19/6/26 · Entrevista

«Hablar con otras mujeres emprendedoras me ayudó mucho a superar mis creencias limitantes»

Laia Arcones, Alumni de la licenciatura de Publicidad y Relaciones Públicas

Laia Arcones es especialista en liderazgo femenino, visibilidad profesional y diversidad, fundadora del Instituto Más Mujeres y UOC Alumni de la licenciatura de Publicidad y Relaciones Públicas. Es autora del libro MamaBoss (Amazon Bestseller en septiembre de 2019), creadora del Método de Visibilidad WOW y profesora en ESADE desde 2017. También ha sido reconocida como LinkedIn Top Voice en Diversidad e Igualdad desde 2024. Desde el Instituto Más Mujeres impulsa formaciones, experiencias gamificadas, programas de mentoring e iniciativas de visibilización del talento femenino para empresas e instituciones.

¿Cómo te definirías?

Soy una mujer inquieta, sobre todo en mi papel de mentora para ayudar a otras mujeres a brillar. Me gusta valorar el éxito en función del brillo de los ojos, así que me gustaría ser una abrillantadora de ojos.

¿Ves muchos ojos apagados?

Sí, en las organizaciones existe un problema de eficiencia y de motivación; suele haber mucha presión en los entornos profesionales y no se estila vivir con ilusión.

Antes de comenzar tu carrera profesional, ¿qué anhelabas?

Mi objetivo era ocupar un puesto de responsabilidad en una gran empresa, estar bien considerada y bien remunerada, pero después de trabajar durante unos años con grandes empresas me di cuenta de que ese no era mi éxito.

¿Cómo te diste cuenta de que querías otra cosa?

El punto de inflexión fue la maternidad. Cuando llevaba tres meses haciendo doble jornada —el trabajo remunerado y el de madre— me di cuenta de que un compañero de trabajo ni siquiera sabía que había vuelto. Pensé que, pese a dejarme la piel, era invisible, y era un patrón que se repetía en muchas mujeres que trabajaban mucho y muy bien, pero no lo comunicaban y nadie se enteraba. Tenía que encontrar la manera de poner en valor lo que estaba haciendo. Empecé a investigar sobre los sesgos de género y cómo afectan a las mujeres, y decidí que quería abrir camino para ayudar a otras mujeres.

¿Cuándo diste el paso?

Con el nacimiento de mi segundo hijo dejé el trabajo para emprender un camino muy alineado con mi propósito: ayudar a otras mujeres a ponerse en valor y ser más visibles.

¿Cómo nace el proyecto Más Mujeres?

Después de empezar a emprender con mi marca personal vi que aquello era mucho más grande y decidí crear la empresa para llevar a cabo acciones colaborativas que pudieran tener más impacto.

¿Por qué es tan importante crear referentes femeninos y redes de apoyo que abran camino a nuevas generaciones?

Según los últimos estudios, faltan 132 años para cerrar la brecha de género y ningún país del mundo lo ha conseguido todavía. Estamos hablando de género, pero también están vinculados otros aspectos como el concepto de familia y el modelo económico y social. Ya se ha producido un cambio de mentalidad, hay más referentes femeninos, la diversidad está más presente y las generaciones más jóvenes tienen una mirada más abierta en cuestiones de identidad de género u orientación sexual. Sin embargo, también existen grupos radicalizados y una importante polarización que potencia roles muy tradicionales.

En las empresas hay todo tipo de personas, son un reflejo de la sociedad, por eso son importantes los referentes internos, porque no puedes ser lo que no puedes ver. Es necesario que haya mujeres en las cúpulas directivas, que se anime a las mujeres a optar a puestos estratégicos y a liderar proyectos estratégicos, que existan espacios donde se escuchen sus voces y políticas que combatan los sesgos.

“«Lo más complicado de emprender es hacerlo de forma rentable y alineada con mi propósito, siendo fiel a mí misma y a mis valores»”

Hace casi seis años que decidiste emprender. ¿Te costó tomar la decisión?

