«El velo cristaliza la lucha entre el feminismo y la religión»

 Foto: Àngels Doñate

Foto: Àngels Doñate

22/08/2018
Àngels Doñate
Míriam Hatibi, portavoz de la Fundació Ibn Battuta

 

Míriam Hatibi es pura alegría, amabilidad, orgullo, energía y conciencia. Es mujer, joven, activista, musulmana, feminista y universitaria. Nacida en Barcelona, ha crecido en Bellpuig, hija de padre y madre marroquíes. Trabaja como consultora de una agencia de comunicación, ofrece charlas, ha escrito un libro (Mírame a los ojos, Random House Mondadori) y es portavoz de la Fundación Ibn Battuta. Para algunos es solo un velo, que lleva por decisión propia. Ella mueve las manos y habla sin parar, como si así pudiera ahuyentar este y todos los prejuicios y etiquetas que otros le ponen. Ríe y ríe mucho, consciente de toda la herencia recibida de su madre y abuelas de Marruecos para llegar donde está, consciente de todo el trabajo que tiene que hacer para dejar un mundo mejor, más justo e igualitario a las hijas y nietas que vendrán. Memoria y responsabilidad; compromiso y lucha: de todo ello habló en la última Jornada Alumni de la UOC, que se celebró en el Palacio de la Música el 11 de junio con el título La realidad en clave de género.

¿Qué es el feminismo?

No tener que plantearme si, por el hecho de ser mujer, podré o no hacer algo.

¿Cuántos feminismos existen?

No te lo sé decir porque no conozco todas las realidades de las mujeres. Puede haber tantos feminismos como mujeres, pero también mujeres que se sientan cómodas dentro de un mismo feminismo.

Hablas de un feminismo hegemónico. ¿Qué realidades deja fuera?

Existe un feminismo que se construye desde una clase social privilegiada, media-alta y con estabilidad laboral, occidental y blanca. Muchas veces se pronuncia también desde el rompimiento con la religión. Por lo tanto, podríamos decir que deja fuera a todas las mujeres creyentes, pobres, no educadas... Quizá no lo hace intencionadamente o lo hace pensando que estas no son lo suficientemente válidas para entender el feminismo. Pero lo son y también luchan.

Las ignoramos o ignoramos el mérito de su lucha.

Las mujeres blancas creéis que lideráis el feminismo. Vuestra posición es legítima porque gozáis de esta suerte: el privilegio de no tener que explicaros sobre tantas cosas. Reconoce este privilegio: «Estoy luchando por las mujeres que son como yo. Y las que no lo son tienen otros problemas. Quizá para algunos ayudo con mi acción; para otros, no». Nos llenamos la boca hablando de los derechos de las mujeres de Arabia Saudí. Muchas veces lo hacemos por islamofobia: las instrumentalizamos para criticar cómo las tratan los hombres de su país y ellas no nos importan. Y cuando emprenden sus luchas como la de conducir no se las reconocemos o presumimos de que son victorias casi nuestras. ¿Sabes la de mujeres árabes que han ido a la cárcel por este tema? Cuando hay mujeres negras como la activista Desirée parece que su feminismo no es importante. Desirée tiene un blog de estética afro, la Negra Flor. Hace activismo para que las chicas negras no quieran blanquearse la piel ni alisarse el cabello... Hay que reconocer que hay otra gente librando luchas y que estas son importantes.

Ser o no ricas o pobres, cultas o sin educación formal, occidentales... nos diferencia como mujeres. ¿Qué tenemos en común?

A lo largo de la historia, también a día de hoy a escala global, estamos sometidas a estructuras patriarcales que nos ponen en situación de inferioridad respecto a los hombres de la zona donde vivimos. ¿Que las mujeres de occidente gozan de privilegios que mujeres de otros lugares no tienen? Seguramente, pero ello no quita que estén inferiorizadas. Nos une tener que salir de este estado. Es cuestión de supervivencia, no de capricho. Hay que romper con eso, que no tiene una base de funcionamiento o biológica. Es un arrastramiento histórico. En el caso del feminismo islámico, dicen que es culpa de la religión. ¿Crees que el ateísmo no ha sido machista? El comunismo ha sido machista, también el capitalismo. Todas las ideologías han sido machistas y lo serán si antes no abandonamos el machismo.

¿Cómo te defines a ti misma? Esa es Míriam. Soy así.

