«La diversidad de estudiantes tiene un gran potencial para mejorar el aprendizaje»

 Alexandra Sedlovskaya

Alexandra Sedlovskaya: «La pandemia nos ha obligado a plantearnos mejor la pedagogía y cuestiones como la diversidad, la inclusión y el sentido de pertenencia»

10/11/2021
Agustín López
Alexandra Sedlovskaya, subdirectora del C. Roland Christensen Center for Teaching and Learning, de la Harvard Business School

 

Alexandra Sedlovskaya es subdirectora del C. Roland Christensen Center for Teaching and Learning, de la Harvard Business School. Diseña y lleva a cabo trabajos de investigación en materia de gestión de la educación y pedagogías que apoyen una enseñanza centrada en los participantes. Hace poco dirigió el seminario web «Cómo crear un entorno de aprendizaje virtual inclusivo», parte de la Serie de Seminarios sobre Digitalización y Transformación (SSDT): Experiencias de Investigación Compartidas, organizado por el Digital Business Research Group (DigiBiz). Este evento se promocionó desde los Estudios de Economía y Empresa, en colaboración con el Área de Globalización y Cooperación, y se enmarcó en el proyecto europeo e-Inclusion, cuya misión es proporcionar al profesorado herramientas para propiciar una educación inclusiva y acorde a la diversidad en las aulas.

¿Cómo definiría la educación inclusiva?

Para mí, la educación inclusiva es un proceso centrado en los participantes en el que los estudiantes tienen la sensación de que se los contempla como alumnos individuales y se los valora como miembros de una comunidad educativa.

¿Por qué es importante crear un entorno educativo inclusivo? ¿Cuáles son los principales beneficios tanto para los alumnos como en términos de aprendizaje?

La diversidad de estudiantes tiene un gran potencial para mejorar el aprendizaje. Para mí, contar con un entorno educativo inclusivo es clave para desbloquear ese potencial. Crea un espacio en el que los alumnos aprenden con los demás y de los demás compartiendo perspectivas diversas, intercambiando ideas y generando nuevos planteamientos.

¿Cuáles son los desafíos específicos de implantar la educación inclusiva en un entorno en línea?

Un entorno educativo en línea ofrece una oportunidad para reunir a alumnos con trasfondos y experiencias muy diferentes. Ahora bien, también puede resultar más difícil garantizar que todos los alumnos tengan la sensación de que se los percibe como estudiantes individuales y se los valora como miembros de una comunidad educativa. Por ejemplo, los estudiantes pueden sentir que no son más que baldosas en el mosaico de la pantalla durante las sesiones de clases síncronas, y pueden sentirse incluso más aislados de sus compañeros de clase durante la educación asíncrona. Una pregunta importante que debemos formularnos es la siguiente: en términos prácticos, ¿cómo fomentamos y aprovechamos la diversidad de alumnos para facilitar el aprendizaje?

¿Cuáles son las claves para crear un entorno educativo inclusivo?

En mi opinión, la respuesta breve es con una pedagogía bien definida. ¿Proporciona nuestro diseño de los cursos oportunidades significativas a los estudiantes para interactuar entre sí, sea de manera síncrona, asíncrona o ambas? ¿Qué podemos hacer incluso antes de que empiece el curso para dar la bienvenida a los alumnos a nuestra comunidad educativa (entre otros, contactar con los alumnos de forma individual para conocer su trasfondo, sus intereses o sus motivos para apuntarse a nuestras clases y para determinar juntos los objetivos del semestre)? ¿Cómo empezamos a construir la sensación de comunidad desde el primer día de clase (por ejemplo, estableciendo unas normas y unas expectativas ambiciosas)? ¿Cómo la reforzamos continuamente a lo largo de todo el semestre (con una participación inclusiva de los estudiantes, con la implicación de los alumnos fuera de clase, etc.)?

¿En qué consiste el marco de las cuatro C? ¿Cómo ayuda a implantar la educación inclusiva en el aula?

Cualquier comunidad necesita normas sociales para funcionar bien. Para empezar a construir una comunidad educativa inclusiva en mi clase, presento el marco de las cuatro C sobre cómo aprenderemos juntos. Son (1) curiosidad: perseguir el conocimiento de manera colectiva; (2) candor: exponer de forma sincera las diversas perspectivas; (3) cortesía: aportar ideas desde el respeto, y (4) coraje: estar dispuesto a escuchar y a entender opiniones distintas a las nuestras.

¿Qué recomendaría a los educadores que quieran hacer su clase más inclusiva?

La creación de un entorno educativo inclusivo es un proceso continuo. Yo aconsejaría a los docentes que se guiaran por las mismas normas que establecemos para los alumnos. Mostrar curiosidad por las perspectivas de los alumnos; reconocer que el candor, la sinceridad, puede hacer que los alumnos sean más vulnerables y requiere confianza, apoyo y reciprocidad; responder a los estudiantes con cortesía y buenas intenciones, y recordar que la voluntad de escuchar y entender no solo requiere coraje por parte del alumnado, sino también del profesorado. Tal vez no lo hagamos a la perfección, pero lo importante es practicar, reflexionar y volver a hacerlo.

¿Qué tipo de investigación está haciendo en este ámbito?

Mi investigación empírica se centra en la ocultación de la identidad en las organizaciones y las instituciones académicas. Algunas de nuestras identidades (como las creencias políticas y religiosas, la orientación sexual o la situación socioeconómica) pueden ser menos visibles que otras (por ejemplo, la raza, el género y la edad). Podemos ocultar una o varias de nuestras identidades invisibles para evitar la devaluación social en un entorno, pero esto puede tener sus propios costes psicológicos, cognitivos y físicos. Esta investigación subraya la importancia de generar un entorno educativo inclusivo en el que los estudiantes se sientan seguros (aunque no obligados) a compartir quiénes son.

¿Piensa que la situación de la COVID-19 ha generado más conciencia acerca de la educación inclusiva? ¿Cómo ve el futuro de este planteamiento?

El cambio a la educación en línea durante la pandemia nos ha obligado a plantearnos mejor la pedagogía y cuestiones como la diversidad, la inclusión y el sentido de pertenencia. Además, esta transición propició un diálogo entre educadores de todo el mundo. Y, en última instancia, creó un entorno educativo más inclusivo para que los docentes compartieran sus distintas perspectivas, intercambiaran ideas y generaran nuevos enfoques. En el futuro, espero que la educación inclusiva se convierta en un ciclo virtuoso para profesores y estudiantes.