12/3/26 · Tecnología

"Debemos proteger a los menores regulando el acceso a las redes sociales"

Daniel Riera, director de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la UOC

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Daniel Riera es director de los Estudios y profesor de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Como investigador del centro de investigación UOC-TECH y responsable del grupo ICSO, centra su investigación en la creación de algoritmos y software que ayuden a tomar mejores decisiones en situaciones complejas, como, por ejemplo, en el transporte y la logística, la producción, el posicionamiento en tiempo real y las ciudades inteligentes. En esta entrevista, habla sobre el uso de la IA en las pymes, la presencia de las mujeres en carreras tecnológicas y la prohibición del acceso a las redes a los menores, entre otros, y revela datos sobre la contribución de los Estudios a la formación de profesionales.

 

¿Qué ha supuesto la irrupción de la IA en la docencia de las titulaciones tecnológicas? ¿Y en la Escuela de Programación?

Las titulaciones de nuestros Estudios siguen manteniendo una base sólida de matemáticas, física, estadística, etc., porque sin estos conocimientos el estudiante no tendría criterio para interpretar si una solución de la IA es correcta o para entender las decisiones que toma la máquina. La llegada de la IA supone una oportunidad para fomentar el espíritu crítico del estudiantado y formarlo para que sepa identificar los errores y proponer mejoras en las soluciones.

La Escuela de Programación de la UOC está específicamente diseñada para no informáticos que quieran potenciar su profesión mediante la tecnología. Un ejemplo claro son los periodistas que quieren aprender a manejar datos de forma avanzada utilizando herramientas como, por ejemplo, Python. Se está planeando la incorporación de módulos para enseñar a usar la IA como una herramienta de productividad, para actuar como un "copiloto" que eleva la competencia del profesional, pero siempre bajo el control del usuario humano.

 

El 56 % de las pymes en España ya utilizan la IA. Como investigador en este ámbito, ¿qué errores deben evitar estas empresas para ser más eficientes?

Uno de los errores más comunes es la precipitación y la falta de prospección. A menudo, se compra la primera tecnología que llega al mercado sin hacer un análisis previo, y esto provoca en muchos casos inversiones innecesarias. Hay que dedicar un tiempo previo para identificar exactamente cómo se puede sacar provecho de ellas. El objetivo debe ser que los trabajadores puedan hacer más cosas en menos tiempo u ofrecer un servicio de más calidad, evitando un desgaste inicial que no dé frutos.

Además, se tiene que dar tiempo a los equipos para formarse. Si se implementa de manera apresurada, el personal a menudo no está formado u orientado al uso correcto de la IA, y puede percibir la nueva tecnología como una amenaza para su trabajo, lo que puede generar resistencias internas y disminuir la eficiencia.

 

La ludificación te interesa como herramienta de motivación en el aprendizaje. En las carreras universitarias, ¿qué tipo de ejercicios aportan más beneficios para el estudiantado?

Me interesa introducir mecánicas de juego para que el estudiantado se sienta más motivado a realizar tareas que, de lo contrario, podrían resultar tediosas. La ludificación o gamificación no consisten simplemente en pasarlo bien, sino en utilizar técnicas propias de los juegos para motivar a hacer ciertas acciones que pueden ser pesadas. Es una herramienta que en algunos casos puede ayudar al estudiante a ser más productivo, por ejemplo, haciendo más ejercicios que le permitan interiorizar mejor un tema. Esto puede mejorar su aprendizaje y, por lo tanto, su rendimiento académico. Puede ser, además, una forma de fomentar el trabajo en equipo para resolver tareas comunes. Por ejemplo, un compañero de los EIMT hizo una prueba en una asignatura sobre redes y ciberseguridad, donde dividió en grupos al estudiantado, que tenía que hacer diferentes acciones, como ejercicios, resolución del ataque a un servidor, etc., y así iba aprendiendo conceptos de seguridad de forma práctica.

 

En un episodio de vuestro pódcast, Despacho 42, habláis sobre la protección de los menores en internet. ¿Qué te parece que el gobierno español quiera prohibir el acceso a las redes a los menores de 16 años?

Estoy completamente de acuerdo. No soy psicólogo ni experto en el tema, pero, conociendo lo que hay detrás del diseño de las redes sociales, tengo claro que debemos proteger a los menores regulando su acceso. Es similar a cuando surgió la ley del tabaco: la responsabilidad recae sobre quien ofrece el producto y no sobre el consumidor. La regulación no se debe ver como un castigo, sino como una forma de poner límites a las empresas.

Hay que implementar medidas efectivas de verificación de la edad. No basta con preguntar al usuario si es menor de edad. Para poder utilizar las redes sociales se podría pedir una tarjeta de crédito y hacer un cobro, aunque sea simbólico, o pedir un identificador digital, expedido por una agencia acreditada, que permitiera comprobar la edad sin revelar otros datos personales, como se está debatiendo en la UE.

 

Desde 2016 impulsáis los premios internacionales Equit@t en el ámbito del género y la tecnología. En esta última década, ¿qué evolución social ves en este sentido y qué aspectos hay que mejorar?

