La UOC activa un radar para prever las competencias que exigirá el mercado laboral
La UOC impulsa, desde la UPAL, una línea de inteligencia laboral para detectar cambios en las competencias profesionales y adaptar la formación a un mercado marcado por la digitalización, la transición verde y la inteligencia artificialLa skills intelligence combina datos masivos, análisis cualitativo y conocimiento experto para reducir los desajustes entre educación superior, empleabilidad y mercado de trabajo
Los mercados laborales están cambiando a una velocidad difícil de asumir para los sistemas educativos tradicionales. La digitalización, la transición ecológica, los cambios demográficos y, más recientemente, la irrupción de la inteligencia artificial (IA) están transformando no solo los empleos, sino también las tareas concretas que llevan a cabo los profesionales en su día a día. En este contexto, prever qué competencias serán necesarias se ha convertido en una cuestión estratégica para universidades, empresas, administraciones y trabajadores.
Esta es la función que desarrolla la Unidad de Prospección y Análisis Laboral (UPAL) de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), una unidad dedicada a analizar la evolución del mercado laboral y las competencias profesionales. Su tarea también se ha situado en el debate internacional mediante la participación en el International Forum on Skills Intelligence (IFSI), una iniciativa vinculada al análisis de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) sobre cómo construir sistemas sólidos de previsión de competencias.
"Nosotros vemos un sistema de prospección, como la UPAL, como un radar que ayuda a detectar y prever estos cambios, así como a alertar de ellos", explica Carme Pagès, directora de la UPAL y investigadora del Centro de Investigación en Transformación Digital y Gobernanza (UOC-DIGIT) de la UOC. Según Pagès, esta información complementa el trabajo de las direcciones de estudios y de programa "a la hora de definir nueva oferta formativa y de adaptar la oferta existente a necesidades nuevas".
La idea de fondo es sencilla, aunque aplicarla sea complejo: el mercado laboral cambia más deprisa que los planes de estudios, y las universidades necesitan mecanismos capaces de observar, interpretar y prever estas transformaciones. No se trata solo de saber qué trabajos crecen o desaparecen, sino de identificar qué competencias ganan relevancia dentro de cada ocupación.
Más de diez millones de ofertas de trabajo
Para detectar estos cambios, la UPAL combina métodos cuantitativos y cualitativos. En el ámbito cuantitativo, trabaja con técnicas de ciencia de datos, procesamiento del lenguaje natural y análisis de grandes volúmenes de información aplicados a más de diez millones de ofertas de trabajo en línea en España, mediante la plataforma Lightcast. También usa las clasificaciones del sistema europeo ESCO (European Skills, Competences, Qualifications and Occupations), que permiten relacionar empleos y competencias.
A esta base de datos se le añaden entrevistas, talleres con empresas y expertos sectoriales, grupos focales y revisiones sistemáticas de informes sobre tendencias emergentes. El resultado son herramientas como los informas de inteligencia de mercado laboral, disponibles para las facultades de la UOC, y el Barómetro de Competencias y Ocupaciones de Cataluña, elaborado conjuntamente con Pimec (Pequeña y Mediana Empresa de Cataluña).
"La UPAL combina múltiples fuentes y técnicas para obtener una visión completa y actualizada del mercado laboral", explica Mitchell Peters, investigador de la Unidad. Según Peters, las ofertas de trabajo en línea permiten detectar tendencias con rapidez y una cobertura amplia, pero no son suficientes para entender qué está pasando.
Las datos masivos tienen una ventaja evidente: ofrecen escala y permiten observar cambios casi en tiempo real. Pero también presentan limitaciones. "Los enfoques cuantitativos son más adecuados para identificar cambios en la demanda de diferentes tipos de trabajadores y de competencias concretas que no en desajustes entre oferta y demanda o en tendencias futuras", señala Peters, en línea con los análisis presentados por la OCDE en el foro IFSI.
Además, hay cambios que todavía no aparecen en las ofertas de trabajo, a pesar de que ya se estén gestando dentro de las empresas. Es el caso de nuevas tecnologías, reorganizaciones internas o competencias emergentes que todavía no se han incorporado al lenguaje habitual de las descripciones de los puestos de trabajo. Por eso, la UPAL combina el análisis de datos con entrevistas, talleres y consultas con actores del mercado laboral.
"A veces, lo que las empresas expresan en una conversación directa no coincide con lo que aparece en las ofertas de trabajo, y esta brecha es, en sí misma, información valiosa", apunta Peters. Este contraste permite detectar competencias emergentes y comprender mejor el contexto estratégico, cultural o sectorial que hay detrás de los números.
