"Las plataformas digitales de cuidados se apoyan en el trabajo precario de las mujeres inmigrantes"
Cristina Barrial, estudiante de doctorado de la UOC, investiga cómo la tecnología introduce nuevas formas de precarización
El envejecimiento de la población, la incorporación de las mujeres al trabajo y la crisis del estado del bienestar han provocado una "crisis de los cuidados": hay un gran número de personas dependientes que necesitan cuidados, a la vez que faltan cuidadores. Si en los países del sur de Europa este rol lo habían asumido tradicionalmente las mujeres de la familia, en los últimos años están siendo sustituidas por mujeres migrantes que trabajan en unas condiciones muy precarias, que han empeorado aún más con la irrupción de plataformas digitales que organizan estos servicios. Cristina Barrial, investigadora predoctoral en el doctorado de Sociedad, Tecnología y Cultura de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y miembro del grupo CareNet, del centro de investigación UOC-TRÀNSIC, ha investigado estas plataformas y ha publicado el artículo Social reproduction and feminized platform labor: Care, domestic work, and migrant Agency in Madrid and Milan, que analiza el auge de estas plataformas y la marcada precariedad de género que representan.
¿De dónde surge tu interés por las plataformas de digitalización del trabajo del hogar y de los cuidados?
Mi tesis ha ido transformándose a lo largo de los años, pero, en términos generales, se centra en las prácticas colectivas de las trabajadoras del hogar y los cuidados, y en sus formas de organización. Elegí Madrid, ya que es el lugar en el que resido y uno de los contextos del Estado español donde las asociaciones de trabajadoras del hogar han tenido mayor presencia y visibilidad pública.
Dicho esto, el artículo que he escrito juntamente con Ana Santamarina y Alina Dambrosio (Social reproduction and feminized platform labor: Care, domestic work, and migrant Agency in Madrid and Milan), analiza cómo las plataformas digitales se insertan de manera diferenciada según el contexto local. Aunque Madrid y Milán, como ciudades del sur de Europa, comparten ciertas características, como la estratificación del mercado laboral y la fuerte privatización de los cuidados, estas ciudades presentan trayectorias organizativas distintas, algo que influye en las formas que adopta la plataformización en cada caso.
¿Por qué están en auge las plataformas digitales que ofrecen estos servicios?
Este auge no puede entenderse solo como una innovación tecnológica. Responde, sobre todo, a una crisis estructural de los cuidados en contextos como Madrid y Milán, marcada por el debilitamiento del estado del bienestar, el envejecimiento de la población y la externalización de las tareas reproductivas hacia el mercado. En este escenario, las plataformas se presentan como soluciones rápidas y flexibles, pero más que resolver la crisis, la reorganizan en clave mercantil: intermedian y digitalizan el acceso al trabajo doméstico, apoyándose en un sector ya precarizado, feminizado y sostenido en gran medida por mujeres migrantes.
"En los países del sur de Europa el cuidado ha recaído históricamente en las mujeres de la familia"
¿Por qué esta crisis de cuidados es especialmente grave en el sur de Europa?
Los datos muestran que el sur de Europa concentra tanto un mayor número de trabajadoras del hogar y los cuidados como una fuerte presencia de trabajo en plataformas. Esto no es casual. En esta región predomina un modelo de bienestar familista: a diferencia de los países del norte de Europa, donde el Estado ha asumido un papel más central en la provisión de servicios públicos, en países como España o Italia el cuidado ha recaído históricamente en las familias y, dentro de ellas, en las mujeres.
Cuando se combinan el envejecimiento de la población, la incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral y los recortes en servicios públicos tras la crisis de 2008, la presión sobre los hogares se intensifica. La crisis de reproducción social implica esto: aumentan las necesidades de cuidado, pero no los recursos públicos ni el tiempo disponible para sostenerlas.
¿Es en esta área geográfica donde han surgido más plataformas de este tipo?
Así es. El sur de Europa se ha convertido en un terreno especialmente fértil para la expansión de las plataformas de trabajo doméstico y de cuidados, pero no porque sean un fenómeno exclusivamente mediterráneo, sino porque aquí encuentran un sector ya consolidado, históricamente externalizado hacia las mujeres migrantes y marcado por la informalidad. Las plataformas no crean ese mercado, pero lo reorganizan y lo digitalizan, apoyándose en sus vulnerabilidades estructurales.
