17/7/26 · Institucional

La UOC establece una política para garantizar un uso transparente, responsable y ético de la inteligencia artificial en sus revistas

La universidad aprueba una política editorial que regula el uso de la IA en la redacción y la revisión de artículos científicos y divulgativos, con el objetivo de reforzar la transparencia, la integridad de la investigación y la responsabilidad humana
Política IA en revistas

(Foto: Detail .co / Unsplash)

La inteligencia artificial (IA) generativa ha irrumpido con fuerza en el mundo académico y editorial. En pocos años, herramientas capaces de generar textos, resumir información, traducir contenidos y crear imágenes se han incorporado al trabajo cotidiano de muchos investigadores y autores. Estas tecnologías ofrecen nuevas posibilidades, pero también plantean interrogantes sobre la autoría, la calidad de los contenidos, la transparencia y la integridad científica.

Con la voluntad de dar respuesta a estos nuevos retos, la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) ha aprobado la Política de uso de la inteligencia artificial en la redacción y revisión de los artículos publicados en las revistas científicas y divulgativas de la UOC, un documento que establece los criterios que deben seguir tanto los autores como los revisores cuando utilizan herramientas de inteligencia artificial en el proceso de publicación. La política, aprobada por la Comisión de Investigación y Transferencia y el Consejo de Dirección de la UOC en 2025, es aplicable tanto a las revistas científicas de la universidad —Artnodes, IDP, DIGITHUM y Dictatorships and Democracies— como a las revistas divulgativas ComeIn, Oikonomics y Mosaic.

El objetivo es ofrecer un marco claro para que los autores y revisores sepan qué responsabilidades asumen cuando utilizan herramientas de IA, y reforzar, al mismo tiempo, la transparencia, la ética y la integridad de la investigación.

 

Un marco regulador que no busca prohibir

La irrupción de la inteligencia artificial generativa ha abierto nuevas oportunidades para la investigación y la publicación académica, pero también ha planteado interrogantes sobre la autoría, la fiabilidad de los contenidos y la responsabilidad de quien los firma. En este contexto, la UOC ha optado por establecer un marco que regule el uso de estas herramientas, en lugar de prohibirlas.

Para Ayllen Gil, profesora de los Estudios de Derecho y Ciencia Política, investigadora del grupo de investigación Derecho, Internet y Transformación Digital (DITD) y directora de la revista IDP. Revista de Internet, Derecho y Política, "el gran reto no es solo determinar la autoría, sino garantizar la integridad de lo que se publica cuando las herramientas de detección no son fiables y la IA es capaz de fabricar desde textos fluidos hasta datos experimentales plausibles, pero falsos". Según Gil, la política nace precisamente para "trazar una línea clara para que la asistencia técnica no sustituya el rigor intelectual".

Esta es también la filosofía que inspira el documento: no se trata de impedir el uso de la inteligencia artificial, sino de garantizar que se utilice de forma transparente y bajo la responsabilidad de las personas. En este sentido, Mariló Martín, directora de Publicación Académica de la UOC, considera que una prohibición generalizada solo favorecería la opacidad, mientras que el hecho de exigir que los autores declaren cuándo y cómo han utilizado estas herramientas contribuye a reforzar la confianza en la publicación científica. La IA puede ser una herramienta de apoyo legítima, siempre que esté subordinada al control humano, afirma.

“Se concibe como una política editorial clave que debe ayudar a los autores y revisores que colaboran con nuestras revistas a hacer un uso ético y responsable de herramientas de IA.”

Transparencia desde el primer momento

La política se articula alrededor de siete principios: transparencia, integridad y ética, equidad y no discriminación, supervisión y compatibilidad humanas, calidad y legalidad. Todos estos principios refuerzan una idea central: la IA puede formar parte del proceso editorial, pero no puede sustituir nunca el juicio crítico ni la responsabilidad de las personas.

