«En cada aula de niños de entre cuatro y cinco años, hay dos que tienen trastornos graves del lenguaje de causa desconocida»

Foto: UOC
01/03/2018
Roser Reyner
Alfonso Igualada Pérez, director del nuevo grado de Logopedia de la UOC

 

Alfonso Igualada Pérez dirige el nuevo grado de Logopedia de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), que imparte desde septiembre de modo semipresencial junto con la Universidad de Vic - Universidad Central de Cataluña (UVic-UCC). Con el tiempo, la logopedia se ha ido consolidando como disciplina. En 2003 fue reconocida como profesión sanitaria y más tarde pasó de ser una diplomatura a un grado. Precisamente, el martes 6 de marzo se celebra el Día Europeo de la Logopedia. También, el sábado 21 de abril, la UOC organiza la I Jornada Trastornos de la Comunicación y de la Deglución. Igualada afirma que es necesario que los logopedas entren en las escuelas.

 

La logopedia, en definitiva, ¿quiere ayudar a las personas a comunicarse mejor?

A los logopedas nos preocupa la comunicación entendida desde el lenguaje, el habla, la voz y la audición. Y no solo la comunicación, sino también la deglución: la capacidad de masticar un alimento en la boca y tragárselo. Trabajamos con personas que tienen este tipo de dificultades.

Por lo tanto, ¿en qué órganos sois expertos?

Tenemos que conocer todos los órganos implicados en estas funciones y, por supuesto, el sistema nervioso. Por ejemplo: ¿qué hace una neurona para conseguir que un músculo se mueva? Lo estudiamos en el caso de la boca, la lengua, la faringe, la laringe o los pulmones. También estudiamos los órganos y las cavidades del cuerpo que hacen que la voz resuene. Pero estamos evolucionando, y ahora también estudiamos el lenguaje de las manos o la mirada, los gestos comunicativos.

¿Un gesto puede ayudar a aprender a hablar o a entender a los demás?

Hay estudios que han demostrado que los gestos tienen un papel importante en el desarrollo del lenguaje o ayudan a aprender. Por ejemplo, para aprender operaciones aritméticas, si un profesor imparte dos clases a niños de ocho años, y en una clase apoya lo que explica mediante un gesto, y en la otra no, hay estudios que demuestran que los alumnos aprenden mejor en el primer caso. Y no solo eso: el gesto puede tener efectos en otras funciones, como la memoria y el aprendizaje de palabras o reglas sintácticas. También en el aprendizaje de segundas lenguas. Pero lo que es muy importante es entender que el gesto lo usamos de forma natural. Por ejemplo, los niños, desde pequeños, hacen el gesto de señalar y luego hacen otros.

¿Que no lo hagan puede ser motivo de alerta?

Es un indicador de alerta, pero solo uno. Por ejemplo, el gesto de señalar, que sirve para compartir la atención sobre alguna cosa o acción con los demás, suele empezar en los niños que tienen entre diez y catorce meses. De hecho, su ausencia se ha relacionado con la presencia de autismo. Pero es un logopeda quien debe diagnosticar y evaluar si este y otros signos de alerta pueden estar relacionados con una enfermedad de la comunicación.

¿Qué señales de alerta deberían llevar a las madres o los padres a hacer una consulta de logopedia?

Los niños desarrollan el lenguaje más pronto de lo que podríamos pensar. Si lo preguntamos a los padres, seguramente nos dirán que el lenguaje empieza cuando los niños dicen sus primeras palabras, que suele ser entre los doce y quince meses, con una explosión de vocabulario hacia los dos años. O cuando empiezan a hacer sus primeros discursos, lo que suele pasar entre los dos y los cuatro años. Pero podemos fijarnos en ello desde los primeros meses de vida, porque sabemos que hay precursores del lenguaje: hitos evolutivos que nos ayudan a detectar si se desarrolla bien. Uno de estos hitos clásicos es el balbuceo. También podemos fijarnos en la interacción con los adultos. Y el tercer elemento es la percepción: por ejemplo, hacia los tres meses empiezan a distinguir si sienten el ritmo de su lengua materna o el de otra con la que no tienen contacto. Para tener más información, hay una web en la que participo donde se explican los objetivos que deberían tener lugar antes del primer año de vida. Y luego hay niños que son más mayores.

