Más de un 10 % de los hombres adultos en España reconoce haber llevado a cabo alguna conducta sexual contra menores
Un estudio de la UOC y la UB diferencia la atracción sexual de las conductas de abuso y reclama una intervención temprana y confidencial antes de que se produzca el dañoLa investigación se enmarca en Prevention Global, una de las mayores iniciativas internacionales de investigación para prevenir la violencia sexual contra la infancia
El equipo investigador sugiere complementar la protección a las víctimas con estrategias que eviten que el daño llegue a producirse
Investigadores de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y de la Universidad de Barcelona han presentado hoy en CaixaForum Madrid el primer estudio de ámbito nacional que cuantifica en España la atracción sexual hacia personas menores de 16 años y las conductas de violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes a partir de las respuestas de la población general adulta masculina.
La investigación, efectuada con una muestra de 6.010 hombres adultos residentes en todo el territorio, se ha desarrollado en el marco del programa internacional Prevention Global, en colaboración con el Moore Center for the Prevention of Child Sexual Abuse de la Universidad Johns Hopkins. Prevention Global es una iniciativa de investigación impulsada por este centro y por el Institute of Mental Health Research de The Royal (Ottawa, Canadá) y constituye una de las mayores inversiones realizadas hasta la fecha en investigación sobre prevención de la violencia sexual contra la infancia.
Su objetivo es doble: conocer la magnitud real del problema en distintos países con un mismo instrumento de medición e identificar qué estrategias funcionan para evitar que el daño se produzca. La aplicación en España permite por primera vez situar los datos españoles en ese marco comparativo internacional.
La violencia sexual contra la infancia y la adolescencia es una vulneración de derechos humanos y un problema estructural de salud pública. Hasta ahora, la evidencia disponible en España procedía casi exclusivamente de datos judiciales, policiales y de estudios de victimización, es decir, de lo que ocurre cuando el daño ya se ha producido. Este estudio, en el que ha participado Pablo Romero, investigador del grupo Victimología empírica y aplicada (VICRIM), adscrito al centro UOC-DIGIT, y profesor de los Estudios de Derecho y Ciencia Política, aporta una perspectiva complementaria y poco explorada —qué proporción de la población adulta reconoce estas conductas y qué se asocia a ellas—, con un objetivo explícitamente preventivo: no se puede evitar lo que no se conoce.
“Que la mayoría de las personas que refieren atracción no haya cometido ninguna conducta de violencia sexual no rebaja la gravedad del problema”
Atracción y conducta: dos realidades relacionadas, pero no equivalentes
Una de las principales aportaciones del estudio es que mide de forma separada dos fenómenos que el debate público tiende a confundir: la atracción sexual hacia personas menores de 16 años, por un lado, y la perpetración de conductas de violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes, por otro. El estudio ha evaluado ambos de manera independiente. Un 22,2 % de los participantes declara haber sentido algún grado de atracción sexual hacia personas menores de 16 años desde que alcanzó la edad adulta. En la mayoría de los casos se trata de una atracción poco frecuente y secundaria a la atracción hacia personas adultas: un 12,3 % la sitúa en "casi nunca" y solo un 1,9 % afirma experimentarla la mayor parte del tiempo o casi siempre. La atracción exclusiva hacia personas menores de edad, sin atracción hacia personas adultas, es muy minoritaria: un 0,3 % de la muestra.
Los datos confirman que ambos fenómenos están asociados: quienes declaran sentir atracción presentan una probabilidad significativamente mayor de informar de conductas de violencia sexual, pero también se señala que esa asociación no es determinista: el 72,8 % de los hombres que declaran atracción sexual hacia personas menores de 16 años no comunica ninguna conducta de violencia sexual contra la infancia o la adolescencia.
Para el equipo investigador, esta distinción no minimiza la gravedad del problema: la hace abordable. Identifica a un grupo amplio de personas que sienten atracción y no han cometido conductas de violencia sexual contra niñas, niños o adolescentes, lo que representa una oportunidad de intervención temprana antes de que exista una víctima. "Que la mayoría de las personas que refieren atracción no haya cometido ninguna conducta de violencia sexual no rebaja la gravedad del problema: nos dice dónde y cuándo podemos intervenir. Ofrecer ayuda temprana y confidencial es una medida de protección de la infancia", señala Romero, codirector del estudio.
