31/3/26 · Economía

¿Luchar contra el cambio climático pone en riesgo la economía?

Un estudio liderado por la UOC apunta que los riesgos fiscales y climáticos están muy relacionados, y señala la calidad institucional como elemento clave para mitigarlos

La investigación concluye que adaptarse a la nueva realidad climática no implica necesariamente desestabilizar las cuentas públicas
planta con una gráfica

Para el análisis, los autores han estudiado los datos de 172 países correspondientes al período entre 1995 y 2020 (foto: Adobe)

El cambio climático amenaza la estabilidad macroeconómica y fiscal de los países. Solo los fenómenos meteorológicos extremos potenciados por el calentamiento global le cuestan al mundo 143.000 millones de dólares cada año. Sin embargo, las medidas de mitigación y adaptación al cambio climático también pueden suponer un riesgo para la estabilidad fiscal, especialmente para los países emergentes y de bajos ingresos, en los que la limitada capacidad de gasto público también los hace más vulnerables a los eventos extremos. ¿Pero cómo se relacionan entre sí los riesgos climáticos y fiscales y, sobre todo, cómo pueden mitigarse?

Una investigación liderada por Jorge Mario Uribe, coordinador del grupo de investigación Finance, Macroeconomics and Management (FM2) y profesor de los Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), en la que también participa Helena Chuliá, investigadora de la Universidad de Barcelona, profundiza en esta compleja relación y analiza cómo pueden retroalimentarse los riesgos fiscales y el cambio climático.

"El estudio señala que los riesgos fiscales y climáticos están muy relacionados y se amplifican por razones relacionadas con la calidad institucional de los países. Pensar en ellos como riesgos independientes es un error y podría llevar a subestimarlos", señala Jorge Mario Uribe. "Esto es crucial en el contexto actual, ya que es necesario coordinarse a escala internacional para que el poco espacio fiscal de los países más vulnerables no conlleve un retroceso general en la lucha contra los efectos del cambio climático", añade.

“Los riesgos fiscales y climáticos están muy relacionados y se amplifican por razones relacionadas con la calidad institucional de los países”

Cambio climático, cuentas públicas y calidad institucional

En busca de respuestas, el paper, publicado en abierto en el European Journal of Political Economy, analiza la relación entre la inversión en adaptación al cambio climático y la necesidad de mantener la estabilidad fiscal de los países con el fin de evitar las crisis de deuda y las tensiones presupuestarias. La pregunta central de la investigación es si invertir en adaptación aumenta el riesgo de crisis fiscal o si los dos objetivos pueden avanzar a la vez. Para el análisis, los autores han estudiado los datos de 172 países correspondientes al período entre 1995 y 2020 combinando indicadores de vulnerabilidad climática, preparación ante eventos extremos, calidad institucional y deuda pública, entre otros.

Uno de los hallazgos más importantes del estudio es que adaptarse al cambio climático no implica necesariamente desestabilizar las cuentas públicas. Es decir, no existe un conflicto estructural entre ambas metas. Eso sí, para que la inversión en medidas de adaptación no afecte a la estabilidad fiscal, deben darse ciertas condiciones. "La calidad institucional es un factor decisivo tanto para la estabilidad fiscal como para la preparación frente al cambio climático", explica Uribe, investigador adscrito al Centro de Investigación en Transformación Digital y Gobernanza (UOC-DIGIT). Así, los factores de gobernanza y calidad de las instituciones, como el control de la corrupción, la estabilidad política, la calidad regulatoria o la capacidad administrativa, son clave.

 

El problema no es tanto la deuda como los intereses

Otro de los hallazgos más llamativos del estudio es que el nivel de deuda pública de los países no explica, por sí solo, la relación entre los riesgos fiscales y la adaptación al cambio climático, sino que el elemento clave es el coste de los intereses. Es decir, no se trata de cuánto deben los países, sino de cuánto les cuesta financiarse, por lo que, de cara a poder afrontar las inversiones necesarias para la transición ecológica, es más importante que las instituciones contribuyan a mantener los intereses de la deuda bajos.

"La idea tradicional de que cuando hay poco espacio fiscal no se tienen los recursos para invertir en la infraestructura y en la protección necesarias para la adaptación climática es cierta", subraya Uribe. "Pero el estudio va más allá al mostrar que las instituciones median en esta relación y que la carga de la deuda, es decir, los intereses pagados, es más determinante que el total de la deuda. Esto abre una ventana de oportunidad para la intervención, ya que, en principio, es posible romper la espiral negativa en la que una mayor deuda necesariamente deriva en menos capacidad de adaptación ante el cambio climático. La forma de romper este círculo vicioso pasa por una reducción de los intereses", afirma.

"Con los niveles actuales de deuda, los intereses se empiezan a hacer inasumibles para muchos países. Los gastos derivados de la adaptación y la mitigación de los efectos del cambio climático harán que el panorama empeore. Si el mundo no quiere presenciar una coordinación caótica en los impagos, la estructuración de pagos y los intereses de esa deuda deben empezar a contemplar esta realidad", añade el investigador de la UOC.

 

La adaptación climática también contribuye a la estabilidad fiscal

El abanico de soluciones y medidas que se agrupan bajo la etiqueta de adaptación al cambio climático es muy amplio. El estudio también señala que no todas tienen el mismo efecto en la estabilidad fiscal de los países y que, de hecho, hay acciones que reducen la vulnerabilidad al tiempo que refuerzan la solidez de las cuentas públicas de los países. La investigación hace hincapié en la importancia de las medidas destinadas a mejorar el llamado hábitat humano, formado por los elementos que proporcionan refugio, protección y confort a la población.

Así, las medidas enfocadas a gestionar los desafíos demográficos (como el envejecimiento de la población y la concentración urbana), mejorar la calidad del transporte y del comercio, reforzar las infraestructuras de comunicación y de salud o disponer de herramientas para prevenir y actuar con rapidez frente a eventos meteorológicos extremos (como inundaciones) son fundamentales. El estudio concluye que la mejora del hábitat humano no solo impulsa el desarrollo de los países, sino que también reduce la probabilidad de experimentar una crisis fiscal.

Para ello, de nuevo, la calidad institucional y el control de la carga de la deuda son importantes. "Los gobiernos y las instituciones internacionales deben priorizar la estabilidad macroeconómica de los países y el apoyo a la mejora institucional constante. Esto pasa, entre otros, por un fortalecimiento de las redes internacionales de seguridad financiera y por el multilateralismo, ambos bajo ataques constantes en el panorama geopolítico actual", concluye Jorge Mario Uribe.

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Este estudio está enmarcado en la misión de investigación de la UOC Transformación digital y sostenibilidad y contribuye a los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) de la ONU número 11, ciudades y comunidades sostenibles; número 13, acción por el clima, y número 16, paz, justicia e instituciones sólidas.

 

Artículo de referencia

Jorge M. Uribe y Helena Chuliá, Assessing the joint risks of fiscal crises and climate change, European Journal of Political Economy, Volume 91, 2026, 102784, ISSN 0176-2680: https://doi.org/10.1016/j.ejpoleco.2025.102784

 

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