¿Disponéis de datos de incidencia de los problemas de lenguaje en los niños?

Un estudio reciente realizado en Gran Bretaña ha llegado a la conclusión de que en cada aula de treinta niños de cuatro a cinco años hay dos que tienen trastornos graves del lenguaje de causa desconocida. Es decir, dificultades de comprensión o de expresión de palabras o frases que no están relacionadas con el autismo ni con problemas similares. Los llamamos trastornos de desarrollo del lenguaje (TDL). Y esto tiene una incidencia clara en el desarrollo académico posterior y conlleva dificultades emocionales, sociales y conductuales.

Tiene efectos colaterales.

El problema es que muchas veces estos efectos se detectan antes que el TDL. En muchos casos se trata de niños que no hablan, no se manifiestan, están tranquilitos en el aula. De ahí que la llamemos «la enfermedad invisible». Este tipo de niños no tienen problemas de comprensión del mundo: entienden las emociones o cuando alguien se burla de ellos. Y muchas veces su dificultad no se detecta hasta que en la escuela toca hacer más énfasis en las actividades de lectura o escritura, cuando tienen unos seis años. O a veces, en casos más graves, hasta los diez u once años.

¿Puede suceder que no se detecte hasta la edad adulta?

Sí. Y suele haber implicado fracaso escolar, dificultades para acceder al mundo laboral y evidentemente un impacto emocional.

Cuando se podría haber solucionado mucho antes...

Se ha demostrado que las intervenciones logopédicas de calidad en el contexto natural de la escuela son efectivas.

¿Cómo os trata, a los logopedas, el sistema educativo público de nuestro país?

No podemos acceder al sistema. Hay un decreto que reconoce esta necesidad de trabajar con los niños con esta patologías pero de momento no tenemos sitio en el sistema educativo público a causa de otro decreto que limita el acceso de los logopedas en las escuelas. Es una lucha de hace tiempo. Hay una especialización de magisterio de audición y lenguaje, pero pensamos que deberíamos ser compatibles, porque ellos pueden diseñar cómo educar a los alumnos con diversidad funcional en el ámbito lingüístico, pero los logopedas tendríamos que realizar el diagnóstico y pautar las intervenciones. Necesitamos que los logopedas entren en las escuelas.

¿Es diferente en otros países europeos? ¿En qué país os fijáis?

Más bien deberíamos decir en qué país no nos fijamos, porque prácticamente en todos hay logopedas.

¿El grueso del trabajo de los logopedas está en la infancia y en las personas mayores, es decir, en los extremos de la vida?

Creo que es donde se ve más la necesidad, donde más se conoce la figura del logopeda. En el caso de los niños, una de las cosas buenas que tiene nuestro sistema sociosanitario son los centros de atención precoz, que atienden a niños y niñas desde el nacimiento hasta los seis años, y pueden detectar dificultades de la comunicación, del lenguaje o de la deglución. En el caso de los adultos, la atención a las personas mayores, debido a la neurodegeneración, tal vez es lo que más se conoce, pero atendemos a personas con daño cerebral, como el ictus, de edades muy diversas. Además, también trabajamos con profesionales de la voz, desde maestros hasta cantantes, periodistas o políticos, ya sea porque tienen nódulos o porque quieren hacerlo mejor. De hecho, el camino de la logopedia es que haya especialistas en cada ámbito.

¿Qué es lo que más te ilusiona, hoy por hoy?

Lo que más destacaría es que el gran reto de la logopedia es la práctica basada en pruebas: enriquecernos y trabajar con los pacientes a partir de toda la investigación que se está realizando y ser capaces de hacer investigación desde la práctica profesional. Y en esta evidencia es importante tener en cuenta la experiencia de las familias y conseguir que quienes diseñan políticas conozcan el conocimiento que generamos. Las decisiones sobre la logopedia deberían basarse en pruebas científicas y no en otros tipos de motivos.