El multilingüismo en el aula: de un reto a una oportunidad
Los docentes deben abordar la diversidad lingüística con herramientas pedagógicas basadas en la evidencia científica
Las aulas son cada vez más multilingües. Según el informe PISA, un 11 % de los estudiantes de los países de la OCDE habla en casa una lengua diferente a la utilizada en la escuela, una proporción que aumenta considerablemente entre el alumnado de origen inmigrante. La UNESCO eleva a un 40 % el porcentaje de población mundial que accede a la educación en un idioma distinto del que habla y comprende con fluidez. Esta realidad —cotidiana tambén en nuestro entorno— convierte los centros educativos en espacios de gran diversidad lingüística y plantea nuevos retos pedagógicos. ¿Cómo garantizar que todos los alumnos desarrollen las competencias lingüísticas necesarias para aprender cuando la lengua (o lenguas) de casa no coincide con la de la escuela?
"En las escuelas de Cataluña, un altísimo porcentaje de niños y niñas tiene una lengua familiar distinta al catalán, que es el idioma vehicular del sistema educativo", explica Núria Esteve Gibert, profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) e investigadora del grupo GRECIL. "Los docentes deben asegurarse de que todos los alumnos desarrollan una competencia oral suficiente en el idioma de escolarización para avanzar en el proceso de lectoescritura y aprovechar plenamente las oportunidades de aprendizaje que ofrece la escuela", añade.
“Con una lengua materna sólida y una exposición adecuada a la nueva lengua, todos los niños pueden aprender un idioma distinto al que hablan en casa.”
El multilingüismo, una oportunidad en educación infantil
Este reto es especialmente relevante durante la educación infantil, entre los cero y los seis años. Para muchos niños y niñas, la escuela constituye el primer contacto real con la lengua de escolarización, ya sea al incorporarse a I3 o antes, si han ido a la escuela infantil de cero a tres años. Según la investigadora, en esta etapa el objetivo es que dominen oralmente la nueva lengua, y esto se logra sin mucha instrucción formal y creando contextos ricos de interacción que permitan a los niños construir progresivamente sus competencias lingüísticas.
"La educación infantil es una etapa crítica, porque es cuando se construyen las bases del lenguaje que después permitirán acceder a la lectura, la escritura y los demás aprendizajes académicos", explica Esteve Gibert, quien impartirá la microcredencial Multilingüismo en el aula de infantil. En el caso de los alumnos cuya lengua familiar no coincide con la lengua de escolarización, el aula se convierte, además, en el principal espacio de exposición y uso significativo del nuevo idioma. Por este motivo, resulta especialmente importante crear oportunidades de interacción y acompañamiento de calidad.
Hay tres ingredientes fundamentales para aprender una lengua: tener una lengua (o lenguas) materna sólida, estar suficientemente expuesto a la nueva lengua y que esta exposición sea de calidad. Además, la velocidad del aprendizaje puede variar en función de la proximidad entre las lenguas. Por ejemplo, la adquisición del catalán puede resultar más rápida para un niño cuya lengua familiar es el español que para otro cuya lengua familiar es el mandarín. Sin embargo, estas diferencias afectan principalmente al ritmo del aprendizaje y no a la capacidad de aprender.
"Sabemos que, con una lengua materna fuerte y una exposición adecuada y de calidad a la nueva lengua, todos los niños y niñas pueden aprender un idioma diferente del que hablan en casa", afirma la profesora. Uno de los errores más extendidos es pensar que el uso de varias lenguas puede perjudicar el desarrollo lingüístico de los niños. "La competencia oral en la lengua materna es la base sobre la que se construye el aprendizaje de otras lenguas y de los demás conocimientos académicos", señala Esteve Gibert. Mantener y enriquecer la lengua familiar no solo no dificulta el aprendizaje de la lengua escolar, sino que contribuye a facilitarlo.
"Las familias deben asegurar un desarrollo sólido de la lengua materna. Esa base permitirá aprender mejor una nueva lengua y, en consecuencia, acceder más fácilmente a los demás contenidos curriculares", explica. La investigadora incluso recomienda que, when la lengua familiar y la lengua escolar sean diferentes, los padres sigan utilizando prioritariamente la lengua familiar en casa, especialmente si no dominan plenamente la lengua de escolarización.
La evidencia internacional sobre bilingüismo y multilingüismo muestra, además, que las habilidades lingüísticas desarrolladas en una lengua pueden transferirse a otros idiomas. Lejos de representar una desventaja, el hecho de gestionar distintas lenguas puede contribuir al desarrollo de funciones cognitivas como la atención, la planificación o el control inhibitorio. "Un perfil multilingüe no significa en absoluto que exista una dificultad lingüística o educativa. No se puede establecer esta asociación", subraya la experta.
