su granito de arena.

 

Es la primera vez que Albert Martí, estudiante del grado de Comunicación, hace un voluntariado, aunque todo «lo que implique trabajar con más gente y poder ayudar siempre me ha llamado mucho la atención», explica. Albert, alrededor del noviembre pasado, fue a reunirse con el Grup d'Esplai Blanquerna de Tortosa sin saber que se acabaría vinculando con esta entidad de acción social. «En aquel momento, todavía no sabía muy bien cómo funcionaba y no hice mucho caso, pero al cabo de unas semanas me llegó un correo de la UOC en el que me ofrecían hacer un voluntariado aquí y me explicaban las ventajas que tenía.»

Albert se puso en contacto con Blanquerna: «Me explicaron todo lo que hacían en el centro y su realidad. Después de pasarme un dosier explicativo de todos sus servicios y objetivos, y también de su funcionamiento, empezamos a hablar de las clases de español mayoritariamente a mujeres marroquíes, con las que hago de voluntario. En enero empecé las primeras clases» y desde entonces «me ayudaron mucho para formar parte de su grupo y trabajar con ellas». Trabaja con Anna y recuerda que «los primeros días yo la ayudaba un poco en la corrección, me iba habituando a su manera de trabajar e iba conociendo a las alumnas. Entre los dos preparábamos las actividades y nos repartíamos el trabajo durante las sesiones, de una hora y media, dos días a la semana».

Y así fue hasta que llegó el virus, que también trastocó esto. Albert nos cuenta que «con la situación actual, estamos dando clases por WhatsApp, preparamos el trabajo como siempre y nosotros dos lo compartimos en la nube; lo compartimos mediante un grupo y nos dividimos a todos los alumnos. A pesar de ser un formato complicado, sobre todo por el tipo de usuario que tenemos, su respuesta es positiva y seguimos trabajando más o menos como siempre». Este estudiante asegura que «he aprendido mucho, poder ayudar y hacer sentir bien a las personas es muy gratificante, y todos los alumnos a quienes doy clases lo dieron todo y pusieron mucho de su parte para que mi labor con ellos fuera la mejor posible».

Jofre Deu, estudiante del grado de Ingeniería Informática y voluntario de acompañamiento domiciliario en Oncolliga Terrassa, también vivió la necesidad de adaptarse. «A raíz de la COVID-19, tuvimos que suspender el contacto con las personas enfermas a nuestro cargo. Nos tuvimos que reinventar. El servicio de acompañamiento domiciliario cambió, temporalmente, por acompañamiento mediante videollamadas o llamadas telefónicas. No tienes el contacto directo humano, pero es una manera de continuar el acompañamiento. Debido a esta situación, descubrimos una situación nueva: hay personas mayores que viven solas y que no pueden salir a la calle porque son muy vulnerables. Nació el programa de compra a domicilio: nos preparaban la lista, nos daban el dinero y, un día a la semana, les hacíamos la compra.»

Como todas las realidades, esta también nos deja algún buen recuerdo: «Me quedo con el de poder acompañar a las personas que están más solas, aunque sea para hacerles llegar una brizna de aire, poder abrirles una ventana una vez a la semana, que puedan expresar y soltar lo que viven y sienten. Y que lo puedan hacer con una persona cercana pero que no es un familiar, con quienes a veces resulta difícil», dice Jofre.

Imma González, que comenzó su voluntariado en diciembre pasado, asegura que si ya estaba convencida de esta labor antes de la pandemia, ahora aún lo está más: «Si no ayudamos en tiempos difíciles, ¿para qué estamos?». Esta estudiante de Psicología colaboraba en un proyecto de éxito de primaria en la Cruz Roja de Majadahonda. Pero en marzo todo se paralizó y le pidieron apoyo para telefonear a los niños semanalmente, hacer videollamadas con ellos, para «ayudarlos a hacer los deberes y colaborar en el envío de material escolar si carecían de este, ya que son niños y niñas de familias desestructuradas o marginales. ¡Son muy agradecidos!», nos dice. Sin embargo, está convencida de que ella ha recibido «mucho más que los niños: experiencia y realidad».

 

Formar a estudiantes socialmente responsables

La vicerrectora de Globalización y Cooperación de la UOC, Pastora Martínez Samper, explica que en la UOC «trabajamos para que nuestros estudiantes adquieran las competencias para formar parte de una ciudadanía global socialmente responsable». Entre distintas competencias, el voluntariado permite adquirir algunas muy valiosas, como «la comunicación interpersonal o intercultural, la empatía o el pensamiento sistémico, pero también la toma de conciencia vivencial de las desigualdades, que permite que el estudiante sea agente de transformación social en su entorno», añade.

La UOC tiene un compromiso individual con sus estudiantes, pero también con la sociedad: «Las instituciones universitarias somos actores privilegiados para tejer alianzas que nos ayuden a alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible. Mejorando nuestra relación con el tercer sector, no solo con el voluntariado sino también con otras iniciativas como los trabajos finales participativos, que también impulsamos, mejoramos también la transferencia de conocimiento y contribuimos a la cohesión del tejido social», comenta la vicerrectora. 

La UOC trabaja principalmente en cuatro líneas temáticas en el ámbito del voluntariado: la mentoría social inclusiva de niños y jóvenes; la lucha contra la brecha social, digital y de género; la reinserción sociolaboral y el empoderamiento de las mujeres, y la concienciación pública, la salud y la lucha contra las desigualdades. Lo hace con entidades de diferentes lugares de España, como AFEV, Cruz Roja, Cáritas, Farmamundi u Oncolliga, entre otras. «El voluntariado universitario que impulsamos con cada una de estas entidades tiene un perfil muy profesionalizado y nuestros estudiantes pueden poner en práctica tanto su formación curricular como su experiencia profesional, por lo que es un muy buen complemento de su paso por la universidad», concluye Martínez Samper.