20/3/26 · Comunicación

"Si alguien con TEA puede sobresalir en comunicación, puede hacerlo en cualquier sector"

Marc Compte Pujol, experto en comunicación e inclusión laboral e investigador del grupo GAME de la UOC

Marc Compte Pujol

Marc Compte-Pujol estudia las relaciones entre las organizaciones y sus públicos, así como la aplicación de la planificación estratégica a la comunicación (foto cedida por M. C.-P.).

A las puertas del Día Mundial del Autismo, que se celebra el 2 de abril, el investigador del grupo GAME, vinculado al centro de investigación UOC-TRÀNSIC de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), Marc Compte Pujol ha presentado un estudio sobre la inserción laboral de las personas con trastorno del espectro autista (TEA) en el sector de la comunicación y las relaciones públicas. El trabajo, publicado en abierto en Comunicació: Revista de Recerca i d'Anàlisi de la Sociedad Catalana de Comunicación, llena un vacío en la investigación sobre las personas con esta condición y demuestra que, con unas mínimas adaptaciones del entorno laboral, pueden aportar mucho valor y talento al sector. En esta entrevista, Marc Compte Pujol, que también es profesor de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación y experto en comunicación e inclusión, ofrece las claves para favorecer que las personas con TEA puedan expandir su horizonte hacia un entorno laboral que, tradicionalmente, les ha cerrado el paso.

“Con adaptaciones mínimas del entorno laboral, pueden aportar mucho valor al sector.”

¿Por qué decidiste investigar precisamente el encaje del autismo en el sector de la comunicación?

La idea nace de un indudable vacío en la investigación, puesto que prácticamente no hay estudios específicos sobre autismo en este ámbito. Es un sector que habla mucho de diversidad, pero en el que no se sabe realmente quién trabaja ni en qué condiciones lo hace. El estudio pretende aclarar este ángulo invisible y analizar una paradoja: el sector demanda mucha interacción social, pero también necesita competencias de gran precisión —como el análisis de datos o el rigor en la escritura— que se adecuan a las fortalezas de las personas con TEA.

A menudo se asocia el autismo con dificultades comunicativas. ¿Cómo se explica, pues, el encaje en un sector que vive de comunicar?

Depende de qué entendamos por comunicar. Si se trata de mantener charlas triviales, interpretar dobles intenciones o improvisar, efectivamente, el TEA puede ser una barrera. Pero si entendemos la comunicación como la construcción de mensajes claros, directos, funcionales y rigurosos, aquí, en cambio, aparecen fortalezas muy potentes. De hecho, la comunicación clara y orientada a la funcionalidad es un potencial explícito de estos perfiles.

¿Cuáles son los principales prejuicios que todavía pesan sobre las personas con TEA?

Aún persisten mitos como que "no pueden trabajar en equipo", que "no son empáticos" o que "no sirven para tratar con clientes". Y también existe el mito opuesto: la idea de la "genialidad" constante, como si todos fueran superdotados. Pero la realidad es mucho más heterogénea. Hablar de TEA no es hablar de un perfil único, sino de un espectro prácticamente infinito. Además, según cómo esté diseñado el entorno de trabajo, será más fácil aprovechar su talento. Por eso es importante que las adaptaciones que se hagan sean personalizables. El enfoque correcto debería ser preguntar qué se necesita en vez de asumir generalizaciones.

¿Qué valor diferencial aporta una persona con TEA a una agencia o a un departamento de comunicación?

Estas personas aportan rigor, atención al detalle y un gran cumplimiento de los plazos. Además, tienen una capacidad destacada para el pensamiento lateral, conectar ideas y detectar patrones. Su perfil analítico es muy valioso para trabajar con datos y métricas en entornos digitales. Finalmente, también disponen de una ética de trabajo basada en la honestidad y la integridad, alejada del postureo.

¿Qué adaptaciones pueden aplicar las empresas para mejorar esta inclusión?

Son cambios a menudo baratos y concretos, como ofrecer flexibilidad mediante el teletrabajo, reducir estímulos sensoriales (luz, ruido…) y dar instrucciones claras y por escrito, en lugar de hacerlo solo de forma oral o improvisada. También es conveniente estructurar las reuniones con turnos de palabra y, sobre todo, evaluar por resultados y no tanto por habilidades sociales. Por lo tanto, son cambios que hacen que las organizaciones sean más eficientes para todo el mundo, no solo para las personas con TEA.

Si tienen tanto potencial, ¿por qué el sector sigue siendo tan poco accesible?

El tapón suele ser el entorno. El sector de la comunicación tiene una cultura en la que todo es urgente, se requiere una disponibilidad constante y un networking excesivo como capital profesional. También hay procesos de selección basados casi exclusivamente en la performance social y reuniones eternas que premian a la gente que se hace ver por encima de los resultados reales. Muchas personas con TEA sufren por la sobrecarga sensorial (ruido, luz) y la necesidad de llevar a cabo varias tareas simultáneamente, y acaban quedando fuera de dichos procesos.

O a menudo prefieren no hacer público su diagnóstico en el trabajo. ¿Por qué?

Porque hay un círculo vicioso: si el diagnóstico no se ve, parece que no exista; si no existe, no se crean políticas de acogida; y sin estas políticas, la gente se lo calla por miedo al estigma. El riesgo de decirlo es topar con prejuicios o discriminación en las promociones. Pero si no se da a conocer, la persona pierde el acceso a las adaptaciones y acaba haciendo un sobreesfuerzo para encajar que puede derivar en agotamiento profesional.

¿Crees que el sector de la comunicación predica con el ejemplo en temas de neurodiversidad?

Todavía no. A pesar de que habla mucho de diversidad, la realidad es que hay más concienciación en cuestión de género o raza, pero la neurodiversidad aún queda atrás. Muchas empresas que deben cumplir cuotas legales de discapacidad optan por la diversidad física y dejan de lado el autismo. Es cierto que el relato está mejorando, pero la implementación práctica todavía es lenta y, en igualdad de condiciones, se continúan prefiriendo otros candidatos.

¿Qué papel puede tener la inteligencia artificial (IA) en este proceso de integración?

La IA puede ser una palanca muy potente, porque reduce tres grandes barreras: la ambigüedad, la sobrecarga y la improvisación. Puede ayudar a estructurar la información (resumir reuniones, ordenar ideas), reducir la carga ejecutiva (priorizar tareas) y hacer la comunicación más accesible (ajustar el tono de los textos sin perder la literalidad). Esto permite que el talento de las personas con TEA se concentre en lo que realmente aporta valor: la creatividad y el análisis.

¿Cuál debería ser el papel de la universidad para cambiar esta realidad?

Las universidades tienen que pasar de la sensibilización a la acción, incorporando la neurodiversidad al currículum y ofreciendo formatos de evaluación diversos. Hace falta que la entrada en el mercado laboral no dependa solamente de "saberse vender". De hecho, si alguien con TEA puede sobresalir en un sector tan exigente y poco predispuesto como el de la comunicación, significa que, si tiene un poco de confianza y se le da la oportunidad, podría hacerlo en cualquier otro sector.

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