El tema de la identidad es muy complejo. Te defines de muchas formas. Soy musulmana, soy catalana, soy marroquí, soy consultora de comunicación..., depende. Si estoy en un entorno que me inferioriza por mujer, me sentiré mujer. Si se me inferioriza por familia de inmigrantes, me sentiré así. Cuando me levanto no digo: «Soy esto».

¿Qué ves en los ojos de los demás cuando te miran? Joven, mujer, formada, musulmana, con velo...

Veo sorpresa. Y, a veces, la gente se acerca y ves respeto. Es genial la sensación. Pero aún es mejor cuando te miran como si nada. La normalización se agradece.

Todos somos diferentes. Todos somos únicos. ¿Por qué nos empeñamos en clasificarnos en grupos?

Los humanos tenemos prejuicios para ahorrar tiempo. Agrupamos a las personas para decir: «Si forma parte de este grupo, hay etiquetas de grupo y así me será más fácil relacionarme». Rompámoslo. Pensando en grupo nos dejamos detalles. La pregunta no es qué tipo de sociedad tenemos. La pregunta es qué sociedad queremos. Hay que pensar que existen individualidades, vulnerabilidades de cada grupo, pero también de cada persona. Si nos olvidamos de ello, no conseguiremos la sociedad que deseamos.

Yo soy tan libre como soy, soy privilegiada, estoy donde estoy, por la suma de muchas mujeres detrás de mí que han luchado por ello. ¿Y tú?

Mi madre es como un ventilador que va soplando fuerza y yo solo tengo que ir tirando. Mi madre se lo ha dejado todo para que yo estudie. Siempre ha sabido, y mi padre también, que la educación es lo que me podían ofrecer. Es verdad que acceder a la universidad, más allá de la titulitis, te permitirá acceder a un trabajo mejor, que te dejará más tiempo libre y más energías para otras actividades. Y tendré más autoestima para llevarlas a cabo. Hay un poema de Rupi Kaur que me gusta mucho. Una mujer en un monte dice: «Estoy encima de los sacrificios de mil mujeres antes de mí pensando qué puedo hacer para que esta montaña sea más alta para que las que vengan después puedan mirar más lejos». Tienes que reconocer que estás donde estás por lo que han hecho todas las que han venido antes, las conozcas o no, y reconocer la responsabilidad que tienes de trabajar para que las que vienen detrás no tengan que trabajar tanto. https://rupikaur.com

¿Cuándo comenzó tu interés por las cuestiones de género en concreto?

Recuerdo ver a mi madre y sus amigas y pensar: «Son mujeres muy luchadoras, trabajadoras. ¿Por qué no se las reconoce? ¿Por qué no están donde deberían estar?». En la universidad tuve a mi disposición una biblioteca impresionante y pude empezar a leer y leer. En mí, la construcción de la identidad pasa por la construcción de la religión. Soy mujer musulmana. El debate sobre islam está asociado a género y yo me planteé esta identidad.

 Te reconoces creyente. ¿Cómo conviven feminismo y creencias religiosas?

Tienes conflictos como otras mujeres feministas los tienen con otras filosofías vitales. Al final, la religión no deja de ser un conjunto de creencias y formas de ver la vida y cómo te relacionas en sociedad. Es una búsqueda constante: ver cuál es el tipo de islam que quieres vivir. Si busca la igualdad de todos los seres vivos, también debe buscarla entre géneros. Cada mujer parte de formas de ver la vida distintas y por ello la igualdad nos llega de maneras diferentes. Para mí estar sometida a Dios no es un problema en mi búsqueda de la igualdad de género que no pasa por estar sometida a ningún hombre. Hay mujeres que dicen que el feminismo rompe con todo: no sometida a hombre, dios o sistema económico. Otras mujeres se someten al comunismo...

No ves conflicto entre ser feminista y creyente. ¿Y con llevar velo?

No existe conflicto. El velo cristaliza la lucha entre el feminismo y la religión. Pero existen muchas razones para llevarlo. La mía es una cuestión de espiritualidad. Si se entiende como que parte de la sociedad te obliga a llevarlo no puede ser un velo feminista. Si es un velo que llevas por propia decisión, por mil reflexiones personales, por convicción, si un día la convicción cambia y te lo sacas, será una decisión más. No es ni feminista ni antifeminista. Vivimos en un momento muy centrado en el cuerpo de la mujer y en lo que hace con él. El velo es un trozo de tela con muchas connotaciones.