Gracias a la estrecha colaboración que tenemos con el grupo investigación sobre género y TIC (GenTIC) de la UOC, podemos observar que se siguen perdiendo vocaciones tecnológicas entre las niñas de 10 a 14 años a causa de los estereotipos sociales y la falta de referentes, entre otros. A lo largo de los años, las ingenierías se han asociado más a los hombres. Cuando antes, en el sistema universitario, la carrera de Informática se llamaba licenciatura en Informática, la presencia femenina era del 30 %, pero al cambiar el nombre a Ingeniería Informática cayó drásticamente al 10 %. Hoy en día, las mujeres se sienten más atraídas por tecnologías con aplicación social directa, como la ingeniería biomédica o el análisis de datos enfocado a la salud o a la educación.

 

La tasa de ocupación de las personas con discapacidad en España es del 28,5 %. ¿Cómo se puede mejorar su empleabilidad en el sector tecnológico y su inclusión digital?

Hay que fomentar un cambio de mirada que promueva la inclusión como valor estratégico. En el ámbito de la discapacidad, los ingenieros tienden al "solucionismo tecnológico", intentando resolver problemas sin escuchar a las personas afectadas. Los equipos de trabajo tienen que ser diversos, con hombres, mujeres, personas racializadas y personas con diversidad funcional, entre otros, para evitar sesgos y asegurar que la tecnología responda a las necesidades reales.

La UOC y la Fundación VASS, de hecho, han lanzado una cátedra para mejorar la empleabilidad y la inclusión digital de las personas con discapacidad. El programa, dirigido a las personas con discapacidad, provee formación en competencias digitales de alta demanda profesional, investigación aplicada sobre accesibilidad y empleabilidad, y transferencia social y tecnológica.

 

¿Hay alguna tecnología emergente que creas que marcará un cambio en la forma de relacionarnos o de trabajar?

Más allá de la IA, la autoconducción –aunque es una tecnología que ya existe– podría tener su momento de eclosión si hubiera una voluntad política y de mejora de la infraestructura para la comunicación entre vehículos y con la carretera. Este adelanto permitiría eliminar errores humanos y caravanas, y posiblemente cambiaría el modelo de propiedad hacia un vehículo compartido más eficiente.

Por otro lado, la computación cuántica cambiará radicalmente la ciberseguridad y el cifrado de los mensajes, así como la optimización combinatoria. Cuando los ordenadores cuánticos sean una realidad, se podrán resolver de forma instantánea problemas combinatorios y de optimización, pero a la vez supondrán un riesgo en cuanto a la seguridad informática. Por eso, hoy en día ya se hace investigación en criptografía poscuántica, para crear algoritmos de codificación preparados para hacer frente a la llegada de esos ordenadores.

 

¿Cómo contribuyen vuestros Estudios a la formación del tejido profesional?

Aportamos talento especializado y competencias transversales en áreas que hoy son imprescindibles en el mercado laboral. Por ejemplo, el 59,9 % del estudiantado del sistema universitario español que estudia Bioinformática y Bioestadística lo hace en la UOC. La universidad tiene un papel clave en la generación de profesionales capaces de interpretar datos biomédicos, trabajar con evidencia y dar respuesta a retos reales en hospitales, centros de investigación y entornos clínicos.

La interpretación de datos es a la vez clave en otros sectores para tomar decisiones, y hay que entenderlos y saberlos explicar. Hoy en día contribuimos a la formación de profesionales en ciencia de datos en sentido amplio: un 21,8 % del estudiantado del sistema que estudia el grado de Ciencia de Datos Aplicada y un 36,4 % de los que estudian el máster universitario de Ciencia de Datos lo hacen en la UOC. Y, este septiembre, lanzamos el nuevo máster de Análisis y Visualización de Datos para perfiles no técnicos (médicos, abogados, profesores, etc.) que no necesitan saber álgebra avanzada, pero sí gestionar datos cuantitativos.

 

¿Qué tipo de investigación hacéis los profesores? ¿Cuál es el rasgo distintivo de vuestros proyectos?

Hacemos investigación en el ámbito digital, junto con profesorado de otros Estudios, con la voluntad de incidir en el desarrollo de la sociedad del futuro y de aportar soluciones para afrontar los retos globales. Los investigadores están distribuidos haciendo investigación en los cinco centros de investigación de la UOC. Por ejemplo, en el Centro de Investigación en Tecnologías Éticas y Conectividad para la Humanidad (UOC-TECH), que es donde está la mayoría del profesorado de los EIMT, los proyectos son multidisciplinarios, y no solo hay perfiles científico-técnicos, sino que trabajamos conjuntamente con expertos en filosofía, pedagogía, arte, etc. Los proyectos principalmente se centran en mejorar la vida de las personas mediante la tecnología: ropa inteligente para monitorizar el azúcar en la sangre (sin pinchazos), detección de fake news o generación de algoritmos para optimizar las rutas de vehículos que tienen que entregar algún material o producto (como hicimos durante la pandemia con la recogida y la entrega de EPI en los centros de salud), entre otros.

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