Una de las principales novedades es que cualquier autor que utilice herramientas de IA tendrá que declararlo explícitamente en el manuscrito y deberá indicar qué herramienta ha usado, con qué finalidad y en qué tareas, ya sea como asistencia para la escritura, para transformar información entre formatos o para sistematizar argumentos.

La política también establece que las herramientas de inteligencia artificial deben citarse siguiendo el formato bibliográfico de cada revista, de la misma forma que se referencian otras fuentes utilizadas durante el proceso de investigación.

 

La responsabilidad, todavía humana

Uno de los ejes centrales de la política es que la responsabilidad sobre los contenidos no recae nunca en la tecnología. Las herramientas de inteligencia artificial no pueden ser consideradas autoras ni coautoras de los artículos, y su uso no exime a los autores de responder por la precisión, la calidad y la integridad de lo que publican.

La política recuerda que cualquier texto generado con IA debe ser revisado críticamente antes de ser publicado, puesto que estas herramientas pueden producir información incorrecta, incompleta o sesgada (las denominadas alucinaciones), así como resultados discriminatorios o errores en los métodos de análisis. Por este motivo, la validación humana es imprescindible en todas las fases del proceso editorial.

Para Gil, remarcar este principio es esencial para preservar el propio sentido de la investigación científica. Según explica, la política pretende evitar que el proceso académico se convierta en "un bucle cerrado de máquinas que escriben artículos y máquinas que los revisan", en el que se pierda el sentido crítico. Esto implica que los autores deben asumir la responsabilidad de todas las etapas de la investigación, la redacción y la publicación, mientras que los revisores no pueden delegar su juicio crítico y tienen que garantizar también la confidencialidad del proceso editorial y el valor de la revisión por pares.

 

Garantizar la calidad, los derechos y la privacidad

La política también dedica una atención especial a aspectos jurídicos y éticos vinculados al uso de la IA. Los autores deben asegurarse de que cuentan con los derechos necesarios para utilizar las herramientas seleccionadas y comprobar qué condiciones de uso se aplican a los contenidos que introducen en ellas y a los resultados que obtienen. De esta forma, se recomienda evitar que los contenidos introducidos sirvan para entrenar los modelos de inteligencia artificial y priorizar el uso de materiales abiertos o de los que se tengan los derechos correspondientes.

Asimismo, la política establece que los autores deben garantizar que los contenidos generados no vulneran derechos de autor ni derechos de imagen de terceras personas y que la UOC podrá utilizarlos en el marco de sus publicaciones.

En cuanto a la protección de datos, se establece que no hay que introducir en estas herramientas datos personales ni información que pueda identificar a personas, y se recomienda configurar los sistemas de IA con las opciones que ofrezcan más garantías de privacidad.

 

Un documento pensado para evolucionar

La UOC define esta política como un documento vivo, destinado a adaptarse a la constante evolución tanto de las tecnologías de inteligencia artificial como del marco normativo que las regula. Por este motivo, la universidad prevé revisarla periódicamente e introducir las modificaciones necesarias para adecuarla a los cambios tecnológicos, legales y sociales.

Esta voluntad de adaptación también es una de las principales características del documento. Martín explica que "se concibe como una política editorial clave que debe ayudar a los autores y revisores que colaboran con nuestras revistas a hacer un uso ético y responsable de herramientas de IA, y la universidad tiene que revisarla periódicamente para adaptarla a la evolución tecnológica, legal y social".

Con esta iniciativa, la UOC quiere ofrecer un marco claro tanto para los autores como para los revisores de sus revistas, a fin de reforzar la transparencia, la calidad y la integridad científica en un contexto en el que la inteligencia artificial ya forma parte de la práctica investigadora. Más que limitar el uso de estas herramientas, la política apuesta por establecer criterios para que pueda incorporarse de forma responsable, ética y siempre con la supervisión de las personas, a fin de preservar los principios que sustentan la publicación académica.

Contacto de prensa

También te puede interesar

Más leídos

Ver más sobre Institucional