Un estudio revela nuevas claves del último gran brote de peste de Europa
Un estudio de la UOC y la UAB publicado en la revista científica PNAS revisa la naturaleza biológica de una de las últimas grandes plagas en Europa occidental del siglo XIX, el brote de peste en Mallorca en 1820La investigación ayuda a entender mejor cómo circulaba y se transmitía la enfermedad, la evolución de los brotes y la importancia de los confinamientos
En mayo de 1820, en la zona este de la isla de Mallorca empezó un brote de peste que tradicionalmente había sido clasificado como un episodio tardío de peste bubónica. Ahora, el estudio 'The 1820 Mallorca Plague Was Not en Classic Bubonic Outbreak', publicado en la prestigiosa revista científica PNAS realizado por Joana Maria Pujadas-Mora, de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) e investigadora ICREA academia, y Pere Puig, de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y del Centro de Investigación Matemática (CRM), revisa cómo se transmitía la peste en un contexto anterior al desarrollo de la bacteriología.
La investigación recoge que, según los documentos históricos, los enfermos empeoraban muy rápidamente. Estas características contrastan con las interpretaciones anteriores, que atribuían el episodio principalmente a la peste bubónica transmitida por las picaduras de pulgas asociadas a los roedores. En este sentido, la investigadora Joana Maria Pujadas-Mora destaca: “Nuestro análisis aporta nuevas evidencias sobre el episodio de peste de Mallorca de 1820 y sugiere que las formas neumónica y septicémica podrían ayudar a explicar aquella elevada mortalidad, que alcanzó el 78%”. Además, los datos históricos descartan que las ratas actuaran como reservorio de la enfermedad y apuntan a los ectoparásitos humanos, como las pulgas y los piojos, o al contagio directo entre personas como las vías de propagación más probables en el episodio de 1820.
Según la investigación, el brote de 1820 de Mallorca llegó probablemente procedente de Tánger a través de los tripulantes de un barco, ya infectados, que desembarcaron de forma clandestina en la zona de Son Servera, en el este de la isla. El pueblo no tenía puerto y las mercancías se desembarcaban con pequeñas barcas de remo, lo que hace improbable que las ratas infectadas llegaran al suelo. Lo más probable, según el estudio, es que pulgas infectadas provenientes del barco picaran habitantes de Son Servera, que posteriormente enfermaron. Otra posibilidad es que la enfermedad llegara a través del estrecho contacto con miembros infectados de la tripulación. A partir de este primer foco, la peste podría haberse extendido rápidamente a través de ectoparásitos humanos, como pulgas o piojos, y también mediante la transmisión directa entre personas de las formas septicémica y neumónica.
La importancia del confinamiento
Sin embargo, la epidemia no se extendió de forma masiva gracias a las estrictas medidas de aislamiento que se implementaron una vez que el brote fue confirmado. Las poblaciones de Artà, Son Servera y Capdepera fueron acordonadas y también posteriormente Manacor. Estas medidas que supusieron una fuerte presencia militar y redujeron el comercio y el movimiento entre pueblos lo que demuestra la conciencia por parte de las autoridades de que la enfermedad era contagiosa.
“La investigación cuestiona las interpretaciones tradicionales sobre la desaparición de la peste en Europa occidental y destacan el papel del comportamiento humano”
En total, más de 2.400 de los 7.500 habitantes de la zona fallecieron durante este episodio que se conoce como el último gran brote de peste en la Europa del siglo XIX.
Esta investigación cuestiona las interpretaciones tradicionales sobre la desaparición de la peste en Europa occidental y destacan el papel del comportamiento humano, la movilidad y los ectoparásitos en la evolución de las epidemias.
El estudio se basa en un registro histórico diario que hasta ahora no se había examinado y que recogía de forma sistemática el número de enfermos, muertes, convalecientes y pacientes recuperados durante todo el brote. Teniendo en cuenta la experiencia vivida recientemente con la pandemia mundial, Pujadas-Mora pone en valor esta información del pasado para el presente: “Cabe destacar la importancia de disponer de datos que permitan medir y reconstruir la dinámica temporal de una epidemia. En nuestro caso, los datos de 1820 permiten analizar su evolución y son totalmente excepcionales. Esta cuestión mantiene plena vigencia en la actualidad. La disponibilidad de datos fiables y oportunos constituye un elemento esencial tanto para comprender la trayectoria de una epidemia como para fundamentar su vigilancia y toma de decisiones”.
Combinando esta documentación histórica con métodos cuantitativos avanzados, la investigación aporta nueva información sobre la naturaleza del brote y permite entender mejor cómo se desarrollaban las epidemias de peste antes de que se conocieran las bacterias responsables. Este trabajo demuestra el valor de conectar las evidencias archivísticas con la modelización matemática y estadística, para reconstruir la ecología de enfermedades pasadas y mejorar nuestra comprensión de la transmisión de patógenos en poblaciones históricas.
Artículo de referencia: Puig, P., & Pujadas-Mora, J. M. (2026). The 1820 Mallorca plague was not a classic bubonic outbreak. Proceedings of the National Academy of Sciences https://doi.org/10.1073/pnas.2536892123
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