17/7/26 · Entrevista

«Tenemos la oportunidad y la responsabilidad de generar impacto en el país y conectarlo internacionalmente»

Jennifer Samaniego, alumni del máster universitario de Ciencia de Datos

Ganadora de la primera edición de los Premios Impacto Alumni en la categoría de mejor iniciativa tecnológica, Jennifer Samaniego Franco es analista de Innovación Educativa en la Universidad Técnica Particular de Loja UTPL, responsable del Laboratorio de Realidad Extendida "XR LAB" y del Club de Realidad Virtual, y subdirectora de la Red de Aprendizaje Inmersivo RAIN Ecuador. Su labor se centra en la experimentación y la integración de tecnologías inmersivas de realidad virtual, aumentada y mixta en contextos educativos, culturales y sociales. Desde estos espacios, impulsa experiencias que transforman la forma de aprender y explorar el mundo, acercando la innovación tecnológica a más personas y comunidades.

- ¿Cómo te definirías?

Perseverante. Para mí, lo principal es buscar oportunidades, superar el miedo e intentarlo tantas veces como sea necesario. Es levantarse, aprender y seguir caminando, confiando en que cada pequeño paso también cuenta.

- ¿Hacia dónde va la innovación educativa?

Avanza hacia espacios de interacción que antes solo eran posibles de manera presencial y que ahora pueden vivirse de forma virtual, con prácticas en entornos simulados que replican la realidad. La idea es que los estudiantes puedan experimentar, equivocarse y aprender sin riesgo, para llegar a la práctica real con más seguridad, confianza y dominio. En nuestro caso, trabajamos con realidad virtual no inmersiva, porque en el país todavía hay barreras de acceso y adopción. La educación está migrando hacia experiencias más vivas, más flexibles y más centradas en el aprendizaje significativo. 

- ¿A quién ofrecéis servicios? 

Principalmente, trabajamos en el ámbito interno, dentro de la universidad. Diseñamos propuestas transversales para todas las carreras y detectamos, junto con los docentes, las necesidades formativas que tienen. A partir de ello, creamos escenarios virtuales donde los estudiantes pueden realizar sus prácticas en entornos seguros e inmersivos. Además, colaboramos con instituciones públicas y privadas mediante retos y proyectos puntuales en los que aplicamos nuestras soluciones tecnológicas para resolver necesidades reales.

- ¿Qué aporta la educación inmersiva? 

Permite crear espacios donde los estudiantes pueden capacitarse de manera segura, simular procesos reales y desarrollar tanto habilidades técnicas como habilidades blandas. Cuando combinamos metodologías activas con tecnologías inmersivas, logramos un impacto más profundo en el desarrollo de competencias, potenciando el pensamiento crítico, la toma de decisiones y la creatividad. 

- ¿Cuál es el objetivo de tu investigación?

Innovar mediante tecnologías emergentes y evaluar su impacto en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Busco integrar narrativas, gamificación y entornos inmersivos para generar experiencias que realmente transformen la forma en que aprendemos.

- ¿Cómo lo consigues? 

En el laboratorio buscamos generar innovación de forma transversal en diferentes áreas del conocimiento y que estos espacios se puedan compartir con otras instituciones en pro de la educación de la innovación. En el ámbito institucional también hacemos alianzas estratégicas para resolver necesidades y generar nuevos espacios de negocios. 

- ¿En qué punto está la tecnología de la realidad inmersiva en Ecuador? 

En Ecuador y en gran parte de Latinoamérica, la tecnología de realidad inmersiva aún está en una fase temprana. Si bien países como Brasil y México llevan la delantera, en nuestra región todavía falta madurez en infraestructura, acceso y adopción. Aun así, estamos avanzando. Formamos parte de una comunidad latinoamericana de tecnologías inmersivas desde la que trabajamos para democratizar su uso, compartir conocimientos y sumar esfuerzos. 

“"La tecnología, con propósito, puede transformar vidas y abrir caminos que antes parecían imposibles"”

- ¿Qué sensibilidad tiene el gobierno de Ecuador sobre ciencia y los avances tecnológicos? 

Desde las universidades hacemos aportaciones necesarias, pero ni tan siquiera existe una ley de realidades inmersivas. Falta muchísimo para estar como en Europa u otros países. Pero se están haciendo inversiones y esfuerzos como la creación de una zona franca tecnológica para desarrollar nuevas tecnologías e incubar empresas. Se han creado programas nacionales sobre transformación digital, y existen propuestas para unirse a aliados internacionales estratégicos como Google o Amazon. 

- ¿Has tenido la tentación de marchar de tu país para avanzar más rápido? 

Me interesa salir para aprender de otras experiencias, generar alianzas y traer ese conocimiento de vuelta a Ecuador. Creo que tenemos la oportunidad y la responsabilidad de generar impacto en el país y conectarlo internacionalmente. 

- Más allá de la cultura del entretenimiento, ¿qué usos tienen actualmente las tecnologías inmersivas? 

Sobre todo, en las áreas de educación, cultura y patrimonio. Están resurgiendo en temas de salud y terapia, donde les vemos mucho potencial. 

