2/7/26 · Cultura

Los beneficios fiscales y legales, motivaciones al alza a la hora de casarse a partir de los cuarenta

Cataluña es el territorio donde la edad de las parejas que se casan es más elevada
Boda

(Foto: Jocelyn Allen / Unsplash)

El número de personas que se casan entre los cuarenta y los cincuenta años ha aumentado más de un 300 % en nuestros días, en comparación con las décadas de los años noventa o de principios de los 2000, según datos del Instituto Nacional de Estadística. Cataluña es el territorio donde la edad de las parejas que se casan es más elevada, seguido de las Islas Canarias y de las Islas Baleares. La media de edad para casarse en España ahora es de 36,8 años en el caso de los hombres y 34,7 en el caso de las mujeres.

Contrariamente a lo que se pueda pensar, la mayoría de las parejas que contraen matrimonio a estas edades o en la cuarentena —segunda franja con más bodas— no lo hacen en segundas nupcias, sino que es su primer enlace. Suelen ser bodas de personas que hace años que conviven, que a veces tienen hijos en común y que deciden sellar su relación con el matrimonio por las ventajas económicas y legales que esto comporta para ambos miembros de la pareja.

Estos enlaces suelen tener celebraciones pequeñas con pocos invitados o solo con el círculo más íntimo, según el portal Bodas.net, a diferencia de las bodas de parejas más jóvenes, en las que se hacen fiestas con un dispendio económico más grande. En algunos de estos enlaces ni siquiera se organiza una celebración. Según datos del Observatorio Notarial de Cataluña, entre 2020 y 2024 el número de bodas hechas ante notario creció un 328 %.

El fenómeno de las bodas prácticas, que claramente ha ido al alza en los últimos años, puede parecer contradictorio con la idea romántica de la boda, según la cual el matrimonio se erige en el punto culminante del amor de pareja. Sin embargo, en realidad casarse siempre ha tenido una dimensión económica, legal, política y práctica, tal como explica la socióloga Natàlia Cantó Milà, profesora de los Estudios de Artes y Humanidades de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC): "A lo largo de la historia, el matrimonio ha sido una alianza política y económica entre familias. La idea del matrimonio por afinidad emocional o por amor romántico es, en todo caso, la novedad, no la regla. Siempre ha sido una institución económica. Incluso cuando estaba en auge el discurso del amor romántico —desde finales del siglo XIX y cogiendo toda su fuerza en el siglo XX—, el matrimonio ha seguido siendo una institución con implicaciones financieras y legales".

“A lo largo de la historia, el matrimonio ha sido una alianza política y económica entre familias.”

Beneficios tangibles: declaración de la renta y pensión de viudedad

A partir de cierta edad, algunas parejas creen importante asegurar que el patrimonio quedará para el cónyuge y que se podrá tener acceso a la pensión de viudedad en caso de muerte de uno de los miembros de la pareja, uno de los factores que más pesa para decidir casarse. Institucionalizar la unión matrimonial facilita también todo tipo de trámites administrativos, fiscales y legales, sobre todo cuando la pareja tiene hijos. Otro escenario que muchas personas se plantean y que incide en la decisión de casarse es que, en el escenario de sufrir un problema grave de salud —más probable a medida que la edad aumenta—, el otro miembro de la pareja pueda tomar decisiones médicas importantes, lo que no sería posible si no estuvieran casados.

"¿Esto quiere decir que las personas ahora no creen en el amor? No lo creo", asegura Cantó Milà, experta en sociología de las emociones e investigadora del Laboratorio de Investigación en Estudios Literarios Globales (GlobaLS). "Sí que hay un número creciente de personas que han desvinculado el compromiso amoroso de la institución del matrimonio y la reconocen como una institución que permite decidir aspectos como el apoyo vital a la pareja, heredar bienes compartidos si no se ha dejado testamento, acceder a una prestación de viudedad o cobrar un seguro de vida, tener beneficios a la hora de hacer la declaración de la renta o ser el destinatario de determinadas pólizas, entre otros", añade.

Así, casarse por motivos prácticos vuelve a ser una realidad palpable, pero no es, ni mucho menos, una novedad histórica, sino que de nuevo, después de un paréntesis breve en el mundo contemporáneo, se reconoce abiertamente la dimensión legal, sancionadora, económica y práctica de este acontecimiento: "El matrimonio siempre ha tenido una dimensión económica, legal, política y práctica. Hace un par de siglos, a nadie se le ocurría que el matrimonio era el lugar donde encontrar el amor romántico. Es cierto que ahora hay personas que apelan a esta dimensión de una manera mucho más directa que hace unas décadas, cuando parecía que, si no te casabas motivada únicamente por amor de verdad, el matrimonio no cumplía con el imaginario del amor romántico. Pero esto ha sido un paréntesis corto en una historia muy larga de la institución", sostiene Cantó Milà. "Actualmente, las parejas piensan que casarse no alterará el vínculo de amor que puedan tener, pero quizás sí que les cambiará los resultados de la declaración de la renta", concluye.

Es decir, el hecho de que las bodas se acaben produciendo por motivos prácticos no quiere decir que no haya un vínculo amoroso entre las personas que deciden casarse ni que la motivación de la unión sea por temas legales o económicos. Los temas legales o económicos pueden motivar la institucionalización formal de la pareja, pero no su constitución, duración y compromiso.

Expertos UOC

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