Las cifras de conducta
Un 10,2 % de los participantes reconoce haber llevado a cabo, al menos una vez en su vida, alguna conducta de violencia sexual que implicara a personas menores de 18 años. Cuando el análisis se restringe a niñas, niños y adolescentes menores de 15 años, la prevalencia es del 2,8 %, y del 1,7 % cuando se refiere a menores de 12 años. Un 3,4 % de la muestra reconoce alguna de estas conductas en los últimos doce meses.
Estas cifras no son tasas de delitos ni de condenas. El estudio recoge conductas autoinformadas con y sin interacción corporal, en el entorno físico y en el digital, e incluye los casos con adolescentes de 16 y 17 años únicamente cuando existe una diferencia de al menos diez años con la persona que responde, de modo que quedan fuera las relaciones sexuales consentidas entre personas de edad similar, aunque una de ellas sea menor de edad. Al tratarse de conductas muy estigmatizadas, es esperable que estén infrarreportadas: las estimaciones deben leerse como conservadoras.
El entorno digital: menos frecuente, pero más persistente
A lo largo de la vida, las conductas de violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes fuera de internet son más frecuentes (9,7 %) que las que se producen en el entorno digital (4,2 %), un dato que matiza el relato público que sitúa las pantallas como escenario principal de esta violencia. La continuidad reciente, en cambio, es mucho mayor en el ámbito digital: más de la mitad (56,0 %) de quienes reconocen alguna conducta en línea de violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes a lo largo de su vida también informan de que se produjo en los últimos doce meses, frente al 27,0 % en el entorno físico. Además, la proporción de niñas y niños de menor edad es algo más alta en las conductas en línea. El entorno digital, concluye el estudio, debe ocupar un lugar central en las estrategias preventivas.
De la prevalencia a la prevención
El estudio muestra que el riesgo no responde a una sola causa, sino a la combinación de la historia de vida, el estado psicológico y el comportamiento de cada persona. A partir de ahí, el equipo investigador plantea cuatro líneas de actuación:
Información y sensibilización. Explicar con rigor que atracción y conducta no son equivalentes y transmitir un mensaje inequívoco: sentir atracción no justifica ninguna conducta de violencia sexual.
Prevención y ayuda temprana. Recursos confidenciales de orientación para personas que sienten atracción hacia niñas, niños o adolescentes y que no han cometido conductas de violencia sexual contra estos colectivos, con programas especializados y vías de derivación profesional.
Formación profesional. Capacitación de profesionales de la salud mental, la educación, los servicios sociales, la justicia y la protección de la infancia para detectar señales de riesgo, orientar y derivar.
Investigación y políticas públicas. Estudios nacionales periódicos que permitan diseñar y evaluar políticas basadas en datos.
Experiencias internacionales como el proyecto alemán Dunkelfeld muestran que es viable ofrecer apoyo confidencial a personas que no han causado daño y quieren evitarlo; en España, el acceso a recursos especializados de prevención sigue siendo limitado.
Este estudio se enmarca dentro de la misión de investigación Transición digital y sostenibilidad de la UOC y favorece los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) de la ONU, especialmente el número 5, sobre igualdad de género; el número 10, sobre reducción de las desigualdades, y el número 16, sobre paz, justicia e instituciones sólidas.
Investigación con impacto y vocación transformadora
En la UOC entendemos la investigación como una herramienta estratégica para avanzar hacia una sociedad de futuro más crítica, responsable e inconformista. Desde esta visión, desarrollamos una investigación aplicada, interdisciplinaria y conectada con los grandes retos sociales, tecnológicos y educativos.
Los más de 500 investigadores e investigadoras y los más de 50 grupos de investigación de la UOC trabajan alrededor de cinco centros de investigación centrados en cinco misiones: educación a lo largo de la vida, tecnología ética y humana, transición digital y sostenibilidad, cultura para una sociedad crítica, y salud digital y bienestar planetario.
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Más información: https://www.uoc.edu/es/investigacion
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