- ¿Qué crees que va a permitir la tecnología inmersiva en los próximos años en Ecuador? 

La idea es posicionarnos dentro de la empresa privada, ir más allá de la academia, y que la empresa privada solvente ciertas problemáticas y necesidades con el uso de la tecnología. 

- ¿La tecnología puede ayudar a reducir la brecha de género? 

Sí, absolutamente. La tecnología puede ser una herramienta poderosa para abrir oportunidades y romper barreras. Desde nuestra iniciativa STEM4Women buscamos precisamente eso: empoderar a niñas y adolescentes para que descubran su potencial en el mundo tecnológico. Realizamos talleres prácticos donde ponen a prueba su creatividad y confianza, y organizamos charlas con mujeres científicas del país para que conozcan referentes reales, cercanos y alcanzables. Además, trabajamos con chicas y chicos, porque la equidad se construye entre todos. Queremos que aprendan el valor de colaborar, de respetarse y de reconocer las fortalezas que cada persona aporta. La tecnología, con propósito, puede transformar vidas y abrir caminos que antes parecían imposibles.

- Al recibir el Premio a la Iniciativa Tecnológica de los Premios Impacto Alumni, recordaste que "los sueños no esperan a que el miedo se vaya; florecen cuando te atreves a avanzar, aunque el alma tiemble". ¿Cuáles son tus miedos y cómo consigues superarlos? 

Tiempo atrás temía proponer un proyecto o asumir un reto grande. Sentía que no estaba lo suficientemente preparada, que podía fallar o que no estaría a la altura. Ese temor a no ser "suficiente" me acompañó muchos años. Pero la vida y la experiencia me han enseñado que equivocarse también es avanzar, y que en esos errores se esconden los aprendizajes más valiosos. Hoy sigo teniendo miedos, pero ya no me detienen. Camino con ellos, no contra ellos. Confío en el proceso, en el tiempo y, sobre todo, en Dios. Mi fe es mi sostén: encuentro la fuerza y la serenidad para seguir, incluso cuando el alma tiembla un poco.

- Eres alumni UOC del máster universitario de Ciencia de Datos (Data Science). ¿Cuándo y cómo descubriste la UOC?

Descubrí la UOC cuando acababa de convertirme en madre. Estaba buscando una formación virtual que se ajustara a mi nueva realidad, pero en ese entonces los estudios de la UOC aún no estaban reconocidos en Ecuador, así que guardé ese deseo. Años después, en 2019, la UOC, en conjunto con la Organización de Estados Americanos, abrió opciones de becas. Decidí intentarlo y gané una beca. 

- ¿Cómo recuerdas la experiencia?

Estudiar allí fue una experiencia enriquecedora. La flexibilidad me permitió ser mamá, trabajar y formarme sin sentir que debía renunciar a algo. Pero lo que más me marcó fue mi director de TFM, que con su acompañamiento, tan humano y cercano, me hizo sentir que no solo estaba estudiando un máster: estaba construyendo una nueva versión de mí misma.

- Has recibido diferentes reconocimientos como líder tecnológica. ¿A ti, quién te inspiró? 

Mi mayor inspiración siempre ha sido mi madre. A los 48 años se convirtió en auxiliar de enfermería. Verla cumplir ese sueño, no exactamente el que imaginó —ella quería ser médica— pero sí el que su corazón necesitaba, me enseñó que nunca es tarde para avanzar, que la vocación puede abrirse paso incluso en medio de las dificultades y que el servicio también es una forma de amar. Esa lección marcó mi vida. También llevo muy presente a Inesita Jara, ingeniera en sistemas y una de mis profesoras. Una líder silenciosa, de esas que no necesitan levantar la voz para dejar huella. Siempre estaba atenta a sus estudiantes, empujándonos a crecer sin que nos diéramos cuenta. Y, por supuesto, muchas otras mujeres que, con su trabajo, su generosidad y su forma de abrir camino, me han impulsado a hacer lo mismo: tender la mano, crear oportunidades y demostrar que también nosotras podemos liderar con propósito.

- ¿Cómo desconectas? 

El running es mi espacio de desconexión. Me aporta bienestar, salud emocional y nuevos retos deportivos. Antes no corría nada, pero en 2023 me atropellaron y, a partir de ahí, empecé. Necesitaba un espacio de desconexión para poder conectar nuevamente. También me ayuda formarme leyendo, para encontrar el equilibrio entre la vida personal y la profesional. 

- ¿Algún descubrimiento que hayas hecho últimamente? 

Sí. En esta etapa de mi vida he empezado a mirar más hacia adentro que hacia afuera, y en ese camino me encontré con los libros de Marian Rojas Estapé. Sus palabras me han ayudado a entender mis emociones, a sanar partes que quizá no sabía que necesitaban atención y a reconciliarme con mi propio ritmo. Me invita a parar, a respirar y a recordar que también soy importante en medio de todo lo que hago. Es un aprendizaje que me está transformando: me conecta, me calma y me permite reconocer que crecer no es solo avanzar profesionalmente, sino también aprender a escucharse, a cuidarse y a abrazar la vulnerabilidad con cariño.