"El retroceso del lenguaje se ha oficializado y se impone el simplismo"
Adan Kovacsics, escritor y traductor al español del último Premio Nobel de Literatura, László Krasznahorkai
Adan Kovacsics (Santiago de Chile, 1953) es escritor y traductor del alemán y del húngaro. Ha obtenido, entre otros reconocimientos, el Premio Nacional de Traducción del Ministerio de Cultura de España y el Premio Estatal de Traducción Literaria de Austria, y ha sido distinguido por el Gobierno húngaro con la condecoración Pro Cultura Hungarica. Traductor al español de László Krasznahorkai, Premio Nobel 2025, Kovacsics participa en el congreso internacional de la UOC Cultural Diversity and Funded Translations: Between Institutional Gatekeeping and the Market, Past and Present, organizado por el grupo GlobaLS (UOC-TRÀNSIC).
Kovacsics también es autor de ensayos que reflexionan sobre la dimensión del lenguaje y su estrecha relación con el contexto histórico y político-social, especialmente en tiempos convulsos. Entre sus obras destacan Guerra y lenguaje (2007), Karl Kraus en los últimos días de la humanidad (2015) y El destino de la palabra (2025). En esta entrevista, reflexiona sobre el deterioro del lenguaje público, la manipulación discursiva y el papel de la traducción en tiempos convulsos.
“La realidad es lenguaje. No podemos escapar de ella.”
En sus ensayos ha reflexionado sobre la relación entre lenguaje, historia y crisis. ¿Qué revela el deterioro del lenguaje público sobre el momento que vivimos?
Basta escuchar al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para constatar a dónde ha ido a parar el lenguaje público. El retroceso del lenguaje se oficializa. Se impone el simplismo. Se dice que esto es algo deliberado, para establecer una identificación con el "hombre común y corriente". ¡Cuánto desprecio hay allí al "hombre común y corriente"! No creo que sea algo trabajado, sino que el lenguaje público ya no es capaz de hablar de otra manera. Solo con frases sencillas y con palabras gruesas. Y esto irá a más.
En tiempos de polarización y propaganda, ¿el lenguaje aún sirve para comprender la realidad, o se ha convertido en una herramienta para deformarla?
La realidad es lenguaje. De allí no podemos escapar. Y es preciso, en un trabajo incansable, abrirse camino con el lenguaje a través de la maraña de palabras con la que nos avasallan de la publicidad, la propaganda, la ideología, la demagogia y los medios de comunicación.
Como traductor del alemán y el húngaro, ¿hasta qué punto traducir implica trasladar un mundo histórico, político y cultural, y no solo palabras?
Bueno, las palabras ya traen en sí un mundo histórico, político, cultural. Una buena traducción ya lo hace por sí sola.
Cuando el debate público tiende a simplificarlo todo, ¿puede la traducción resistirse al eslogan, al cliché y a la mirada binaria?
No necesariamente. También puede reforzar el "eslogan, el cliché y la mirada binaria".
Ha traducido al español a László Krasznahorkai. ¿Qué exigencia intelectual y ética plantea una escritura que obliga a demorarse cuando todo empuja a la velocidad?
Mi compromiso es con esta literatura, en general. Y este compromiso me ha llevado a dedicarme a la traducción de las obras de Krasznahorkai, que me plantean la misma exigencia intelectual y ética que las de Franz Kafka o Rainer Maria Rilke, por ejemplo, a los que también he traducido. Luego está el mundo particular de cada autor, las exigencias de ritmo y conocimiento que cada uno impone.
Este congreso parte de que la circulación literaria no es neutra. Desde su experiencia, ¿quién decide qué voces cruzan fronteras y cuáles se quedan fuera?
Es un entramado complejo, en el que el mercado tiene un papel esencial. Pero yo he conocido a editores que deseaban profundamente dar a conocer a un autor o una literatura, más allá del mercado. Y luego está la política: piense usted que a autores como Imre Kertész o László Krasznahorkai o Ádám Bodor apenas se les habría prestado atención si no hubiera caído el Muro de Berlín en 1989.
Se habla mucho de la traducción como puente cultural, pero menos como filtro. ¿Hasta qué punto traducir implica también reproducir desequilibrios de poder?
El poder no llega a todo, no llega a la poesía. Considerar la poesía —en la que incluyo el teatro, la narrativa, la literatura en general y, asimismo, la traducción literaria— una forma de poder es ir por el camino equivocado. Poesía en un sentido lato es precisamente lo que nos sustrae al poder, lo que nos alimenta para sustraernos al poder, para alimentar esa parte de nosotros tan grande y tan valiosa que no es poder. En el fondo, [Ósip Emílievich] Mandelstam (1891-1938), poeta y ensayista ruso, que murió en un gulag víctima de la represión estalinista, fue perseguido no porque se oponía, sino porque se sustraía al poder y se dedicaba de forma consecuente a su palabra, a su poesía, y eso era intolerable. El paso por la angustia, el paso por la muerte, el paso por el exceso, el paso por el amor, el paso por el respeto a los ancestros, allí está la poesía, no en el poder.
En el debate sobre diversidad cultural y bibliodiversidad, ¿las instituciones amplían de verdad el mapa de lo traducible, o solo corrigen el canon de forma cosmética?
Creo que el debate mismo es institucional y que la literatura debe sustraerse a ello y encontrar su palabra propia, picando piedra una y otra vez. Una literatura que se suma, que se arrima al debate institucional, acaba siendo cobarde y complaciente.
Después de décadas dedicadas a la traducción y al ensayo, ¿qué revela mejor una época: los libros que escribe o los que decide traducir?
Lo cierto es que no sabría distinguir. Para mí, escritura y traducción son vasos comunicantes. Y, por otra parte, una sociedad no escribe. Escriben unos bufones que se llaman escritores o poetas o traductores o artistas, que expresan vida, mundo o sociedad y con los que la sociedad no sabe muy bien qué hacer, a los que a veces tolera y en algunos casos encumbra.
Investigación con impacto y vocación transformadora
En la UOC entendemos la investigación como una herramienta estratégica para avanzar hacia una sociedad de futuro más crítica, responsable e inconformista. Desde esta visión, desarrollamos una investigación aplicada, interdisciplinaria y conectada con los grandes retos sociales, tecnológicos y educativos.
Los más de 500 investigadores e investigadoras y los más de 50 grupos de investigación de la UOC trabajan alrededor de cinco unidades de investigación centradas en cinco misiones: educación a lo largo de la vida, tecnología ética y humana, transición digital y sostenibilidad, cultura para una sociedad crítica, y salud digital y bienestar planetario.
Además, la universidad impulsa la transferencia de conocimiento y el emprendimiento de la comunidad UOC con la plataforma Hubbik.
Más información: https://www.uoc.edu/es/investigacion
Contacto de prensa
-
Anna Torres Garrote