¿Cuál es el perfil de las personas que trabajan en las plataformas de cuidado ofreciendo sus servicios?
El perfil mayoritario es el de mujeres migrantes, a menudo con trayectorias recientes en el país en el que se encuentran o en una situación administrativa precaria. Esta situación no la generan las plataformas, sino que responde a la estructura histórica del trabajo doméstico y de cuidados. En el sur de Europa, este siempre ha sido un sector profundamente feminizado y racializado. En este contexto, muchas plataformas funcionan como verdaderas "infraestructuras de llegada": ofrecen un acceso rápido al empleo sin necesidad de redes previas, títulos homologados o procesos formales de contratación. Esto las convierte en una puerta de entrada clave para las mujeres recién llegadas, pero también refuerza su concentración en los segmentos más precarizados del mercado laboral.
"La tecnología introduce nuevas formas de precarización"
El de los cuidados ha sido siempre un trabajo precario. Tu investigación demuestra que las plataformas lo precarizan aún más. ¿Por qué?
Es cierto que el trabajo doméstico y de cuidados ya era un sector estructuralmente precario antes de la llegada de las plataformas, caracterizado por los salarios bajos, la informalidad, la escasa protección y una fuerte dependencia del empleador. Sin embargo, la tecnología introduce nuevas formas de precarización que se superponen a esas desigualdades históricas. Una que es bastante llamativa es cómo se intensifica la fragmentación del trabajo, ya que, en lugar de un empleo relativamente estable, muchas trabajadoras encadenan microservicios, con tiempos muertos, desplazamientos no remunerados y una búsqueda constante de nuevos clientes. Además, se externaliza aún más el riesgo: la responsabilidad de conseguir trabajo, mantener una buena reputación digital y asumir cancelaciones o cambios de última hora recae sobre la trabajadora. Además, los sistemas de valoraciones y los rankings generan una presión permanente para aceptar condiciones desfavorables por miedo a recibir malas evaluaciones.
¿Es cierto que las trabajadoras tienen que pagar por estar en estas plataformas?
No todas las plataformas funcionan igual. Algunas, especialmente las intermediarias, operan mediante suscripciones o tarifas por contacto, de modo que las trabajadoras pueden tener que llegar a pagar por acceder a ofertas de trabajo, sin garantía de conseguir el empleo. Otras plataformas de colocación no cobran directamente a la trabajadora, pero obtienen beneficios a través de comisiones o modelos contractuales que también pueden implicar formas de control y flexibilidad unilateral. En todos los casos, lo que observamos es una reorganización tecnológica de la precariedad: no la crea desde cero, pero la intensifica, la fragmenta y la gestiona algorítmicamente.
Tradicionalmente, las mujeres migrantes que llevaban a cabo trabajos de cuidados o limpieza no se habían organizado para luchar contra la precarización. ¿Por qué ahora sí?
En realidad, las trabajadoras del hogar y de cuidados llevan décadas organizándose, aunque muchas veces esas formas de organización han sido invisibilizadas. En España, por ejemplo, existen asociaciones y colectivos con más de veinte años de trayectoria que han luchado por el reconocimiento de los derechos laborales, la ratificación del Convenio 189 de la OIT o la aprobación de la nueva legislación que desde 2022 rige el sector. Lo que quizá sí es nuevo es el contexto. Por un lado, la plataformización introduce nuevos conflictos y formas de precarización que obligan a reorganizar estrategias. Además, en los últimos años ha habido un ciclo más amplio de movilización feminista y de debate público sobre los cuidados que ha generado mayor visibilidad y legitimidad para estas luchas. Por otro lado, las propias herramientas digitales están siendo utilizadas por las trabajadoras para tejer redes, compartir información y articular respuestas colectivas.
¿Cómo se organizan para luchar contra estas estructuras que las precarizan y las discriminan?
Las trabajadoras despliegan estrategias en distintos niveles, que van desde lo cotidiano hasta lo abiertamente político. Por un lado, existen formas de organización informal muy extendidas: grupos de WhatsApp, Facebook o Telegram donde comparten ofertas de trabajo, alertan sobre empleadores abusivos, intercambian información legal o se apoyan emocionalmente. Estas redes funcionan como verdaderas infraestructuras de apoyo mutuo frente a la fragmentación que impone la plataforma.
