10/5/26 · Educación

El calor amenaza el aprendizaje en escuelas no adaptadas al clima

Un informe de la fundación Equitat.org, con la colaboración de la UOC, Institut Metròpoli e IREC, propone adaptar todos los centros públicos en menos de diez años para garantizar condiciones adecuadas en las aulas

El estudio alerta de que, a partir de 2030, casi una cuarta parte del curso escolar podría superar los 27 °C
niña delante de un ventilador

Equitat.org propone un plan para adaptar todas las escuelas e institutos públicos de Cataluña al nuevo contexto climático en un periodo de entre 5 y 10 años y con una inversión inferior a los 130 millones de euros anuales (200 euros por alumno cada año). Es la principal propuesta del informe “Calor en la escuela: cómo adaptar los centros educativos al nuevo clima del país”, elaborado por Mar Satorras (Institut Metròpoli), Isabel Ruiz Mallén (UOC - Universitat Oberta de Catalunya) y Joana Ortiz (IREC - Institut de Recerca en Energia de Catalunya), junto con un grupo de expertos del ámbito climático, sanitario, social y educativo.

Según el informe, casi la mitad de los edificios del sistema educativo público, 1.220 de 2.500, son anteriores al año 2000 y, de acuerdo con la información pública y los últimos planes del Departamento de Educación, no han sido reformados con criterios de adaptación climática. Esto implica que la mayoría de los centros no está preparada para el nuevo contexto climático y arrastra, además, déficits acumulados de envejecimiento (aislamiento deficiente, materiales obsoletos o ventilación limitada).

Estas limitaciones estructurales, junto con el aumento previsto de las temperaturas, impedirán garantizar unas condiciones mínimas de confort si no se actúa de manera integral. El informe detalla que a partir de 2030 se prevén entre 22 y 65 días anuales con más de 27 °C en función del territorio, el edificio o el entorno natural de la escuela. Es decir, los límites de calor podrían superarse durante una cuarta parte del curso (26 %).

 

Escuelas pensadas para otro clima

“Las escuelas del país fueron diseñadas para un clima que ya no existe”, ha explicado Ismael Palacín, director de Equitat.org, que alerta de las consecuencias que puede tener para la educación retrasar la adaptación de los centros. “Significa aceptar que miles de niños, jóvenes y docentes estudian y trabajan en espacios que comprometen su salud, su bienestar y su aprendizaje”.

Añade que el cambio climático puede ampliar las desigualdades educativas, ya que no todos los niños tienen las mismas condiciones en casa para hacer frente al calor —por ejemplo, viviendas sin buena ventilación o demasiado calurosas para estudiar o descansar—.

Recuerda también que los centros educativos, donde también se realizan actividades de ocio, extraescolares o familiares, pueden convertirse en refugios climáticos en un contexto en el que habrá cada vez más días seguidos de calor intensa: espacios frescos y seguros donde niños, familias y vecinos puedan realizar actividades o simplemente permanecer durante las horas de más calor. Esto es especialmente relevante para la población más vulnerable y puede ser clave para la seguridad climática de estas comunidades.

El informe recuerda que la exposición prolongada al calor tiene un grave impacto en el rendimiento académico y el aprendizaje. Afecta a las habilidades cognitivas del alumnado y del profesorado y comporta una menor capacidad para realizar tareas complejas, limita la comprensión lectora, la actividad neuronal y la memoria. Los niños y jóvenes tampoco cuentan con ninguna normativa legal que garantice condiciones adecuadas de confort térmico en la escuela, a diferencia del personal docente y los adultos en el ámbito laboral.

El informe también recoge investigaciones que confirman peores resultados en PISA del alumnado más expuesto al calor. Hasta el punto de que las puntuaciones caen un 0,18 % por cada día con más de 26,7 ºC, mientras que el rendimiento mejora cuando se reduce la temperatura.

El impacto del calor excesivo es todavía mayor y más frecuente en entornos con bajo nivel socioeconómico, debido a las condiciones y la baja calidad de los edificios escolares y las viviendas, la falta de acceso a sistemas de refrigeración o a espacios verdes públicos y entornos naturales.

Según el informe, las respuestas de las administraciones a los efectos climáticos son claramente insuficientes. Señala que hay 1.220 centros pendientes de reforma (cuando el Plan Director de Infraestructuras de 2021 preveía llegar a 1.477) o que, tras el Plan de Adecuación al Cambio Climático de 2023, la mayoría de los centros no había instalado ni ventiladores ni aire acondicionado. El informe también muestra que las actuaciones son muy desiguales: solo algunos municipios como Barcelona, Girona, Reus o Sant Boi de Llobregat han impulsado iniciativas pioneras en torno a los patios o los entornos escolares, a menudo temporales —vinculadas a los fondos Next Generation y, por tanto, a partidas no estructurales— y con frecuencia ineficientes, porque no parten de adaptaciones integrales que incluyan edificio y espacios exteriores o se centran en la climatización antes de aislar correctamente el edificio.

 

Un plan urgente y a largo plazo

El informe plantea cuatro grandes líneas de acción para asegurar que el conjunto de la red educativa esté preparado para un aumento sostenido de las temperaturas y para episodios de calor cada vez más frecuentes e intensos durante el curso escolar.

Resolver la falta de inversión y adecuación de una red de edificios muy diversa (construidos durante el siglo XIX, en planes de urgencia de los años 70 o más recientes) es económicamente costoso y burocráticamente lento. Por ello, el informe combina medidas de urgencia en paralelo a las inversiones estructurales.

Contempla de entrada un Plan de choque a corto plazo para proteger todos los centros durante los episodios de calor extremo, con ventiladores, mejora de la ventilación y de los patios, y la habilitación de espacios estratégicos bien aclimatados.

En paralelo, detalla un Plan de adaptación climática de todas las escuelas e institutos públicos a 5–10 años vista. Un proceso personalizado que comienza con un diagnóstico del centro para asegurar medidas eficientes en cada caso y que, ante todo, minimice el gasto energético (algo que actualmente no siempre se garantiza). También contempla una oficina técnica que pueda acompañar las decisiones de las escuelas.

Las propuestas también prevén un programa de educación climática para toda la comunidad educativa, así como un acuerdo nacional que blinde los umbrales máximos de confort térmico para el ámbito educativo (el informe propone un índice de calor por debajo de los 27 ºC) y garantice un marco normativo claro y adaptado a la vulnerabilidad infantil. Este umbral se basa en la evidencia de que, a partir de los 27 °C, el aprendizaje disminuye claramente.

El informe ha sido elaborado por Mar Satorras (Institut Metròpoli), Isabel Ruiz Mallén (Turba Lab, UOC-TRÀNSIC; Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación, UOC) y Joana Ortiz (IREC - Institut de Recerca en Energia de Catalunya). Ha contado con la colaboración de un grupo de trabajo con personas expertas en distintos ámbitos: educación, biología, pediatría, salud pública, arquitectura, entre otros: Mamen Artero, Elena Codina Sampera, Estefania Lara López, Fabián López Plazas, Rubèn Pineda, Mònica Ubalde, Eva Vilaseca y Carles Xifra Cirach.

 

Acceso al informe completo en Equitat.org

Dosier de prensa

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Este informe favorece los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) de la ONU 3, Salud y bienestar; 4, Educación de calidad; 10, Reducción de las desigualdades; 11, Ciudades y comunidades sostenibles, y 13, Acción por el clima; y se enmarca en las misiones de investigación de la UOC Salud y bienestar planetarioTransición digital y sostenibilidad y Educación del futuro.

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