«Las mujeres africanas han demostrado capacidad de liderazgo, pero las instituciones y las prácticas culturales obstaculizan su visibilidad»

 Fatiha Serour

Fatiha Serour

18/03/2021
Teresa Bau
Fatiha Serour, alta comisionada de las Naciones Unidas en Somalia y profesora colaboradora de la UOC

 

La Dra. Fatiha Serour, alta comisionada de las Naciones Unidas en Somalia, se ha incorporado este curso como profesora colaboradora del máster de International Affairs and Diplomacy de la UOC y el Instituto de las Naciones Unidas para Formación Profesional e Investigaciones (UNITAR, por su sigla en inglés), uno de los dos másteres que la UOC ofrece con las Naciones Unidas, junto con el de Conflict, Peace and Security. La doctora, de origen argelino, ha desarrollado una prestigiosa carrera profesional en el ámbito de la resolución de conflictos, los derechos humanos, la igualdad y la inclusión. En esta entrevista nos da algunas claves sobre cómo se puede resolver la inestabilidad que aún persiste en el continente africano y nos explica qué papel tiene la sociedad civil en este marco. 

¿Qué expectativas y sentimientos tiene como nueva profesora del máster de International Affairs and Diplomacy de la UOC?

Me ha hecho feliz unirme a la UOC, ya que lo veo como una oportunidad, no solo para compartir mi conocimiento teórico sobre África y la política internacional, sino también para tener experiencias prácticas que llevan a la realidad este marco teórico. Lo veo como una oportunidad de intercambio mutuo y de aprendizaje. 

¿Qué papel tiene la sociedad civil en África? ¿Su empoderamiento es un impulso para el cambio en este continente? 

Hoy en día, el papel de la sociedad civil es vital para la transformación política y socioeconómica. En el pasado, la sociedad civil lideró e impulsó las luchas por la independencia en toda África, y lo consiguió. A pesar de que ha sufrido retrocesos en las últimas cuatro décadas debido a regímenes autoritarios, ahora es más fuerte, tal como muestran los movimientos civiles que hacen llamamientos a la democracia participativa, contra las prácticas de corrupción y en favor de sistemas de justicia inclusivos, transparentes y que rindan cuentas. 

La sociedad civil africana desarrolla el papel de órgano de control (también llamado watch dog en inglés) cuando hace un llamamiento a los gobiernos para que rindan cuentas. Hay ejemplos de levantamientos civiles recientes, como los de Gambia, Sudán, Argelia, Burundi, la República Democrática del Congo, la República Centroafricana, etc. La sociedad civil no se puede ver como un bloque homogéneo dada su diversidad (tanto política como social). Sin embargo, los movimientos suelen compartir un objetivo común: la lucha por la justicia social y la igualdad de oportunidades. La sociedad civil es, por tanto, un motor de cambio, tal como ha quedado demostrado en ejemplos recientes, como el movimiento civil de Sudán, que condujo a un cambio de gobierno en 2019. Otro buen ejemplo puede ser el movimiento de Gambia de 2017.

Como usted afirma, el liderazgo es uno de los retos de África. ¿Qué papel tienen las mujeres en este liderazgo? ¿El empoderamiento femenino puede cambiar positivamente el liderazgo en el continente?

El liderazgo a menudo se asocia con altos cargos, como presidentes, directores generales, etc., pero pienso que puede existir en todos los ámbitos. Está relacionado con unas cualidades innatas: un líder es un visionario, tiene la habilidad de motivar a otros para que compartan su visión y se comprometan, tanto si es de rango elevado como si es un líder comunitario. En África, y en todas partes, las mujeres han demostrado su capacidad de liderazgo, pero las instituciones y las prácticas «culturales» obstaculizan su visibilidad y les hacen sombra. Las mujeres generalmente alcanzan posiciones de liderazgo por mérito propio en lugar de por utilizar métodos de coerción o corrupción. Pienso sinceramente que no se trata de «empoderar» a las mujeres: ya son poderosas, decididas y resilientes. El problema es más bien que hay que retirar los obstáculos en cuanto a la visibilidad de las mujeres y permitir que desarrollen todo su potencial. Las mujeres africanas son una fuerza positiva poderosa: en la política, en negocios, como líderes comunitarias o activistas por la paz, etc. Este poder se debe optimizar dándoles visibilidad tanto en el ámbito público como en el privado.

El colonialismo aún pesa en África. ¿Hay ahora nuevos actores que quieren tener un papel importante en la política y la economía?

La respuesta simple es: ¡sí, claro! Además de los antiguos colonizadores, África es ahora codiciada por China, Rusia y los Estados Unidos, además de sufrir «interferencias» de los Emiratos Árabes, Turquía, etc. La narrativa no ha cambiado desde las luchas del siglo XIX: las materias primas, los mercados desregulados por productos manufacturados de manera barata o insegura, las rutas de comercio y las industrias extractivas que utilizan mano de obra barata sin protección social aún dominan la visión de los países extranjeros en África. Además de intereses económicos, los poderes extranjeros también tienen motivaciones «políticas» en sus programas antiterroristas, y también en la lucha contra el crimen transnacional, incluyendo la piratería en el Sahel, al este y al oeste de África. Sin embargo, la lucha contra la criminalidad transnacional no ha puesto fin —por conveniencia— a la venta ilegal de armas y a la presencia de mercenarios. Estos hechos son una fuente de preocupación porque ponen en peligro la estabilidad de África (Somalia, la República Democrática del Congo, Sudán, Uganda, etc.). En resumen, la presencia de potencias extranjeras en África no ha cambiado mucho desde el final de la guerra fría y las guerras por el poder. Ahora se han transformado en otras actuaciones que incluyen nuevos actores, como mercenarios, compañías privadas de seguridad, y también nuevos actores estatales (Emiratos Árabes, Turquía, Egipto, etc.). 

