Antoní Castañer es alumni UOC del grado de Psicopedagogía, profesor de educación secundaria y de formación de personas adultas en Alicante. Trabajaba en la administración pública hasta que estudió Pedagogía, Psicopedagogía y Magisterio, y desde hace veinte años se dedica a la docencia.
¿Cómo te definirías?
Soy inquieto e innovador. Me gusta estar en formación continua, estoy cursando el segundo doctorado por gusto, no lo necesito para el trabajo. Además de la docencia, me gusta la investigación. No lo hago para promocionarme laboralmente, sino para contribuir de algún modo a mejorar nuestro sistema educativo.
¿En qué consiste tu investigación?
En un problema de edadismo. Una de las carencias del sistema educativo español en la formación para personas adultas es que no se contempla la educación artística, musical o deportiva. Son unas disciplinas que también deberían formar parte del aprendizaje y de la vida de las personas adultas. Estoy analizando en qué centros de formación de personas adultas se hace un aprendizaje de la música de forma extracurricular, para acabar proponiendo una especie de libro blanco y que se incorporen al currículo.
¿Qué recuerdo tienes como estudiante de la educación obligatoria?
Era un sistema educativo completamente diferente, basado en la repetición y el aprendizaje memorístico, y que ahora con internet y la IA no tiene ningún sentido. Soy del 71, por lo tanto, soy de la generación de la EGB, BUP y COU, que eran bastante exigentes con el alumnado. Lo que necesitamos actualmente es un sistema que acompañe y forme al alumnado para que pueda buscar, seleccionar y discernir cuál es la mejor información, y esto implica una educación completamente distinta.
Cuando empezaste a ser docente, ¿pensabas en algún referente?
Recuerdo a un profesor de historia que era maravilloso. Nos hacía sentir su pasión y sobre todo nos invitaba a ser críticos. También tuve un profesor de lengua y literatura que él mismo preparaba los materiales, y todavía los conservo encuadernados.
¿Qué los diferenciaba?
La vocación. Hay docentes que son grandes profesionales de su sector, pero no les gusta la docencia. Habría que evaluar nuestro trabajo, así se podría poner en valor a los buenos docentes.
“«El secreto es la vocación, me gusta lo que hago. Cuando no te gusta, sufres»”
¿Qué te gusta de ser profesor?
Más allá de ser un trabajo, para mí es una pasión. Disfruto siendo profesor. Me gusta mucho mi trabajo, es vocacional, me gusta transmitir, enseñar y emocionar con mis clases.
¿Cómo consigues emocionar?
Personalizando la enseñanza. Cada grupo y cada persona tiene unas características y unas necesidades. Si el profesor es capaz de llegar a los alumnos con aquello que piden, les emociona lo que haces. Esto favorece que haya un buen aprendizaje y que el sistema funcione. Hay profesorado que se vanagloria de suspender. Pienso lo contrario: cuando hay muchos suspensos es un fracaso del profesor, que no ha sabido llegar al alumnado, no ha hecho bien su trabajo.
¿Por qué escogiste la Universitat Oberta de Catalunya (UOC)?
Fue de rebote. Estudiaba Psicopedagogía en la UNED y me faltaba una asignatura para graduarme, pero cerraba el plan de estudios, y la UNED no me permitió acabar. Yo ya trabajaba y buscaba poder estudiar a distancia. En la UOC me ayudaron muchísimo. Tengo muy buen recuerdo, de las facilidades y del sistema educativo.
¿Cuál dirías que es el rasgo característico del alumnado mayor de 18 años?
Es un alumnado realmente especial. Casi nadie va obligado, lo que supone que no tienes que llamar la atención, están allí porque realmente quieren aprender. Una parte importante son personas de otras nacionalidades que necesitan la formación. A veces han vivido situaciones complicadas, y esto supone la oportunidad de aprender un idioma e integrarse en nuestra sociedad.
¿En los últimos años ha cambiado mucho la docencia?
La sociedad cambia y tenemos que adaptarnos a los cambios que implica el sistema. Este curso ha sido el primero en que he sido docente de personas adultas, y ha sido una experiencia muy enriquecedora. Antes, estando en la universidad, en la ESO y en bachillerato, tampoco me supuso un esfuerzo. El secreto es la vocación, me gusta lo que hago.
¿Cómo desconectas?
Soy músico, desconecto cogiendo un instrumento o yendo a cantar, estoy en un coro. También me gusta mucho la lectura y escribir. Aun así, no necesito mucha desconexión, no llego saturado a casa.
¿Algún descubrimiento que hayas hecho últimamente?
Algunas de las personas adultas que han sido alumnas. Hay gente extraordinaria, como una persona de 85 años que no sabía leer ni escribir, pero hacía poesía. Un día, en clase, cogí la guitarra e hice un poco de musicoterapia basándome en un poema de Miguel Hernández. Resulta que había una descendiente directa del escritor, y nos emocionamos.