¿Obviar la lengua materna en clase?
Para la profesora, el desafío no consiste únicamente en enseñar la lengua de escolarización, sino también en gestionar adecuadamente la diversidad lingüística presente en las aulas. Reconocer y valorar las lenguas familiares del alumnado tiene, además, efectos positivos sobre la inclusión y el bienestar emocional de los niños. "Es importante que los centros educativos destaquen la riqueza multilingüe de los alumnos, la escuela y la sociedad", señala.
Esto puede hacerse a través de actividades cotidianas en las que los niños compartan palabras o expresiones de sus idiomas familiares, proyectos interculturales o iniciativas que permitan visibilizar la diversidad lingüística presente en la comunidad educativa.
La investigadora recuerda, además, que no existe un único modelo para abordar esta realidad. Algunos contextos educativos optan por una protección más estricta de la lengua vehicular y limitan la presencia de otras lenguas en el aula, mientras que otros desarrollan prácticas más plurilingües e incorporan activamente las lenguas familiares como recurso para el aprendizaje. La elección suele depender de factores educativos, sociales y sociolingüísticos.
En este contexto, el uso de las lenguas familiares puede resultar especialmente útil cuando un alumno se ha incorporado recientemente al sistema educativo. La lengua de origen puede funcionar como un "andamiaje lingüístico" temporal para facilitar la comprensión de instrucciones, contenidos y dinámicas escolares mientras se desarrolla la competencia en la lengua vehicular. "Esta ayuda debe entenderse como una herramienta temporal que va reduciéndose a medida que el alumno adquiere autonomía lingüística", explica.
Existen estrategias concretas especialmente eficaces para apoyar a los niños que están aprendiendo la lengua de escolarización. Entre ellas, destacan las actividades de conciencia fonològica durante la etapa de tres a seis años, que ayudan a reconocer y manipular sonidos y sílabas y favorecen posteriormente el aprendizaje de la lectura.
Asimismo, según la investigadora, también dan buenos resultados las actividades de narración y reconstrucción de historias a partir de imágenes y secuencias visuales, así como la reexplicación de cuentos previamente escuchados. Estas prácticas fortalecen el vocabulario, la comprensión oral y las habilidades narrativas. La gestualidad, la expresión corporal y elementos prosódicos como la entonación o el ritmo del habla también pueden actuar como un refuerzo eficaz del aprendizaje.
El reto de identificar las dificultades del lenguaje y formar a los docentes
Uno de los desafíos más complejos para los profesionales de la educación consiste en detectar posibles trastornos del desarrollo del lenguaje (TDL) en alumnos procedentes de familias migrantes o que crecen en entornos multilingües. "Suele ser difícil distinguir entre un error debido a un proceso natural del aprendizaje de una nueva lengua y un déficit en el neurodesarrollo que dificulta la construcción de un nuevo sistema lingüístico", advierte la investigadora.
La falta de herramientas de evaluación adaptadas a todas las lenguas presentes en las aulas y la práctica imposibilidad de contar con profesionales que dominen determinadas lenguas familiares complican todavía más este proceso. Por consiguiente, existe el riesgo de sobrediagnosticar trastornos del lenguaje en niños que simplemente están aprendiendo una nueva lengua, pero también de infradiagnosticar dificultades reales, al atribuir todos los errores al proceso normal de aprendizaje.
Para afrontar este reto, la experta destaca la utilidad de metodologías como la evaluación dinámica, centrada en analizar más la capacidad de aprendizaje del niño que su rendimiento en una prueba puntual. También considera fundamentales las entrevistas en profundidad con las familias —cuando sea necesario, con apoyo de traducción— para conocer cómo se ha desarrollado la lengua materna y detectar posibles señales de alerta.
Con el objetivo de ofrecer respuestas prácticas a estos desafíos, la UOC impulsa el seminario Multilingüismo en el aula de infantil, una formación dirigida a docentes que trabajan en contextos educativos lingüísticamente diversos.
El programa busca que los profesionales comprendan las variables que influyen en el aprendizaje de los niños con perfiles multilingües, reflexionen sobre el impacto que tienen las actitudes docentes hacia la diversidad lingüística y aprendan a aplicar intervenciones educativas estructuradas y respaldadas por la evidencia científica.
"Queremos que los docentes tengan herramientas concretas para favorecer el desarrollo de la lengua oral y acompañar mejor a los niños en contextos educativos cada vez más plurilingües", concluye Esteve Gibert.
Expertos UOC
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Leyre Artiz