Expertas recomiendan formar al profesorado y promover debates en las aulas para frenar la violencia de género en las escuelas

Foto: Unsplash/Caleb Woods

21/11/2018
Ainhoa Sorrosal
El 13,9% de las mujeres agredidas por su compañero sentimental dicen que los hijos también son agredidos

Las agresiones verbales de los padres pueden provocar baja autoestima y falta de habilidades sociales en los hijos

El estudio más exhaustivo llevado a cabo en la UE —en el que se entrevistó a 42.000 mujeres— concluye que una de cada diez mujeres ha sido víctima de algún tipo de violencia sexual desde los 15 años y una de cada veinte, violada. Desde el 2013, en España han muerto 27 menores en casos de violencia de género. Con motivo del Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, expertas de la UOC recomiendan un plan integral para las escuelas con formación para el profesorado, planes de igualdad y debates en las aulas. «Es fundamental que en las escuelas se incorporen estos temas y se pueda hablar de la dignidad de cada persona y de las fronteras que no debemos transgredir ni dejar que nadie transgreda. Fomentar el espíritu crítico de los niños desde pequeños es imprescindible», afirma Amalia Gordóvil, doctora en Psicología y profesora de los estudios de Psicología de la UOC.

Maria Rodó, investigadora del grupo de investigación GenTIC de la UOC, es partidaria de un enfoque holístico y de superar la percepción de que la violencia de género solo se da en la intimidad de la pareja: «es una de las formas, pero vemos que hay violencia de raíz homófoba también en las escuelas». Este es el punto de partida del estudio liderado por esta experta «Miradas poliédricas a la violencia de género: propuestas para la prevención en los centros de secundaria desde una perspectiva holística e interseccional», que ha recibido una ayuda a la investigación RecerCaixa.

Combatir la violencia de género desde las escuelas es un reto mayúsculo, pero hay que actuar desde un punto de vista transversal para dar herramientas para identificar de qué tipo de violencia son víctimas. Por ejemplo, la violencia asociada a la pareja también puede ser económica (control y negación de la autonomía financiera) o sexual (vulneración del derecho de la mujer de decidir voluntariamente sobre su vida sexual). Y también existen casos de violencia en el entorno laboral por cuestión de género que normalmente ejerce un superior.

Rodó y su equipo apenas han empezado el trabajo de campo, pero destacan «el empoderamiento que observan de las chicas jóvenes, hecho que tiene un potencial transformador muy importante que no se puede desaprovechar». El movimiento feminista, reconoce la investigadora, ha llegado a muchas chicas que lo han hecho suyo, y «campañas como el #metoo han ayudado a romper el tabú de la víctima de la violencia de género».

Algunos centros han acogido la iniciativa con talleres y actividades que organizan voluntariamente, pero el impacto en el conjunto de la sociedad sería relevante con un plan integral en el sistema educativo, porque las agresiones de género tienen impacto más allá de la víctima directa. En el caso de la violencia contra la mujer en el ámbito de la pareja, tiene un efecto grave en los hijos.


La formación del profesorado ayuda a detectar casos

«Cuando un niño o una niña se siente agredido lo mejor que puede hacer es hablar con un adulto de confianza. Por eso es muy importante el vínculo entre profesor y alumno», añade Gordóvil, que ejerce de psicóloga infantojuvenil y familiar en el centro GRAT. En este sentido, alerta de que «es complicado que un niño pida ayuda, especialmente cuando hablamos de agresiones verbales y de tipo psicológico en casa por parte del progenitor, porque el niño ha incorporado este modelo de comunicación como normativo». La baja autoestima, la falta de habilidades sociales a la hora de relacionarse —por ejemplo, caracterizadas por comportamientos agresivos hacia otros niños— o bien un comportamiento inhibido e incluso de cierta indefensión en los conflictos pueden dar pistas.

En cuanto a la identificación de situaciones de riesgo, la investigadora Maria Rodó afirma que ha mejorado pero que todavía hay trabajo por hacer. A los jóvenes les falta información para identificar cuándo son víctimas de un abuso en el entorno familiar, por ejemplo, y también hay que trabajar para anular el estereotipo hegemónico de masculinidad y sustituirlo por uno empático, solidario y respetuoso. Hay que construir, con ese modelo, líderes en positivo y desterrar la figura de macho dominante. Por todo ello, la formación del profesorado y trabajar el tema en las escuelas es indispensable.

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Foto de la profesora colaboradora Amalia Gordóvil

Amalia Gordóvil Merino

Profesora colaboradora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación

Experto/a en: Evaluación e intervención psicológica en el ámbito de la infancia, adolescencia y familia desde el enfoque familiar-sistémico.

Ámbito de conocimiento: Psicología infanto-juvenil y familiar.

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Maria Rodó de Zárate

Investigadora del Internet Interdisciplinary Institute (IN3)

Experto/a en: Desigualdades de género, orientación sexual y edad en las ciudades, especialmente sobre derecho en la ciudad, discriminaciones múltiples espacios urbanos, movimientos sociales, miedo a los espacios públicos y LGTBIfòbia.

Ámbito de conocimiento: Estudios de género, estudios urbanos, geografías feministas y de las sexualidades.

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