Mucho. Tenía miedos e inseguridades, era un cambio importante y un camino que nunca había previsto; no formaba parte de mis planes de carrera profesional. Además, no tenía ninguna garantía de que el proyecto pudiera funcionar. Hablar con otras mujeres emprendedoras me ayudó mucho a superar mis creencias limitantes.

¿Qué ha sido lo más complicado?

Ser fiel a mí misma y a mis valores, emprender de forma rentable y alineada con mi propósito. A veces se tiende a dejar de lado el propósito en favor de la rentabilidad o viceversa.

¿Y lo más enriquecedor?

Aportar valor desde aquello que se me da bien, ayudar y sumar. La clave para que haya sido un éxito es poner lo que sé hacer al servicio de mi propósito. Trabajo con empresas sensibilizando sobre sesgos, herramientas de empoderamiento, visibilidad y autoconocimiento para impulsar el liderazgo.

Han ido apareciendo normativas a favor de la igualdad y la diversidad en las empresas, pero lo que ha perjudicado muy negativamente es el efecto Trump. En Estados Unidos se está trabajando para minimizar las acciones que promueven la inclusión, la diversidad y la igualdad, e incluso se trabaja para ir en contra de ellas. Desgraciadamente, estas iniciativas se han extendido a Europa y España, donde muchas empresas multinacionales han reducido los presupuestos que destinaban a estos ámbitos.

¿En qué punto dirías que estamos en Cataluña en lo que respecta a entornos igualitarios e inclusivos en el trabajo?

La situación es similar en Cataluña y en España. Solo el 25 % de las mujeres ocupan cargos directivos, por ejemplo. Hay mucho trabajo por hacer; el tejido de pymes funciona al límite y se centra en otros objetivos. Las grandes organizaciones, pese a disponer de planes de igualdad y programas de talento femenino, son autocomplacientes y les faltan indicadores para evaluar lo que hacen.

Además, hay una serie de sesgos que se repiten y que las mujeres reproducen, tendiendo a infravalorarse, autodescartarse para determinados puestos y no apostar por nuevas oportunidades. Al mismo tiempo, los hombres que reducen su jornada o solicitan excedencias también son señalados negativamente.

¿Cuáles son los retos actuales de las empresas para avanzar en diversidad, liderazgo inclusivo y promoción del talento femenino?

Para empezar, hay que hacer visible lo que es invisible; existen una serie de dinámicas, sesgos y barreras. Por ejemplo, en el trabajo no todas las voces tienen el mismo peso y hay que trabajar para que las mujeres dispongan de espacios donde puedan ser escuchadas y valoradas.

También es necesario implicar a las personas líderes de la empresa. La igualdad y la promoción del talento femenino deben ser una acción estratégica de la organización. Alcanzar la igualdad no es únicamente responsabilidad de recursos humanos, sino una cuestión estratégica.

Por último, hay que pasar de la sensibilización a la acción mediante medidas concretas, que los cambios sean perceptibles, medirlos e ir transformando la realidad cotidiana de las empresas.

¿Cómo explicas que todavía cueste visibilizar el talento femenino?

La visibilidad no depende únicamente del talento. A las mujeres se nos ha educado en el esfuerzo, la perfección y la discreción, haciendo que en ocasiones nos sintamos mal cuando ponemos en valor lo que hacemos, porque lo asociamos con presumir.

Hay que romper estas creencias y ser conscientes de que, si nosotras no visibilizamos nuestro trabajo, nadie lo hará. Tenemos que hacer bien nuestro trabajo y comunicarlo bien.

La visibilidad no depende solo de una habilidad individual; el entorno también tiene su parte de responsabilidad. Esa responsabilidad colectiva debe animar a las personas más introvertidas a visibilizarse y aportar.

¿La IA puede ser útil para innovar en igualdad? ¿Cómo?