En ciudades como Madrid existen asociaciones consolidadas de trabajadoras del hogar que articulan asesorías laborales, campañas públicas, acciones performativas y espacios de formación. En estos espacios se analizan colectivamente prácticas de las plataformas, como contratos irregulares o salarios por debajo del mínimo, y se impulsan estrategias jurídicas y políticas para hacerles frente. También es frecuente que muchas trabajadoras utilicen las plataformas de forma instrumental: por ejemplo, para conseguir clientes y luego establecer relaciones laborales fuera de ellas, reduciendo así la dependencia del intermediario digital.
¿La tecnología, en este caso, puede ser también una aliada?
Sí, la tecnología puede ser ambivalente. Intensifica el control y la precarización, pero también facilita la creación de redes transnacionales, la circulación rápida de información y nuevas formas de organización. No elimina las dificultades para la acción colectiva, pero sí abre espacios que las trabajadoras están utilizando estratégicamente para sostenerse y defender derechos.
"Es necesario promover una mayor conciencia social sobre las condiciones en que estas mujeres prestan los servicios"
¿Cómo podemos luchar, como ciudadanos, contra las plataformas en que se producen estos abusos laborales?
Creo que es fundamental reforzar el marco legislativo y la inspección laboral, clarificando la responsabilidad de las plataformas cuando ejercen control efectivo sobre el trabajo y garantizando que el empleo doméstico esté plenamente equiparado en derechos al resto de los sectores, evitando así que la tecnología opere en zonas grises que facilitan la externalización de riesgos.
También es clave promover una mayor conciencia social: muchas de estas aplicaciones se expanden porque ofrecen comodidad y rapidez, pero es necesario preguntarse en qué condiciones se presta ese servicio y asumir que el cuidado es un trabajo esencial que sostiene la vida y que no puede organizarse bajo lógicas de low cost sin consecuencias. Además, también es imprescindible apoyar y visibilizar las propias organizaciones de trabajadoras, respaldando sus campañas, difundiendo sus demandas y apostando por modelos alternativos como cooperativas o intermediarias éticas: es una forma concreta de disputar el terreno a las grandes plataformas. En definitiva, no se trata solo de regular la tecnología, sino de replantear colectivamente cómo queremos organizar los cuidados y bajo qué principios.
¿Cuál te gustaría que fuese el impacto de tu investigación, en el plano social?
Creo que este conocimiento puede servir para alimentar debates públicos y procesos legislativos más informados, aportar herramientas analíticas a las propias organizaciones de trabajadoras y contribuir a diseñar políticas que regulen las plataformas sin perder de vista la especificidad del sector de los cuidados. Pero, sobre todo, me gustaría que sirviera para reforzar la idea de que el modo en que organizamos los cuidados es una cuestión colectiva y política, no una decisión privada gestionada por una aplicación.
Para finalizar, ¿cuáles son los próximos proyectos que tienes entre manos?
Ahora mismo, mi proyecto más ambicioso es terminar mi tesis doctoral y, sobre todo, que sea útil para colectivos como SEDOAC y Territorio Doméstico –organizaciones que apoyan a las mujeres que trabajan en cuidados y a las trabajadoras del hogar–, que me han dedicado generosamente su tiempo y me han permitido formar parte de su día a día.
Me gustaría que el conocimiento producido no se quedara solo en el ámbito académico, sino que también pudiera servir como herramienta para sus propias luchas y procesos organizativos. Por otro lado, intento llevar la investigación a otros espacios más allá de la universidad. Recientemente hemos impulsado, junto con Pablo Martínez y Leandro Alarcón, un videopódcast llamado Futuros Radicales, que consiste en paseos urbanos donde conversamos sobre distintas problemáticas de la ciudad. Intento seguir formando parte de proyectos que me ilusionen.
Bibliografía: Social reproduction and feminized platform labor: Care, domestic work, and migrant Agency in Madrid and Milan (Digital Geography and Society)
Barrial Berbén, C., Dambrosio Clementelli, A., & Santamarina, A. (2026). Social reproduction and feminized platform labor: Care, domestic work, and migrant agency in Madrid and Milan. Digital Geography and Society, 10, Article 100150. https://doi.org/10.1016/j.diggeo.2025.100150
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