27/10/26 · Entrevista

«He tenido la suerte de encontrar un contexto alineado con mis valores, que me pone más fácil ser como quiero ser»

Lluís Moregó, alumni UOC de Psicología.

Lluís Moregó, psicoterapeuta y consultor de recursos humanos, es alumni UOC de Psicología. Vive con su pareja y su hijo pequeño en El Juego, una comunidad internacional y autogestionada en Colombia que visitan personas de todo el mundo, buscando un cambio relevante tanto en el ámbito personal como profesional.

- ¿Cómo te definirías? 

Soy un culo inquieto, siempre me ha costado decidirme por una cosa o por otra. Me gusta conocer diferentes mundos y perspectivas. De hecho, empecé con un doble grado de Economía y Derecho en la UPF, y después cursé Psicología en la UOC. 

- ¿A qué te dedicas profesionalmente? 

Trabajo en remoto para diferentes empresas catalanas como consultor de recursos humanos y selección. También soy copropietario de El Juego, una comunidad internacional en Colombia donde acompañamos procesos de cambio individuales y colectivos desde una perspectiva terapéutica.

- En parte, has replicado el modelo de la UOC en tu vida: trabajas en remoto. 

Sí, la UOC me permitió estudiar en paralelo el doble grado de Economía y Derecho, que cursaba presencialmente, y Psicología en la UOC, que me ofreció unos contenidos que me entusiasmaron. Vi claro desde un principio que la psicología era mi vocación. Estoy contento porque la UOC me permitió estudiar otra carrera de forma sencilla, sin tener que hacer cambios de expedientes ni trámites complicados. 

- ¿Cómo surgió la posibilidad de vivir en una comunidad internacional autogestionada? 

Aprovechando que necesitaba cogerme unos meses sabáticos como consultor de recursos humanos, decidí ir a Colombia. La amiga de una amiga estaba en El Juego y me propuso que me pasara. La idea era estar un mes y ya llevo cinco años. Me gustó mucho, pasé de participar como cliente a vincularme personal y profesionalmente. 

- ¿Qué hizo que te quedaras? 

Me enamoré de un grupo de personas y de la manera de relacionarse y ver la vida que tienen aquí, que me fascinó.

- ¿Lo viste claro desde el principio? 

Fue gradual. No me había planteado nunca vivir en comunidad, ni siquiera sabía que existían experiencias como esta. El 80 % de los proyectos comunitarios se disgregan antes de cumplir los ocho años, a menudo por conflictos entre las personas que forman el grupo. 

- Vosotros hace diez años que existís. ¿Cuál es el secreto? 

La metodología que nos mantiene saludables como grupo es la misma que nos paga las facturas a final de mes. Nos dedicamos a organizar experiencias para aprovechar los conflictos que se forman dentro de un grupo como motor de crecimiento individual y colectivo. De esto vivimos. Y esto también es lo que nos mantiene unidos como comunidad. 

“"Estructurarnos como comunidad nos permite experimentar diferentes aristas de la existencia y crear esta experiencia sociológica, a la vez que experimentamos alternativas a nivel social, relacional y convivencial para ser más libres"”

- ¿A qué se debe? 

Aquí son tan importantes mis necesidades individuales como las del grupo. Los valores de amor y libertad nos han acompañado desde el principio, y una cultura de poner lo que es incómodo sobre la mesa. Hemos experimentado con diferentes normas de convivencia, desde calendarizarlo todo hasta dejar que sea más orgánico y que cada cual haga lo que quiera. Estructurarnos como comunidad nos permite experimentar diferentes aristas de la existencia y crear esta experiencia sociológica en la que una persona puede venir y convivir con nosotros, a la vez que experimentamos alternativas a nivel social, relacional y convivencial para ser más libres. 

- ¿Qué fue determinante para quedarte? 

Creer en lo que hacemos. Cuando llevaba un tiempo aquí decidí formalizar el proyecto como copropietario. Somos propietarios de una reserva natural de 140 hectáreas con cascadas, ríos que nacen dentro de nuestra tierra, bosques andinos… También sacamos adelante proyectos de reforestación para recuperar parte del territorio que durante muchos años se utilizó para agricultura extensiva. Es gracias a eso que nos hemos convertido en reserva natural.

- ¿Cuántos copropietarios sois? 

Somos veinticinco adultos, y ahora que algunos hemos sido padres, también hay diez criaturas. Los fundadores del proyecto eran una decena de personas de nacionalidades diferentes: de Colombia, Argentina, Francia, España, Portugal, Inglaterra o Alemania; sobre todo europeos, latinoamericanos y alguna persona de Norteamérica. 

- ¿Qué te decían tu familia y tus amigos? 

Al principio se preocuparon, me preguntaban dónde me había metido, pero este miedo fue desapareciendo con el tiempo, a medida que iban hablando conmigo y viendo que seguía siendo el mismo de siempre, que había encontrado un proyecto que me apasionaba y me hacía feliz. También hay amigos que han venido a visitarme. Han ido entendiendo que hay muchas cosas que tienen sentido.

