«El TDAH está de moda, pero son muy pocos los casos de niños diagnosticados con este trastorno que tienen base biológica»

 Foto:  UOC

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11/07/2019
Leyre Artiz
Es importante desmitificar el TDAH, lanzar un mensaje tanto a las familias como a las escuelas de la importancia de evitar «etiquetar» con TDAH a todos los niños con dificultades de atención o tendencia al movimiento e impulsividad.
Noemí Guillamón, directora del máster universitario de Psicología Infantil y Juvenil de la UOC e investigadora del grupo PSINET

 

Noemí Guillamón, directora del máster universitario de Psicología Infantil y Juvenil de la UOC e investigadora del grupo PSINET, considera que hay que estar muy seguros antes de «etiquetar» a un niño con trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH). En el día en el que se conciencia sobre este trastorno, ella prefiere desmitificarlo y enviar un mensaje optimista: con la implicación de todos y el tratamiento adecuado, se obtienen muy buenos resultados.

 

¿Cómo y cuándo puede detectarse el TDAH?

TDAH es la sigla de trastorno por déficit de atención con hiperactividad. Se trata de un trastorno que afecta tanto a niños como a niñas, aunque se observa una prevalencia mayor en los niños. Suele diagnosticarse a partir de los siete años, edad en la que puede observarse cierta estabilidad en los síntomas que permiten detectar si realmente hay un problema o no lo hay, y estos síntomas son los propios de una fase evolutiva normal. Además, el TDAH tampoco puede diagnosticarse antes, porque a día de hoy las herramientas diagnósticas disponibles no son adecuadas para niños más pequeños.

¿Y cuáles son estos síntomas?

Los niños con TDAH tienen serias dificultades para mantener la atención de una manera continuada y sostenida a lo largo del tiempo. Los pequeños no son capaces de fijar la atención en una sola cosa y van cambiando de actividad cada dos minutos: se cansan rápidamente de lo que hacen y pasan a otra cosa. En clase se distraen en seguida, hablan con los compañeros… Pero en los niños con TDAH, esta facilidad de distraerse es de una intensidad extrema. A muchos pequeños —y a muchos adultos— les cuesta fijar la atención, pero no es un trastorno si no se manifiesta, como decía, con una gran intensidad, la mayor parte del tiempo y en muchos entornos y actividades diferentes. Solo podemos hablar de TDAH si ocasiona problemas para la propia persona y para las que están a su alrededor, tanto si hablamos de niños como de adultos.

Suelen ser niños con dificultades para organizar tareas y actividades y planificar el tiempo. Se distraen y olvidan cosas con mucha frecuencia. Además, las personas con este trastorno suelen ser muy movidas y tienen muy poco control inhibitorio de sus impulsos. Les cuesta mucho esperar y actúan antes de pensar y analizar las consecuencias.

Estos son en resumen los síntomas más relevantes, aunque es importante decir que existe mucha variedad sintomatológica. Al igual que no hay un niño igual a otro, tampoco este trastorno se manifiesta de igual manera ni con la misma intensidad en todos los niños. En algunos predomina la hiperactividad, en otros la impulsividad, aunque es cierto que hay niños con el mismo nivel en estos síntomas.

Existe mucha polémica sobre este síndrome, hay voces incluso que dicen que no existe, y muchas apuntan a un sobrediagnóstico. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

Cada vez hay más estudios de corte neurobiológico que apuntan a la existencia de un déficit en diferentes funciones ejecutivas del cerebro de los niños diagnosticados con TDAH. Yo creo que en algunos pocos casos sí que hay una base biológica que da respuesta a estas dificultades de las que hemos hablado, pero en la gran mayoría de los casos el origen de estas dificultades es emocional. Es decir, estos pequeños expresan una sintomatología como respuesta a factores externos, como problemas familiares o en el ámbito escolar, aunque también hay que decir que no puede establecerse una causa directa: el divorcio de los padres no siempre deriva en hijos con problemas de hiperactividad o atención. Pero en mi opinión, son muy pocos los niños diagnosticados con TDAH con base biológica, y en muchos casos estamos tratando a pequeños que tienen otras dificultades y las expresan por medio del movimiento o la falta de atención. Parece que tanto el TDAH como el TEA (trastorno del espectro autista) están de moda.