Uno de los problemas para la estabilidad y la paz es el gran número de mercenarios que «trabajan» combatiendo en diferentes conflictos en África. ¿Cómo se puede afrontar este reto? 

Esta es un área en la que los líderes africanos deben demostrar y ejercer un liderazgo firme y verdadero. El creciente número de mercenarios y de agencias de seguridad es un motivo serio de preocupación por su magnitud y flujo constante. Recuerdo cuando me enviaron a Somalia con la responsabilidad de hacer cumplir la ley y me encontré con que los mercenarios se infiltraban en oficinas de organizaciones internacionales y en autoridades nacionales. Actuaban sin control ni monitoreo y no rendían cuentas a nadie (excepto a sus agencias de seguridad, estados externos o actores no estatales).

El problema de los mercenarios no se puede resolver sin un compromiso genuino de los líderes africanos para negociar que se marchen del continente. Se necesitaría un plan de retirada gradual bajo los auspicios de la Unión Africana y del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. En Libia hubo un intento el pasado otoño. La lucha, liderada por el general Haftar, dividió el país aún más y causó una crisis humanitaria, y esto obligó a los mercenarios rusos, franceses y turcos a abandonar el territorio. Un diálogo así solo puede alcanzar sus objetivos si los países implicados priorizan la estabilidad en lugar de sus intereses propios (políticos y económicos). Es un equilibrio difícil de obtener, pero una visión a la que debemos aspirar...

La importancia del contacto personal en la diplomacia

Como usted ha mencionado, algunas de las organizaciones internacionales que trabajan por la estabilidad y la paz en el continente no van a la raíz de los conflictos. ¿Qué habría que hacer para cambiar esto? 

Se necesita urgentemente un análisis del conflicto con una visión de transformación en África. Esto posibilitaría trasladar el análisis fuera de la élite (generalmente situada en la capital del país) y dirigirla hacia las comunidades involucradas en el conflicto o que lo padecen. Incluirlas en el diálogo tendría como objetivo identificar por qué se desencadenó el conflicto y cómo se podría afrontar mediante soluciones diseñadas e implantadas de manera conjunta. Esto empoderaría a las comunidades para progresar hacia la estabilidad, y las haría responsables de la paz y la transformación social. Tato si la base del conflicto es una disputa sobre el agua, la propiedad de la tierra, la intolerancia étnica o religiosa... Todo esto debería formar la base del análisis y de las soluciones, de manera que el conflicto se erradique de raíz, antes de que crezca. Y, finalmente, habría que considerar un mecanismo de señalización de conflicto en cualquier estrategia de transformación de un conflicto. 

Vivimos en la era de la comunicación digital, y las redes sociales tienen una influencia importante en la política mundial, no siempre de manera positiva. ¿Cómo han cambiado estas tecnologías la diplomacia y cómo pueden tener una influencia positiva en este campo? 

Efectivamente, la comunicación digital es una herramienta poderosa para informar, «educar» e influir. Recordemos el impacto que las redes sociales tuvieron cuando estalló la Primavera Árabe: por primera vez, los jóvenes del norte de África estaban conectados con los de Oriente Próximo y Medio en la organización de protestas. Fue un proceso poderoso y positivo que rompió las barreras de comunicación. Sin embargo, hay una parte menos positiva, que es la imposibilidad de las redes sociales de controlarse y regularse de manera precisa, tal como se ha observado en acontecimientos políticos recientes. Así pues, yo sería prudente a la hora de utilizar estas tecnologías para la «diplomacia». La diplomacia —de viajes, de evaluación de condiciones para las negociaciones de un acuerdo de paz— solo se puede hacer «cara a cara», porque las habilidades interpersonales tienen un papel vital para construir una relación de confianza. Además, algunas de estas negociaciones deben tener lugar «en secreto» para proteger a los implicados. Así pues, hay que afrontar de manera equilibrada el uso de las redes sociales en asuntos diplomáticos. Por ejemplo, se pueden utilizar para la información y la educación básica, incluyendo la educación para la paz, y esto puede contribuir al proceso diplomático (pero de manera indirecta).

¿Cuáles son sus deseos para los estudiantes que están cursando el máster de International Affairs and Diplomacy? ¿Cómo piensan que pueden contribuir a la resolución de conflictos en África y el resto del mundo?

Muchos estudiantes del curso tienen un potencial intelectual enorme, además de interés y compromiso con el máster. Sin embargo, no todos se querrían implicar en diplomacia (que requiere unas habilidades específicas). Por lo tanto, les aconsejo que exploren sus intereses para que sepan cuál es su pasión y que identifiquen exactamente qué quieren hacer y dónde. Supongo que no todos querrán resolver conflictos en África, pero quizá les interesan otros aspectos políticos del continente. Así pues, les sugeriría que tengan una conversación con su tutor o conmigo misma para explorar juntos si quieren ser diplomáticos en sus gobiernos, en la Unión Africana o en las Naciones Unidas, si se quieren involucrar en investigación y enseñanza, etc. Sea cual sea el camino que sigan, definitivamente contribuirán a la transformación de los conflictos y a la paz y la estabilidad en África.