- ¿Ahora todo el mundo está tranquilo? 

Sí. Además, han visto que convivo con gente maja, que hemos creado un modelo de vida y de negocio alternativo que sustenta a cuarenta personas. Aquí vivo con mi pareja y mi hijo, que tiene casi dos años. Somos propietarios de una reserva natural, y con procesos de bioconstrucción hemos reconstruido las viejas casas encontradas en el territorio, y también algunas nuevas. Los miedos se han ido disipando, ya entienden que viviendo así soy feliz y se alegran. Algunos amigos vienen uno o dos meses al año de visita.

- ¿Hasta cuándo te imaginas aquí?

Con una opción de vida como esta, y con este grupo de personas en concreto, me veo para siempre. En Colombia no lo tengo tan claro. Estamos en el camino de profesionalizarnos como comunidad. Nos gustaría tener diferentes sedes y estaría bien que una fuera en el norte de España; pensamos en Asturias. Me cuesta replantearme vivir la vida en una ciudad o en una casita de pueblo sin hacerlo en comunidad. Considero muy saludable convivir con los valores de El Juego, me estimulan mucho. 

- Entonces, ¿es más sencillo de lo que podría parecer de entrada? 

Cuando hay un conflicto o aparece una tensión, lo dices y lo aprovechas como una oportunidad para crecer y descubrir qué nos pasa. En lugar de intentar evitar o relativizar los conflictos, los aprovechas como motor de crecimiento. Así es una fuente de aprendizaje muy estimulante. 

- ¿Vivís con comodidades? 

Estamos en un bosque andino; no es la jungla, pero tenemos a una hora y pico el pueblo más próximo. En la zona tenemos vecinos que cultivan café y panela, yuca, judías… La mayoría se dedican a la agricultura, a la ganadería, o a ambas. Nosotros convivimos en diferentes casas, algunas compartidas, y también hay alguna casa familiar, a pesar de que todo el mundo hace mucha vida en común. 

- ¿Cómo os conectáis con el resto del mundo? 

Cuando llegué no había internet, ahora sí (si no, no podría trabajar en remoto). Tenemos agua caliente, horno, cocina de gas y electricidad. Es una vida rústica, en el sentido de que sales de casa y estás en medio del bosque. Eso sí, con unas vistas espectaculares. Pero hay que gestionar compras semanales para unas cincuenta personas, que no es sencillo. Nos organizamos: dos personas bajan al pueblo con la lista de la compra para cada casa. Alquilamos un camión que deja la compra en la entrada del territorio y después con mulas y la ayuda de los vecinos llevamos el pedido hasta cada casa. 

- ¿Echas algo de menos? 

Sí, claro, la familia, los amigos y la comida: como en Cataluña no se come en ninguna parte. Nuestro hijo está a diez horas de avión de los abuelos y nos gustaría estar más cerca. Me cuesta imaginarme la vida aquí para siempre por eso, pero tengo claro que ahora mismo nos compensa. 

- ¿Te has replanteado tu vida profesional? 

Después de un paréntesis de dos años, empecé a añorar el mundo de la empresa y comencé a colaborar en remoto. Tengo la suerte de que la vida en la comunidad me permite una profundidad y un contacto emocional que no es accesible en el mundo de la empresa. Pero en el contexto corporativo, en cambio, tengo otro tipo de estímulo intelectual, un desafío cognitivo que tiene un color diferente. Me gustan cosas de los dos mundos, he conseguido encontrar este equilibrio. 

- ¿Cómo desconectas? 

Yendo con mi hijo y mi mujer a un río que tenemos a diez minutos de casa y donde no hay nadie. Cuando me baño en este río, que nace dentro de la tierra, y estamos los tres, siento que esto es mi casa; me emociono solo de pensarlo. No tengo ningún bar a menos de dos horas y media, pero cada día puedo ver monos titís y tucanes, o ir a dar una vuelta a caballo. 

- ¿Lo que hacías antes es muy diferente a lo que haces ahora? 

Creo que en nuestro día a día el contexto en el que vivimos condiciona cómo actuamos. A mí el contexto de la naturaleza y vivir en la comunidad de El Juego me invita a conectar con otras personas profundamente. Me gusta que en la crianza de mi hijo intervengan otros adultos, y que pueda aprender de todos ellos. He tenido la suerte de encontrar un contexto alineado con mis valores, que me pone más fácil ser como quiero ser. 

- ¿Algún descubrimiento que hayas hecho últimamente? 

Lo primero que me viene a la cabeza es que en el último año y medio mi mujer y yo fuimos padres y poco después nos casamos. Me he dado cuenta de la importancia de celebrar la pareja más allá de la familia, la relación romántica más allá de la parental. Creo que, para que los hijos sean felices, ayuda que los padres lo sean en su relación de pareja.