“En los últimos años, ha aumentado significativamente la demanda de competencias transversales, especialmente las llamadas competencias blandas, que también podríamos denominar competencias humanas”
El auge de las competencias humanas
Uno de los principales desajustes detectados por la UPAL tiene que ver con el peso creciente de las competencias transversales. La automatización de tareas rutinarias y codificables ha incrementado la importancia de capacidades como la coordinación, la comunicación, la negociación, el trabajo en equipo o la empatía.
"En los últimos años, ha aumentado significativamente la demanda de competencias transversales, especialmente las llamadas competencias blandas, que también podríamos denominar competencias humanas", afirma Carme Pagès. Si bien este fenómeno no está completamente explicado, los estudios apuntan que, a medida que las máquinas asumen tareas más repetitivas, aumenta la importancia de aquellas actividades en las que las personas siguen siendo difíciles de sustituir.
La inteligencia artificial refuerza esta tendencia. No basta con formar a profesionales capaces de utilizar herramientas digitales. También hacen falta personas con pensamiento crítico, creatividad y capacidad para evaluar, supervisar y contextualizar los resultados generados por algoritmos y plataformas. "La irrupción de la inteligencia artificial está incrementando la necesidad de profesionales que, además de tener conocimientos disciplinarios sólidos, hayan desarrollado competencias como el pensamiento crítico, la creatividad y la capacidad de evaluar y supervisar los resultados generados por algoritmos y plataformas digitales", señala Pagès.
Esto plantea un reto directo a la educación superior. Muchos programas universitarios se han centrado tradicionalmente en conocimientos técnicos o disciplinarios, mientras que las competencias transversales han recibido una atención más limitada o menos sistemática. Para Pagès, uno de los grandes desafíos actuales consiste en integrar estas capacidades dentro de los aprendizajes propios de cada disciplina, no como un añadido decorativo, sino como una parte central de la formación.
La velocidad de los cambios también aumenta la importancia de la capacidad de adaptación. En un mercado laboral menos estable y más incierto, aprender una sola vez ya no es suficiente. La formación continua, la flexibilidad profesional y la capacidad de actualizar competencias se han convertido en elementos esenciales para la empleabilidad.
Adaptar la universidad sin subordinarla al mercado
Sin embargo, la previsión de competencias plantea una tensión delicada: cómo se puede adaptar la educación superior a los cambios del empleo sin reducir la universidad a una simple proveedora de perfiles para las empresas. Pagès insiste en que la universidad tiene que responder a un conjunto amplio de necesidades, no únicamente a los requerimientos de las empresas. "Su misión es formar a personas de forma integral, mucho más allá de su dimensión profesional o laboral", afirma. A la vez, reconoce que gran parte del estudiantado accede a la universidad para mejorar sus oportunidades laborales, cambiar de empleo, asumir más responsabilidades o afrontar con más confianza sus retos profesionales.
La paradoja es que los cambios tecnológicos están reforzando, y no debilitando, la importancia de una formación amplia. A medida que la inteligencia artificial y otras tecnologías asumen más tareas rutinarias, capacidades como el juicio ético, la creatividad, la comunicación, la empatía, el pensamiento crítico y la comprensión de contextos complejos ganan valor.
"Formar a personas en un sentido amplio no solo responde a una misión educativa y social de la universidad, sino que también constituye una de las mejores maneras de prepararlas para un entorno laboral en transformación constante", sostiene Pagès.
Desde esta perspectiva, la inteligencia de competencias no consiste en perseguir cada demanda coyuntural del mercado, sino en ofrecer mejor información para tomar decisiones más fundamentadas. Esto afecta a la creación de nuevos programas, la actualización de asignaturas, la orientación profesional del estudiantado y el diseño de herramientas que ayuden a comprender cómo evolucionan los empleos.
Peters subraya que el IFSI nació precisamente de la constatación de que este campo sigue estando fragmentado. Universidades, empresas, organismos públicos y proveedores de formación suelen trabajar en paralelo, con lenguajes y marcos diferentes. La aportación de la UPAL es doble: por un lado, ofrece un modelo institucional aplicado, el de una universidad que ha integrado la inteligencia de mercado laboral en la toma de decisiones académicas; por otro, el diálogo con la OCDE permite situar esta práctica en un marco internacional comparado.
"Prever el futuro del trabajo es, por definición, una tarea incierta; pero la colaboración entre instituciones con enfoques complementarios —datos en tiempo real, perspectiva comparada, trabajo directo con empresas y estudiantes— es la mejor herramienta disponible para reducir esta incertidumbre", afirma Peters.
La participación de la UPAL en este debate internacional no solo permite compartir conocimiento, sino también mejorar las herramientas que la universidad ofrece a su estudiantado y a la sociedad. En un contexto en el que las competencias cambian más deprisa que muchas estructuras formativas, disponer de un radar no garantiza ver todo el futuro, pero ayuda a no avanzar a ciegas.
Expertos UOC
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Anna Torres Garrote