¿Cuál es el tratamiento que mejor funciona?

Aquel que ayuda al niño a mejorar su capacidad de atención, a buscar la solución de los problemas y controlar sus impulsos, a pararse a pensar antes de actuar… Los niños con TDAH pueden padecer otros problemas asociados, sobre todo de aprendizaje, pueden tener dificultades de lectura y escritura, de compresión oral y escrita, que retrasan la adquisición de otros conocimientos. En ocasiones, deben llevarse a cabo lo que se denomina reeducaciones psicopedagógicas, es decir, deben trabajarse las dificultades de atención, planificación y organización del tiempo vinculadas a aspectos académicos.

La escuela trabaja de forma coordinada con los profesionales, se adaptan contenidos en caso de que sea necesario, se cambian metodologías de aprendizaje y se articulan medidas que les ayudan, como darles espacio para poder salir al pasillo o al patio a moverse, colocarlos en las primeras filas de clase para ayudarles a estar más atentos, o proporcionarles ejercicios segmentados para que puedan resolverlos en partes más pequeñas. En definitiva, se efectúan una serie de adaptaciones metodológicas que facilitan el seguimiento por parte de los niños en el colegio.

¿Y en el entorno familiar?

En primer lugar hay que explicar a las familias qué es el TDAH y en el caso de que estén dispuestas, que no siempre ocurre, detectar si hay dificultades que puedan influir en el niño: si existen problemas en la pareja, si la madre o el padre no están muy presentes en la educación de los hijos, si hay mucho estrés en la familia…

Es más fácil poner la etiqueta al niño que asumir como adultos que tenemos algo que ver en lo que le está pasando. Por suerte, cada vez hay más padres conscientes y responsables de la educación de sus hijos, pero en el caso del TDAH es muy fácil pensar que es un problema del niño sin darnos cuenta de que sí que influyen aspectos de nuestra vida.

¿Y qué te parece el tratamiento farmacológico para algunos casos?

Creo que el tratamiento ha de ser siempre multimodal y coordinado entre la escuela y la familia, pero sí que es cierto que en algunos casos se recetan fármacos que, en mi opinión, deberían darse solo a aquellos niños que tienen dificultades muy claras e intensas, y siempre y cuando no puedan tratarse exclusivamente con tratamiento psicológico. No deja de ser una medicación muy fuerte con efectos secundarios, por lo que es importante plantearse hasta qué punto se diagnostica TDAH en exceso y, en consecuencia, se medica también en exceso.

¿Qué consejos darías, entonces, para asegurar un buen diagnóstico?

Es importante desmitificar el TDAH, lanzar un mensaje tanto a las familias como a las escuelas de la importancia de un buen diagnóstico que evite etiquetar con TDAH a todos los niños con dificultades de atención o tendencia al movimiento e impulsividad, y buscar si puede haber otras causas no biológicas. Hay que descartar primero si son simplemente características de una etapa del desarrollo evolutivo del niño: hay niños más distraídos que otros, niños más movidos que otros, niños más impulsivos que otros… Y hay que descartar, también, como he comentado, que estas características no sean consecuencia de un contexto o un entorno que las propicia. Por último, hay que asegurarse también de que estas dificultades no se manifiestan en un solo entorno, y no solo en la escuela o en casa.

¿Crees que visibilizar el TDAH con días internacionales como el que se celebra el 13 de julio permite desmitificar el trastorno?

En realidad, creo que hay que asumir que el TDAH es una dificultad más, como tantas otras, y que con la implicación de todos pueden obtenerse muy buenos resultados. ¿Celebrar un día del TDAH? No sé hasta qué punto es bueno darle tanto espacio a un trastorno; creo que estaría mejor potenciar el bienestar y celebrar el día de la felicidad, el día de estar con uno mismo, el día de ser todos hermanos…