La inteligencia artificial, utilizada con una mirada crítica, porque también incorpora muchos sesgos, puede ser una gran aliada para personalizar procesos, escalar acciones, ayudarnos a analizar el lenguaje que utilizamos y hacerlo más inclusivo.

La IA puede ser una herramienta útil para ayudarnos a explicar de forma clara y eficiente lo que queremos decir.

¿Todavía hay muchas mujeres con síndrome de la impostora?

El síndrome de la impostora puede trabajarse, pero es difícil eliminarlo por completo. Por una parte, puede ayudarnos a mantenernos atentas e intentar superarnos; es un impulso hacia la mejora constante. Pero también tiene una parte negativa: muchas veces hace que no actuemos, perdamos oportunidades o no aportemos valor por miedo a no estar a la altura.

Todavía veo mujeres altamente preparadas que han alcanzado muchos logros y siguen pensando que no son lo suficientemente buenas ni están legitimadas para ocupar determinados espacios. Este síndrome tiene una dimensión cultural y estructural que genera inseguridad en muchas mujeres.

No debemos culpabilizar a las mujeres por ser muy exigentes consigo mismas, porque esa autoexigencia es producto de la socialización de género con la que hemos sido educadas.

¿Qué consejos básicos pueden ayudar a superar y combatir este síndrome?

Siempre digo que es mejor tenerlo hecho que perfecto. Muchas veces, la búsqueda constante de la perfección nos impide llegar al final de los proyectos y nos hace perder eficiencia al dedicarles más tiempo del necesario.

También es muy importante poner sobre la mesa evidencias objetivas de nuestros logros. Cuando revisamos los retos que hemos superado y todo lo que hemos conseguido a lo largo de nuestra trayectoria, nos damos cuenta de que tenemos habilidades, capacidad de aprendizaje y recursos para afrontar nuevos desafíos.

Tenemos que entrenar el cerebro para que se fije en lo que ya hemos hecho y conseguido, en lugar de permitir que la voz crítica interior se convierta en un freno.

Otro factor clave es el entorno. Estar rodeadas de personas que nos recuerdan nuestro valor, nos apoyan y nos ofrecen una nueva perspectiva cuando nos hablamos de forma negativa puede marcar una gran diferencia. También es importante crear entornos profesionales en los que todo el mundo se sienta seguro, valorado y con la confianza necesaria para aportar el máximo de su talento y potencial.

¿Por qué elegiste la UOC?

Había estudiado ADE, una carrera bastante genérica, y quería algo más concreto, como Publicidad y Relaciones Públicas. Seguramente, la necesidad de seguir aprendiendo estaba relacionada con mi síndrome de la impostora.

La gran ventaja de la UOC es que te permite compaginar los estudios con el trabajo u otras actividades, y era la opción que mejor se adaptaba a mi situación en aquel momento.

¿Cómo recuerdas la experiencia?

Muy positivamente. Es un aprendizaje en diferido, diferente de una experiencia presencial, que te permite una gran autonomía. Fue perfecto para plantearme retos y llevarlos a cabo con éxito.

Además, te permite trabajar y potenciar una serie de habilidades imprescindibles cuando se estudia en un formato no presencial, como la perseverancia, la capacidad de trabajo, la organización y la priorización de tareas.

¿Cómo desconectas?

Haciendo cosas que me gustan: estar con mi familia, hacer deporte o quedar con mis amigas. También sigo formándome en aquello que me interesa, que, aunque esté vinculado con el trabajo, forma parte de mi crecimiento personal. La formación alineada con mis inquietudes es una forma de desconectar.

¿Algún descubrimiento reciente?

Islandia. Estuve allí hace unas semanas y me gustó todo: los paisajes y la cultura. Es un país referente en cuestiones de igualdad y calidad de vida; en muchos casos tienen una jornada laboral de 36 horas repartidas en cuatro días.

Descubrir nuevas culturas está alineado con mis inquietudes y fue una experiencia muy enriquecedora.