1/10/26 · Economía

Oradores motivacionales en la empresa: la evidencia no avala un efecto duradero

La evidencia científica sobre las charlas motivacionales es escasa y no permite afirmar que mejoren el rendimiento a largo plazo

La profesora de la UOC Eva Rimbau propone diagnosticar primero el problema y, después, reforzar el liderazgo cotidiano y el diseño del puesto
Excited Female Entrepreneur Shares an Insightful Talk on Technology and Leadership at a Professional Business Conference. Diverse Multiethnic Guests Sitting in a Dark Auditorium

Las empresas buscan fórmulas para elevar la motivación laboral en un contexto de desafección y estrés. En España, solo un 10 % de los empleados y las empleadas está comprometido con su trabajo, frente al 12 % en el ámbito europeo y el 20 % a escala mundial, según el State of the Global Workplace 2026. Ese escenario ayuda a explicar la búsqueda de respuestas inmediatas, como las charlas motivacionales.

Eva Rimbau, profesora de los Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y experta en organización de empresas, teletrabajo y recursos humanos, aborda esta cuestión en el artículo titulado "Antes de contratar a un orador motivacional". Su punto de partida es la gestión basada en evidencias: definir el problema, buscar la mejor evidencia disponible, elegir una intervención adecuada y medir los resultados.

“Una charla motivacional funciona como unos fuegos artificiales: genera una euforia momentánea, pero pocas veces produce un cambio sostenido.”

El tamaño del negocio es difícil de precisar. Una estimación privada calculó que el mercado estadounidense de conferenciantes motivacionales facturó 1.900 millones de dólares en 2019 y proyectó 2.300 millones de dólares para 2025. En España, una estimación empresarial situó el conjunto del mercado de conferencias —no solo las motivacionales— en unos 50 millones de euros anuales, con honorarios de entre 3.000 y 6.000 euros por charla para una persona oradora experta sin notoriedad pública.

También ha crecido la inversión en bienestar. En la encuesta global de Aon e Ipsos, realizada en 46 países, el 83 % de las empresas participantes disponía de una estrategia de bienestar, 28 puntos más que en 2020, y el 43 % había aumentado la inversión. Sin embargo, gastar más no aclara qué funciona.

El malestar laboral añade presión. Según el OSH Pulse 2025 de EU-OSHA, la agencia de la Unión Europea para la seguridad y la salud en el trabajo, el 45 % de los trabajadores y las trabajadoras españoles sufrió fatiga general causada o agravada por el trabajo durante los doce meses anteriores, y el 40 % mencionó estrés, depresión o ansiedad, 8 y 11 puntos por encima de la media europea, respectivamente.

 

Una charla puede elevar el ánimo, pero no demuestra mejoras duraderas

El estudio más directo localizado por Rimbau es un cuasiexperimento publicado en 2024 con solo 25 estudiantes. Tras ver un vídeo motivacional, aumentó la satisfacción declarada de algunas necesidades psicológicas, pero se midieron estados subjetivos inmediatos, no productividad, conducta laboral ni persistencia del efecto. "Captó un momento explosivo, no una mejora sostenida del trabajo", resume Rimbau.

La conclusión no es que las charlas sean inútiles, sino que no sabemos si producen los resultados que se les atribuyen. "La ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia. Pero, cuando una industria vende a gran escala un producto cuyos resultados apenas se han medido, la carga de la prueba corresponde a quien afirma que funciona", señala. Una sesión puede servir como entretenimiento, celebración o punto de partida; presentarla como solución al bajo rendimiento requiere una demostración adicional.

Rimbau advierte, además, del riesgo de la "positividad mística": atribuir el éxito o el fracaso únicamente a la actitud individual. "Una charla motivacional funciona como unos fuegos artificiales: genera una euforia momentánea, pero rara vez produce un cambio sostenido". Cuando faltan autonomía, recursos o buenos líderes, pedirle al empleado o empleada que "sea positivo" traslada a la persona la carga de los problemas estructurales y puede generarle frustración y desafección.

Frente a ello, la comunicación cotidiana de los mandos cuenta con mayor respaldo: dar indicaciones claras, mostrar empatía y explicar el sentido de las tareas se asocia con mayor implicación, satisfacción y permanencia, aunque la evidencia es sobre todo correlacional. "La evidencia apunta a una práctica cotidiana de dirección, no a un evento", afirma.

 

Qué evaluar antes de contratar un orador y cómo medir los resultados

La primera pregunta para Recursos Humanos no es quién debe subir al escenario, sino qué problema concreto se intenta resolver. Rimbau advierte acerca del solutioneering: adoptar una solución antes de comprobar que el problema existe. Conviene examinar la rotación, el absentismo, la carga de trabajo, el clima laboral y el desempeño. Si faltan recursos, autonomía o reconocimiento, una historia de superación difícilmente corregirá esas carencias.

Después hay que fijar el propósito. Si se busca una experiencia compartida o cerrar una convención, una conferencia puede cumplir ese objetivo. Si se pretende cambiar hábitos, mejorar la cooperación o reducir el síndrome de desgaste profesional (burnout), la empresa debe exigir un mecanismo plausible, la transferencia al puesto y el seguimiento. Las experiencias de deportistas o personas aventureras pueden inspirar, pero no demuestran que el mismo método funcione en una organización.

Un estudio histórico sobre la NASA ilustra la diferencia. La meta de llevar a un hombre a la Luna no motivó automáticamente a toda la plantilla. "La visión funcionó cuando los directivos construyeron un puente explícito desde el eslogan hasta las tareas del día a día, de modo que quien montaba circuitos entendiese que, en efecto, estaba poniendo un hombre en la Luna", explica Rimbau.

Por último, hay que acordar previamente cómo se evaluará la intervención. La satisfacción al terminar mide si la charla gustó, no si el trabajo cambió. Semanas después, deben repetirse los indicadores vinculados al objetivo —conductas observables, cumplimiento de compromisos, clima, rotación o rendimiento— y, cuando sea posible, compararlos con los de otro equipo o con los del periodo anterior.

La alternativa propuesta por Rimbau consiste en formar a los mandos intermedios, revisar cargas y recursos, rediseñar puestos, escuchar a la plantilla y ofrecer desarrollo profesional continuo. "La próxima vez que sobre presupuesto para motivar a la plantilla, quizá el mejor lugar donde gastarlo no sea encima de un escenario, sino mejorando cómo se dirige el trabajo el resto del año: con claridad, sentido y trato directo. Menos espectacular que un buen orador y, probablemente, más eficaz".

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